|
|||||||||||||||||||||
5-03-2003 Testigo ocular: impresiones sobre Bagdad hoy El delegado de prensa del CICR en Bagdad, Roland Huguenin, traza un panorama de la ciudad, que mantiene su ritmo y costumbres, a pesar de las tensiones omnipresentes. El sonido es distante pero persistente, un chirrido que agudiza los nervios. Me pregunto qué puede estar causando este ruido levemente molesto hoy, en la importante fiesta musulmana de Eid el Adha. En este día religioso, las familias acostumbran reunirse para llevar a cabo el rito de compartir con los menos afortunados la carne de un cordero sacrificado. En este día también, los niños suelen recibir ropas nuevas y jugar al aire libre. Ah, sí, ahora lo recuerdo: los mismos sonidos pueden oírse en el feriado Eid el Fitr, al finalizar el Ramadán: los niños intentan jugar en las hamacas oxidadas y tiovivos tambaleantes en la tierra de nadie que antes era un parque, en un barrio residencial cercano al mercado. Estos chicos son demasiado jóvenes para haber visto días mejores, cuando el parque se conservaba prolijo y limpio; y son demasiado pobres para echar un vistazo, aunque más no sea, a los parques de diversiones donde hoy juegan los hijos de los más pudientes. Pero están bastante contentos, rebosan de energía, y sus risas acompañan el ritmo de las hamacas. Vendedores callejeros Mientras manejo hacia el centro de la ciudad para reunirme con uno de los cientos de reporteros extranjeros que actualmente se han establecido en Bagdad, veo que los vendedores callejeros han desplegado su mercadería sobre la calzada, transformada en un mercado de pulgas permanente. Esta escena no es nueva para mí, pero hoy me llama particularmente la atención, porque es el primer día de esta importante fiesta musulmana, en que normalmente la gente se quedaría en casa con la familia. Pero luego me pregunto cómo podría reinar un espíritu festivo en esta ciudad, la más comentada del mundo, que ha estado por meses en los titulares de los periódicos, mientras se sigue debatiendo si el mundo debería hacer la guerra allí o no. Me siento incómodo al intercambiar los saludos tradicionales con personas cuya principal preocupación ahora es su supervivencia, en caso de que realmente se desencadene una guerra. Esperar lo mejor La gente en Irak tiene recuerdos muy vívidos de los bombardeos de las centrales eléctricas y la consecuente interrupción del suministro de agua en 1991. Si bien ahora hay generadores que funcionan con nafta en las estaciones de tratamiento de agua, todavía existen graves razones para preocuparse por la suerte que correría la población civil. Mis colegas del CICR en la región han llevado alimentos y otros elementos de asistencia a depósitos en países vecinos, para responder a una posible emergencia en cualquier parte de Irak. También hemos evaluado el nivel de atención médica aquí y traído botiquines de primeros auxilios, así como material quirúrgico y médico; si lo peor sucede, los hospitales podrían disponer de ellos para atender a los heridos de guerra. Durante semanas, todos nos hemos mantenido ocupados preparándonos para lo peor mientras esperamos lo mejor. Siento que tengo poco para decir a quienes se preguntan cómo harán para dar alimentos a sus hijos o medicamentos a los padres enfermos, si el conflicto comienza. Sin embargo, a pesar de mis temores, el portero del hotel responde afectuosamente, y su rostro se ilumina cuando realmente le deseo Kul Aam wa Antom bi-Kheir , que significaría algo así como: Le auguro muchas felicidades o Nos vemos el año que viene. A pesar –o tal vez por causa– de las tensiones, un espíritu de amabilidad se deja sentir en Bagdad. Bagdad, 11 de febrero de 2003 |