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Comité Internacional de la Cruz Roja
22-08-2008  Reportaje  
Perú: desenterrar la verdad
El 2 de noviembre de 1991, los habitantes de Santo Tomás de Pata, un pequeño pueblo de la zona rural del departamento de Huancavelica, fueron atacados luego de las tradicionales celebraciones del Día de los Muertos. 37 personas, hombres, mujeres y niños, murieron. Los sobrevivientes los enterraron, sin identificarlos. Debieron esperar 17 años para completar el duelo y darles una sepultura digna.

El conflicto armado que vivió Perú a fines de la década del 80 y principios de la década del 90, en el que se enfrentaron Sendero Luminoso y las fuerzas gubernamentales, tuvo graves consecuencias para las poblaciones campesinas de la provincia de Angaraes, en el departamento de Huancavelica. Sospechosas de colaborar con una u otra parte, resultaron muchas veces víctimas directas de la violencia indiscriminada.

El Día de los Muertos es una celebración tradicional ampliamente difundida en toda Latinoamérica. En 1991, los pobladores de Santo Tomás de Pata, provincia de Angaraes, Huancavelica, se habían reunido en el cementerio local para recordar a sus antepasados, de acuerdo con la costumbre. Al abandonar el cementerio, fueron atacados por miembros de un grupo armado. Según datos del Instituto de Medicina Legal (IML) de Perú, 37 personas, entre hombres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos, fueron asesinadas.

Los sobrevivientes se ocultaron en los cerros. Luego de que el peligro pasó, retornaron al lugar para recuperar los cadáveres y enterrarlos. Los cuerpos fueron colocados en tres fosas clandestinas. No fueron identificados, ni se siguió ningún protocolo, debido al temor de que las partes enfrentadas se ensañaran con los cuerpos.

Luego de una larga espera la Fiscalía Supraprovincial Penal de Huancavelica dispuso la investigación de las muertes ocurridas en la región entre 1984 y 1991. En el marco de esta investigación, fueron exhumados los restos de las 37 personas asesinadas el Día de los Muertos de 1991.

17 años después de los sucesos, el 8 de agosto de 2008, los restos fueron restituidos a los familiares, quienes los velaron en la Catedral de Huamanga, Ayacucho, de acuerdo con sus costumbres. "Ahora sí, las almas podrán descansar, así como nosotros, que no hemos tenido ni un día de descanso", afirmó uno de los familiares.

La entrega de los cuerpos se realizó en el laboratorio del Instituto de Medicina Legal (IML) en Ayacucho y estuvo a cargo del Ministerio Público. Varias organizaciones colaboraron para que la entrega sea hecha de manera digna: El Comité Internacional de la Cruz Roja contribuyó para el traslado de los familiares desde su comunidad hasta Huamanga; la Defensoría del Pueblo otorgó los ataúdes; la Municipalidad distrital de Santo Tomás de Pata facilitó el trasporte de los féretros y el personal de la Red de Salud del MINSA brindó acompañamiento emocional.

La mayoría de los familiares que asistieron a la restitución fueron mujeres, que habían debido sobrellevar solas el peso de sacar adelante a sus familias. En agosto de 2008, además, llevaron en los hombros los féretros de sus seres queridos hasta su lugar de sepultura definitiva en Santo Tomás de Pata.

©CICR/José Atauje
Ayacucho, entrada del laboratorio del Instituto de Medicina Legal, agosto de 2008. Familiares de personas asesinadas en 1991 esperan recibir los restos de sus seres queridos.
©CICR/José Atauje
Catedral de Ayacucho. Los familiares velan los restos de sus seres queridos.

©CICR/José Atauje
Santo Tomás de Pata. El cortejo llega al cementerio.
©CICR/José Atauje
Santo Tomás de Pata. Los familiares realizan las exequias.


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Sección: En el mundo > América > Perú
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