Las personas desaparecidas

31-12-2002 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Sophie Martin

  Introducción a la problemática de las personas desaparecidas en relación con las normas internacionales aplicables en situaciones de conflicto armado. Además, se presentan, en líneas generales, los medios empleados para hacer frente al problema y para responder a las necesidades de las personas que han perdido contacto con sus familiares.  

Por lo general, los familiares de personas fallecidas pueden llorar la muerte de sus seres queridos; muchas familias afectadas por conflictos armados o por situaciones de violencia interna, en cambio, deben enfrentarse con la dura realidad de desconocer la suerte que ha corrido algún familiar. En todo el mundo, padres, cónyuges e hijos tratan desesperadamente de encontrar a sus familiares desparecidos. Siguen embargados por la ansiedad años después de que las hostilidades han terminado y reina de nuevo la paz. Muchos son incapaces de adaptarse a la situación o de iniciar el proceso de recuperación, e infunden en las generaciones siguientes sentimientos de injusticia y rencor que socavan las relaciones entre grupos y naciones, incluso decenios después de los acontecimientos.

En casi todas las situaciones de conflicto armado o de violencia interna, hay personas que desaparecen, por razones diversas. En la mayoría de los casos desaparecen como consecuencia de violaciones del derecho internacional humanitario o de los derechos humanos. Pero, una causa importante de la separación y la desaparición tanto de soldados como de civiles son los peligros inherentes a las guerras.

  Los desaparecidos en acción...  

 
En los siglos pasados, los soldados solían ser considerados como " carne de cañón " y su desaparición o muerte pasaba prácticamente inadvertida por sus ejércitos. A mediados del siglo XIX, durante la guerra civil norteamericana se adoptaron modalidades que permitían la identificación individual de las personas fallecidas o desaparecidas. Cada soldado recibía una placa de identidad, donde se indicaba su nombre, compañía, regimiento, división y cuerpo de milicia. La utilización de esas placas se generalizó y normalizó tras la Primera Guerra Mundial, en ocasión de la Conferencia Internacional de la Cruz Roja en 1925. Fueron éstos los primeros pasos que se dieron para evitar que los soldados " desaparecidos en acción " . Sin embargo, la desaparición no ha dejado de ser un problema importante en los conflictos y hostilidades recientes y contemporáneos; por ejemplo, a raíz de los conflictos entre Armenia, Azerbaiyán y Alto Karabaj, así como entre Etiopía y Eritrea, miles de familias desconocen la suerte que han corrido sus parientes. 

  ...y las personas civiles desaparecidas  

 
La desaparición, durante la Segunda Guerra Mundial, de cientos de miles de civiles en diversos campamentos, y de un considerable número de mujeres, niños y ancianos tras los intensos ataques aéreos, puso de manifiesto que el problema de las personas civiles desaparecidas es mucho mayor que el de los soldados " desparecidos en acción " . Las tumbas a los soldados desconocidos simbolizan el reconocimiento de las naciones a sus héroes. Pero las largas listas de personas desaparecidas en recientes conflictos y situaciones de conmoción política muestran que, en la mayoría de los casos, se trata de civiles separados de sus familiares a causa de la guerra, desaparecidos durante su detención o asesinados en matanzas masivas y arrojados a fosas comune s. En todo el mundo, se han publicado fotografías de niños no acompañados, que quedaron separados de sus familiares mientras huían de zonas de combate o de violencia, y que buscan a un pariente.

Las " personas desaparecidas " son aquellas de las que los familiares no tienen noticias como consecuencia de un conflicto armado o de una situación de violencia interna. Esta definición, más bien formal, no trasluce el hecho de que las familias tratan desesperadamente de dar con el paradero de sus parientes, sin saber si éstos están vivos o muertos y sin poder dar por concluidos los acontecimientos violentos que han trastornado sus vidas. La primera pregunta que pasa por la mente en relación con una persona desaparecida es si está viva o muerta.

  El derecho a saber la suerte que ha corrido un familiar  

 
El temor de que se confirme la muerte de un ser querido se contrapone a la profunda ansiedad de recibir una noticia que ponga fin a la incertidumbre. Si la persona está viva, es probable que esté en un centro de detención o que se interpongan entre ella y sus familiares las líneas de frente o una frontera. Si las partes contendientes respetan la obligación de dar a las familias la posibilidad de intercambiar noticias y de reunirse de nuevo, los problemas que derivan de la frecuente interrupción de las líneas de comunicación y los grandes movimientos de población en tiempo de conflicto armado pueden superarse poniendo a disposición un servicio de restablecimiento del contacto entre familiares, probablemente por intermedio de la Agencia Central de Búsquedas del CICR. 

La finalidad de las normas internacionales vigentes es evitar que las personas desaparezcan y preceptuar las medidas necesarias para dar con el paradero de las personas desaparecidas. Si se notifican debidamente las capturas, los arrestos o las detenciones, se respeta el derecho de las personas detenidas o separadas a intercambiar correspondencia con sus familiares y las autoridades cumplen la obligación de responder a los pedidos de información sobre personas desaparecidas, la falta de noticias acerca de las personas detenidas puede ser una situación sólo pasajera. El acceso sin tardanza del CICR a los prisioneros de guerra y a las personas privadas de libertad en situaciones de conflicto armado o de violencia interna contribuye en gran medida a la protección de estas personas y ayuda a disipar la incertidumbre de las familias que buscan desesperadamente a sus parientes.

Los casos de soldados cuyos datos no figuraban en registro alguno que fueron repatriados casi veinte años después de su captura y más de una década después del término de las hostilidades, por una parte, y las familias que se reunieron con los parientes de los que habían estado sin noticias durante más de treinta años, por otra, demuestran que la desaparición de una persona no implica, necesariamente, que ésta haya fallecido. Por lo demás, como puede ilustrarse con la reciente situación en Angola, la guerra entre Irak e Irán en los años 1980 o las hostilidades entre Marruecos y el Sáhara occidental, el desconocimiento de la suerte que ha corrido un familiar suele persistir durante todo un conflicto.

  Respeto por las personas fallecidas y sus familiares  

 
Lamentablemente, en recientes situaciones de violencia interna y de conflicto armado, las autoridades o los contendientes han mostrado escasa preocupación o respeto por las personas fallecidas y sus familiares, y rara vez han conservado pruebas que confirmen la muerte de esas personas. Los cuerpos de las víctimas son abandonados o enterrados en fosas comunes. A veces, incl uso, cuando se pretende eludir responsabilidades por crímenes cometidos, los cuerpos son destruidos porque pueden evidenciar la comisión de ejecuciones extrajudiciales.

Así pues, ocurre con frecuencia que no se informe a las familias de la muerte de un pariente, y que las organizaciones humanitarias que prestan servicios tras un conflicto armado o una situación de violencia interna se vean confrontadas a casos de descubrimiento de cadáveres y de fosas. Hay que superar las tensiones entre la necesidad de información que experimentan los familiares y los requisitos de los procedimientos judiciales. Las organizaciones humanitarias y los equipos de investigación deben complementar mejor sus tareas y aprender a comunicar debidamente las malas noticias a los familiares.

Cuando, a pesar de todas las gestiones realizadas, resulta imposible elucidar la suerte que ha corrido una persona, se debe dar a los familiares, por su propio bien y el de las comunidades, la posibilidad de honrar dignamente la memoria de la persona desaparecida.

  Las expectativas del CICR  

 
Durante muchos años el CICR se ha esforzado por evitar las desapariciones, restablecer, en caso necesario, los contactos entre familiares y elucidar la suerte que han corrido personas dadas por desaparecidas. Sin embargo, en muchos contextos no ha podido desempeñar su cometido a causa de la escasa voluntad política de las partes a las que incumbe tomar medidas o, simplemente, a causa de la confusión general y la conmoción reinantes en sociedades afectadas por conflictos armados o por violencia interna. Otras organizaciones internacionales, gubernamentales y no gubernamentales, han tropezado con dificultades similares.

Teniendo en cuenta, en particular, la tragedia que viven los familiares, la envergadura del fenómeno, la in stauración de tribunales internacionales y los adelantos científicos en lo que concierne a la identificación de restos humanos, esta situación ha incitado al CICR a examinar, en el plano interno y en colaboración con todos los actores interesados –Gobiernos, organizaciones nacionales e internacionales, gubernamentales y no gubernamentales, así como expertos en varios ámbitos de actividades– todos los métodos que pueden emplearse para evitar las desapariciones durante los conflictos armados o las situaciones de violencia interna, responder de manera más eficaz a las necesidades de las personas que han perdido contacto con sus familiares, formular recomendaciones y elaborar prácticas operacionales comunes y complementarias.

  Sophie Martin es directora del Proyecto "The Missing" en la sede del CICR.  



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