Siria: el CICR, decidido a mejorar la vida de las personas afectadas por el conflicto

15-01-2014 Declaración

Alocución de Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Segunda Conferencia Internacional sobre promesas de contribuciones con fines humanitarios para Siria, Kuwait, 15 de enero de 2014.

La Conferencia tiene por objeto recaudar fondos a nivel internacional para proveer asistencia humanitaria básica a millones de sirios, tanto en Siria como en los países vecinos.


 

Excelentísimos señores y señoras:

Un año atrás, cuando Kuwait fue anfitrión de la primera Conferencia Internacional sobre promesas de contribuciones con fines humanitarios para Siria, el conflicto armado ya estaba causando consecuencias catastróficas para las personas en el país y más allá de sus fronteras. Hoy, la situación humanitaria es aún peor y no cesa de deteriorarse.

Tras haber visitado Siria por segunda vez en poco más de un año y haberme reunido con las familias desplazadas en Sehnaya, en Damasco Rural, sigue siendo difícil encontrar las palabras que transmitan adecuadamente la magnitud y la profundidad de los sufrimientos de la población. La violencia extrema ha afectado en forma directa o indirecta a casi todos los sirios y cada familia tiene una historia desgarradora que contar. La tragedia humana desencadenada  por la violencia es un hecho indiscutible.

Mientras siga sin encontrarse una solución política al conflicto, hay escasas perspectivas de que los sufrimientos lleguen a su fin; si las partes en el conflicto y quienes las respaldan no asumen el compromiso auténtico de poner fin a los enfrentamientos, se halla en juego el futuro de la población entera. Sin embargo, la misión de las organizaciones humanitarias como el CICR es aliviar las consecuencias del conflicto armado y no cuestionar sus causas;  pero, en Siria, resulta cada vez más difícil cumplir esta misión.

El conflicto sirio y sus complejas características son emblemáticos de algunos de los principales problemas que afrontan las organizaciones humanitarias en la actualidad. La desembozada politización de la asistencia es tan sólo uno de estos problemas, que acentúa la necesidad de distinguir claramente y separar la acción humanitaria basada en principios de las meras operaciones de socorro. Otro de los problemas es la creciente brecha entre las necesidades humanitarias y la capacidad de proveer una respuesta eficaz, como lo es asimismo la distancia entre las promesas y las acciones concretas sobre el terreno, cuyo corolario es la decreciente proximidad de muchos actores humanitarios a las poblaciones a las que dicen ayudar.

Esta situación es motivada, en parte, por las limitaciones en materia de seguridad. El CICR y su asociado principal, la Media Luna Roja Árabe Siria (MLRAS), ciertamente no son inmunes a ellas. Sólo la semana pasada, Hekmat Mohamad Kerbaj fue el trigésimo cuarto voluntario de la MLRAS en perder la vida durante el desempeño de su trabajo desde el inicio del conflicto.

La complejidad del entorno se acrecienta debido al elevado número de grupos armados, algunos de los cuales no necesariamente respetan ni aceptan la acción humanitaria. En algunos casos, lo mismo cabe afirmar de las partes de todos los bandos que participan en el conflicto, sobre todo en las zonas sitiadas. Los obstáculos administrativos, las restricciones y las demoras representan otra dificultad.

Todos estos retos se subsumen en la cuestión que, para el CICR, es la más apremiante en Siria: la de obtener un mayor acceso humanitario a las personas directamente afectadas por el conflicto. Sin menoscabar los avances palpables logrados en algunos ámbitos, es mucho lo que queda por hacer.

Por una parte, durante el año pasado el CICR logró ampliar el alcance de sus operaciones en el país, abriendo una base logística en Tartus y estableciendo una presencia permanente en Alepo. El desarrollo de nuestro programa de agua y saneamiento ha sido particularmente satisfactorio y ahora beneficia a millones de personas en todo el país. Por otra parte, habida cuenta del constante deterioro de la infraestructura, es necesario que intensifiquemos estas actividades y querríamos, en el mejor de los casos, duplicar nuestro presupuesto.

Aunque el CICR, en cooperación con la MLRAS, proporcionó alimentos para más de 3,5 millones de personas en 2013 y asistencia no alimentaria a por lo menos un millón, esta ayuda distó de ser suficiente. Es necesario poder acceder a más lugares, incluidas las zonas sitiadas y las áreas controladas por la oposición.

Una de nuestras principales preocupaciones ahora es asegurar que los enfermos y heridos reciban la atención médica imparcial que necesitan con urgencia, sin importar dónde se encuentren. Se ha de facilitar, de manera imparcial, el suministro irrestricto de insumos médicos a todas las zonas. El hecho de que hasta ahora esto se haya denegado representa un obstáculo importante a toda mejora significativa de la situación humanitaria.

Otra prioridad del CICR es obtener acceso a todos los lugares de detención en Siria administrados por las partes en el conflicto y visitar a los detenidos de conformidad con su modalidad de trabajo habitual. Actualmente, decenas de miles de personas se encuentran detenidas en relación con el conflicto, sin poder comunicarse con sus familiares y sin que haya una evaluación independiente de sus condiciones de detención y del trato que reciben.

Al igual que cuando abordamos otras cuestiones que preocupan al CICR, mis recientes diálogos con las autoridades en Damasco fueron tranquilizadores. Sin embargo, ya es hora de que las palabras y las promesas se traduzcan en una realidad significativa sobre el terreno.

Para el CICR, que trabaja en estrecha colaboración con la MLRAS, las dificultades que afrontamos en Siria como mínimo reafirman la importancia y el valor de un enfoque humanitario neutral, independiente e imparcial. En otras palabras, un enfoque basado en las necesidades, que permite la proximidad a los beneficiarios, que implica el diálogo con todas las partes interesadas, incluidos los grupos armados no estatales, y que, por estas características, permite obtener el máximo grado de aceptación y respeto y, por consiguiente, el acceso humanitario más amplio posible.

Estamos decididos a permanecer en Siria y a hacer mucho más para mejorar significativamente las condiciones de vida de las personas que sufren en ese país, analizando diferentes formas y medios de superar los obstáculos que se anteponen a nuestra modalidad de trabajo; también estamos preparados para asumir los riesgos que ello conlleva. Es nuestro sincero deseo que nuestros esfuerzos se complementen con los de los organismos de las Naciones Unidas y otros actores humanitarios en Siria y en los países vecinos, y que todos los que trabajan para marcar una diferencia en la vida de las personas que sufren los efectos de esta guerra sin solución consideren al CICR como un asociado en esta labor.

Para concluir, quisiera expresar mi gratitud a nuestro anfitrión, Su Alteza el Emir de Kuwait, por liderar una vez más la iniciativa relacionada con las promesas de contribución  para Siria y por el generoso apoyo del Estado de Kuwait a las actividades del CICR en ese país.  También quiero dar las gracias a todos los otros Estados Miembros que han aportado al CICR su valioso apoyo diplomático y financiero para nuestras actividades particulares en Siria y en los países vecinos. Esperamos seguir contando con su constante generosidad mientras esta deplorable situación humanitaria así lo exija.

Muchas gracias.