Comité Internacional de la Cruz Roja

Un asesino eficaz: cinco cosas que usted debe conocer acerca de las armas químicas

Artículo 09 abril 2018

Johnny Nehme, experto del CICR en armas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares, responde cinco preguntas sobre armas químicas:

1. En su opinión, ¿por qué están prohibidas las armas químicas?

Porque son de naturaleza indiscriminada, es decir, podrían matar o herir a cualquier persona, ya sea que participe o no en un conflicto. Otro aspecto que cabe mencionar es que los efectos de ciertas armas químicas podrían ocasionar daños de por vida que persistirían una vez finalizado el conflicto. La fabricación de armas que impidieran a las personas utilizar el aire —o sea, respirar— se consideraba algo demasiado horrible y perjudicial.

2. Cuando ve imágenes de víctimas de ataques perpetrados con armas químicas, ¿en qué piensa?

Cuando veo un vídeo o una fotografía, lo primero que pienso es que no podemos confirmar nada. Lo que podemos decir es que los signos o síntomas visibles en esas víctimas podrían ser congruentes con los que evidencian las personas contaminadas con esa clase de agentes. Sin embargo, no podemos confirmar nada. Algunos de los síntomas podrían asemejarse a los de una enfermedad pulmonar de origen natural. La única forma en que podemos confirmar que se trata de un agente de guerra química es tomando muestras y analizándolas en el laboratorio.

3. En pocas palabras, ¿cuál es la historia de las armas químicas?

Durante miles de años, los soldados envenenaron fuentes de agua, pozos y puntas de flechas para dañar al enemigo. A lo largo de los siglos, se utilizó arsénico para envenenar y matar personas. Los agentes químicos tóxicos se han utilizado para dañar y matar personas por mucho tiempo. En nuestra historia reciente, las armas químicas fueron utilizadas deliberadamente a escala durante la Primera Guerra Mundial. La batalla de Ypres, en Bélgica, es famosa por ser el escenario donde se perpetró el primer ataque químico: se utilizó cloro. Desde entonces, y hasta hace pocos años, se produjeron agentes de guerra química específicos, aun cuando, desde la entrada en vigor del Protocolo sobre la prohibición del uso en la guerra de gases asfixiantes, tóxicos o similares y de medios bacteriológicos en 1925, existía un entendimiento común de prohibir su uso.

4. ¿Qué efectos generan en el cuerpo las diferentes armas químicas?

Veamos qué sucede con el cloro. En primer lugar, hay que decir que el cloro, en sí mismo, no es un arma química, sino un producto químico industrial tóxico que es muy útil para purificar el agua. El agua potable es muy importante para evitar las enfermedades transmitidas por el agua. Sin embargo, el cloro es un agente químico que afecta los ojos y la capacidad respiratoria. Al mezclarse con agua, produce ácido de clorhidrato. No es un arma química muy eficiente porque podemos sentirlo antes de que se torne muy tóxico. Por lo tanto, es posible huir cuando se lo siente. El uso del gas de cloro no está prohibido en sí, pero la utilización de ese gas como arma está prohibida.

Los agentes de guerra química se clasifican en diferentes categorías, según el efecto que causan. Están los agentes vesicantes, como el agente del gas mostaza, diseñados para producir ampollas en la superficie con la que entre en contacto. Se transporta en microgotas: al entrar en contacto con la piel o con las partículas de humedad que tenemos en los pulmones, provoca una reacción química y produce ampollas. No está diseñado para matar, sino para inhabilitar, generalmente a los soldados. Cuando entra en contacto con los ojos, provoca ceguera, y, cuando ingresa en los pulmones, impide la respiración. Tiene una tasa de mortalidad del cinco por ciento. Este agente fue pensado sola para herir a un soldado, de modo que otros cinco o seis soldados vayan a ayudarlo y, así, quede reducida la capacidad de ese grupo armado.

La segunda categoría la integran los agentes neurotóxicos, como el sarín o el VX. En este caso, se trata de agentes neurotóxicos, porque detienen la actividad de una enzima asociada con los músculos. Por lo tanto, generan calambres en todos los músculos, incluidos los pulmones, o en los músculos que controlan a estos últimos y, como consecuencia, provocan la muerte por sofocación. La tasa de mortalidad de estos agentes es muy alta. Como sucede con todos los agentes de guerra química, el uso y el almacenamiento de gas sarín están prohibidos.

También están los agentes hemotóxicos, como el cianuro. Estos son agentes que impiden la respiración celular: inhiben el funcionamiento de las células. La tasa de mortalidad de estos agentes es muy alta. Son asesinos eficaces.

Los agentes de guerra química están específicamente diseñados para no ser detectados por los sentidos. Al no poder verlos ni olerlos, las personas no huyen. Tienen un alto grado de toxicidad que basta para causar efectos nocivos en las personas antes de que estas comiencen a sentirlos. Todos estos agentes tienen una densidad superior a la del aire, por lo tanto, se depositan en sótanos y trincheras, ya que fueron diseñados para matar o herir soldados atrincherados. Algunos tienen un efecto duradero, es decir que persisten en el cuerpo, la cabellera, la piel o las vestimentas en que se depositan. Provocan contaminación cruzada: dañan a los soldados que tratan de ayudar al soldado contaminado, así como al personal médico que acude a socorrer a las víctimas.

5. ¿Qué lectura hace usted del panorama actual? ¿Existe la misma voluntad de prohibir las armas químicas a nivel mundial que existía hace cien años?

Daré mi opinión personal. Siento que el aumento en la utilización de armas tóxicas durante conflictos genera una disminución del estigma asociado con el uso. La utilidad militar de los ataques perpetrados con armas químicas, radiológicas o biológicas se traduce en el efecto miedo: generan temor. Cuando se realizan ataques con cloro, por ejemplo, el efecto en las víctimas no es tan significativo a escala en comparación con el efecto causado por cualquiera de las armas convencionales. Sin embargo, el resultado es que todos hablarán de ese ataque y sentirán miedo. Por lo tanto, yo diría que la voluntad de prohibir el uso de armas químicas sigue siendo la misma, porque todos pensamos que son horribles. A la vez, vemos que hay más personas con habilidades en el campo de la química. Es muy fácil producir algunos agentes químicos, y el efecto miedo que generan estos últimos es muy contundente.

Johnny Nehme tiene un doctorado (PhD) en ciencia biomédica de la Universidad de París. Antes de ingresar en el CICR, trabajó para la Comisión de Energía Atómica, donde estudió los efectos de la radiación en los glóbulos. Durante su juventud, se desempeñó como paramédico de la Cruz Roja Francesa.