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República Democrática del Congo: “curar los recuerdos” a través del teatro

26-06-2014 Reportaje

Niños secuestrados y que recibieron entrenamiento militar, niñas que fueron secuestradas y obligadas a convertirse en "esposas", aldeas enteras reducidas a cenizas. Entre 2008 y 2011, comunidades de la provincia de Oriental, al noreste de la República Democrática del Congo, fueron sacudidas por olas de violencia extrema como consecuencia de la presencia del Ejército de Resistencia del Señor.

En pueblos como Banda, las personas han quedado gravemente traumatizadas por las atrocidades que presenciaron.  Pero a través de obras de teatro, los habitantes de estas localidades están aprendiendo a recuperarse juntos.  Reportaje gráfico de Pierre Buingo, de la delegación del CICR en Kisangani, y del fotógrafo independiente Martin Van der Belen.  

Estigmatización y trauma

"Gaspard sólo tenía 10 años de edad cuando hombres armados nos lo arrebataron y se lo llevaron a la selva.  Durante dos años, mi esposa y yo nos sentimos absolutamente desdichados. Su regreso al hogar en 2012 fue motivo de una gran alegría para la familia, pero duró poco: mi pequeño hijo se comportaba de manera muy extraña, era completamente diferente. Incluso los vecinos y sus amigos comenzaron a evitarlo.  Cuando pienso en el estado en que se encontraba mi hijo, el dolor que siento es insoportable", confiesa Gilbert, de 54 años de edad, un líder de la iglesia de Banda, que ha venido a presenciar una obra de teatro en un pueblo cercano.

"Esta obra me ha ayudado a comprender mejor el comportamiento de Gaspard. Los vecinos también han cambiado su actitud hacia él: ahora están contentos de que Gaspard juegue con sus hijos."

 

Banda

Banda es una de varias aldeas situadas en el territorio de Ango, Provincia Oriental, al noreste de República Democrática del Congo.  Desde finales de 2008, comunidades enteras de esta parte del país han sido arrasadas por olas de crueldad y de violencia extremas, en gran parte, como resultado de la presencia del Ejército de Resistencia del Señor. Si bien, desde  2011, los grupos armados han desplegado una actividad menos intensa, siguen siendo el blanco de operaciones militares regulares, y el trauma que han dejado a su paso es grave.  Desde 2012, el CICR ha puesto en marcha un programa que brinda apoyo psicosocial y en salud mental en la región para todos los afectados por la violencia, ya sea de forma directa o indirecta.

Apoyo a las víctimas a través del teatro

Desde 2012, voluntarios de la Cruz Roja de la República Democrática del Congo, líderes religiosos y maestros han organizado producciones de teatro popular, en cuyo marco abordaron diversos temas relacionados con los traumas sufridos. "Las obras de teatro constituyen un medio de expresión, educación y sensibilización de las comunidades locales.  Representan los signos del trauma relacionado con la violencia, así como los peligros y las consecuencias de la estigmatización que sufren las personas afectadas", explica Samuel, que dirige el grupo de teatro de la Cruz Roja.

"Las soluciones para los problemas psicológicos de las víctimas se encuentran dentro de la propia comunidad. A través del teatro, los miembros de la comunidad pueden comprometerse con esa problemática e intercambiar ideas sobre la manera en que pueden apoyar a quienes se han visto afectados por la violencia de una u otra forma."

Las obras abarcan una gama de temas, por ejemplo las experiencias de las víctimas, el regreso a sus hogares, la estigmatización de que son objeto, las actitudes positivas por parte de la comunidad y el acompañamiento psicológico.  Su objetivo es cambiar la actitud de los pobladores hacia los sobrevivientes de la violencia. Una sesión de preguntas y respuestas permite que el público interactúe con los asesores psicosociales que presentan y proponen soluciones para los problemas que aparecen en la obra.  Estas obras de teatro a menudo se interpretan en la primera hora de la mañana o al atardecer, para así no interrumpir el trabajo en los campos.

Secuestrados

Jean-Paul * es uno de los actores voluntarios del grupo de teatro de la Cruz Roja. Tiene 35 años de edad y es padre de cuatro hijos.  Jean-Paul fue secuestrado por hombres armados y ahora considera que la actuación es una manera de aliviar su sufrimiento.  "Llegaron a nuestro pueblo en medio de la noche y nos robaron todo lo que teníamos en la casa ", dice.  "Me salvé de que acabaran con mi vida porque encontraron cosas para robar. A mi tío y a mí nos obligaron a cargar con los objetos robados. Caminamos varios kilómetros por el monte y luego nos dejaron ir antes del amanecer. Si hubieran estado conmigo esa noche, mis hijos habrían sido secuestrados, porque lo que esos hombres buscaban, por sobre todo, eran niños.".

* Nombre ficticio.

Aficionados

"Ninguno de nosotros ha estudiado arte dramático en la escuela ni recibió ningún tipo de formación actoral. Nuestra única experiencia con el teatro se basaba en presenciar obras de teatro en la iglesia. Esas obras no se representan frecuentemente, en general se interpretan durante las festividades cristianas más importantes, como Navidad y Pascuas, para representar escenas de la Biblia ", dice Wivine, una actriz del grupo de teatro local de Banda.  Esta mujer de mediana edad y carácter reservado, se transforma en el escenario, cuando interpreta el papel de una madre desconsolada por el secuestro de su hijo.

"Con la formación del CICR, hemos podido producir obras que transmiten mensajes importantes sobre el sufrimiento de las víctimas y el apoyo psicosocial que pueden recibir", añade.

Otra iniciativa

Hace poco, las autoridades religiosas de la aldea establecieron su propio grupo de teatro para abordar la problemática de la violencia y sus repercusiones en la comunidad.  El elefante de utilería construido con bambú que utiliza el grupo hace reír a todos.

Una región aislada

El pueblo de Banda se sitúa en el territorio de Ango, en el distrito de Bas-Uélé, a más de 800 kilómetros de Kisangani, capital de la provincia, que se encuentra oculta en las profundidades de la selva ecuatorial. Se estima que su población asciende a más de 13.500 habitantes y que el territorio tiene una extensión de 7.000 kilómetros cuadrados.

La carretera que une a Banda con el norte y con el sur se encuentra en muy mal estado.  El aislamiento de la región dificulta su desarrollo, así como el acceso de la asistencia humanitaria. La comunidad también cuenta con muy pocos medios de comunicación; hay dos servicios locales de radiocomunicación, de gestión privada, y una estación de radio comunitaria.  La única forma en que los equipos del CICR pueden llegar a Banda es por avión, que aterriza en un pequeño tramo de camino de tierra despejado en el medio de un campo.