Página archivada:puede contener información desactualizada

Testimonios sobre la guerra: La agonía de Sarajevo

15-10-1999por Nancy L. Torner

La vida en Sarajevo transcurría normalmente en marzo de 1992, cuando el teniente coronel Jorge Reta llegó con las fuerzas de protección de las Naciones Unidas.

La gente iba al trabajo y caminaba libremente por las calles. Los cafés, restaurantes y comercios florecían. El aeropuerto estaba en funcionamiento.

“No sabíamos lo que iba a pasar pocos días después”, relata Reta ahora en su segundo recorrido por la ciudad como jefe de operaciones de los medios de comunicación de las Fuerzas Especiales de la OTAN.

En abril de 1992, Bosnia-Herzegovina declaró su independencia de Yugoslavia. Los francotiradores cumplían sus misiones en la ciudad, mientras la artillería pesada apuntaba a la metrópolis desde las colinas circundantes.

“Fue una maniobra muy rápida”, refiere Reta. “Y entonces comenzó la agonía de Sarajevo.”

Miles de proyectiles hacían impacto en la ciudad prácticamente cada noche durante tres años y medio.

“Nuestro edificio fue bombardeado seis veces en dos meses”, afirma Reta, fijando su mirada en un punto distante. “Recuerdo haber pensado que iba a morir. Un proyectil de mortero cruzó a 15 metros de mi oficina. Primero se escuchó como un zumbido, luego como un trueno. Algunas personas resultaron heridas dentro del edificio; dos niños resultaron muertos en la calle y su madre, que había perdido las piernas, trataba de ponerse de pie.”

En los diez meses que permaneció en Sarajevo, recuerda, miles de habitantes de la ciudad fueron víctimas de las balas y las granadas. Respirando profundamente, murmura: “Y yo personalmente no podía hacer nada.”

Las tropas de las Naciones Unidas fueron retiradas de Sarajevo y enviadas a Belgrado cuando comenzaron los bombardeos. Solamente quedó atrás una pequeña unidad francesa. Doce oficiales y 80 soldados retornaron a Sarajevo a finales de mayo, después de que un ataque de morteros dirigido contra un grupo de personas que hacían la cola para comprar pan, mató a 14 de ellas.

“El problema era nuestro mandato”, afirma Reta.

Las tropas de las Naciones Unidas tenían órdenes de ayudar al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados a alimentar a la población y a “supervisar” los armamentos pesados que apuntaban hacia Sarajevo, afirma Reta

Las tropas monitoreaban 11 posiciones de artillería pesada, alrededor de la mitad de todas las posiciones.

“El problema consistía en que nosotros no teníamos ninguna autoridad para detener los bombardeos. En esas 11 posiciones ellos disparaban hacia Sarajevo, aun cuando se encontrase allí un oficial de las Naciones Unidas,” afirma Reta. “Lo único que podían hacer los militares era informar cuántos proyectiles se habían disparado. Nosotros compilábamos la información y luego la enviábamos a Ginebra y posteriormente a Nueva York.

“Ahora es que puedo entender —no así en aquel entonces- por qué la gente aquí estaba tan enojada con nosotros. Nos recibieron, nos dieron la bienvenida con flores y gritaban en las calles,” rememora Reta. “Pero mes tras mes se fueron tomando más agresivos y nos decían: ‘Nosotros no queremos alimentos, queremos armas. Ustedes nos están alimentando, y lo único que están haciendo es prolongar nuestra agonía.’ Nosotros no teníamos respuestas que darles, excepto acerca de los alimentos.”

Lo que sucedió en Sarajevo viola todas las leyes internacionales humanitarias , dice Reta. En ninguna circunstancia se debe hacer de civiles objetivos militares, aunque alimenten y protejan a efectivos militares.

“De acuerdo con las normas, esto no está permitido, bajo ningún concepto”, afirma Reta. “Los objetivos militares son siempre objetivos sin personas civiles. Si iniciamos esa cadena, entonces todo estaría permitido sin excepción alguna. Eso es lo que sucedió aquí. El problema consiste en que hay que aplicarlo en todo el mundo. Este no es el caso, pero no sólo aquí. Lo mismo sucede en Asia y en Africa.”

Hoy día la vida en Sarajevo y en todo el país dista mucho de ser normal. Cientos de miles de personas son refugiados. Han muerto innumerables hombres, mujeres y niños. Hogares e industrias están en minas. Eso fue lo que el mundo provocó en 1992, dice Reta, pero ahora la vida en Bosnia-Herzegovina será completamente diferente.

“Esta es mi opinión personal”, asevera Reta. “Quizás esté equivocado. Pero, lamentablemente, la comunidad internacional le dio aspirina a un cuerpo que estaba falleciendo. Y el método fue el mismo durante cuatro años, hasta que todos comprendimos que esta situación no podía continuar.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad de los entrevistados y de los autores de los artículos y no reflejan necesariamente la opinión del Comité Internacional de la Cruz Roja)