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Colombia: perder la tierra a causa del conflicto

27-12-2010 Reportaje

Colombia enfrenta un grave problema que se ha agudizado en los últimos años: la contaminación por armas. La utilización y abandono de minas antipersonal, artefactos explosivos improvisados y de restos explosivos de guerra causan muertes, heridas físicas, un impacto psicológico considerable y repercusiones socioeconómicas desastrosas a miles de personas.

     
©CICR 
   
La comunidad Embera-Katio, ubicada en el sur de Córdoba (norte de Colombia), sufre una de las consecuencias humanitarias del conflicto armado: su territorio se encuentra contaminado con artefactos explosivos que impiden el aprovechamiento de la tierra. 
               
©CICR 
   
Para prevenir la problemática, el CICR se reunió con los Embera-Katio para promover los comportamientos seguros y difundir los derechos de las víctimas de la contaminación por armas. 
               
©CICR 
   
Con actividades de prevención de accidentes por artefactos explosivos, el CICR busca proporcionarles a las víctimas condiciones de vida dignas para que puedan tener su alimento diario pero sin renunciar a sus tradiciones. 
               
©CICR 
   
Debido a la contaminación por armas, los indígenas Embera-Katio ya no van al monte a cazar y tampoco pueden cultivar artesanalmente, como siempre lo hicieron. 
           

Esta es una problemática que perdura en el tiempo, ya que las comunidades han sido afectadas en el pasado, actualmente por la dinámica cambiante de las zonas de conflicto.

Karlina(*), indígena Embera-Katio, espera que algún día su comunidad pueda volver a su tierra ancestral, la que perdió a causa del conflicto armado. Esta mujer, que deja ver en su rostro la tristeza por la realidad a la que se enfrenta, dice con voz pausada: " el conflicto nos quitó la tierra y también al padre de mis hijos " .

Ella, al igual que su comunidad, ubicada en el sur de Córdoba (norte de Colombia), sufre por el hecho de que su territorio se encuentra contaminado con artefactos explosivos que imposibilitan el aprovechamiento de la tierra. A raíz de esto, los indígenas ya no pueden ir al monte a cazar y tampoco pueden cultivar de manera artesanal, como siempre lo hicieron.

Uno de los miembros de la comunidad lo recuerda así: " Anteriormente, el indígena sólo regaba la semilla en el monte y después volvía a recoger su cosecha, porque la naturaleza se encargaba de lo demás " .

Hoy, realizar este tipo de actividades es jugar con la vida. Los habitantes de las zonas contaminadas por armas puede que regresen a casa con un poco de alimento y en el camino, pueden sufrir un accidente que les ocasione la muerte o graves heridas. Karlina es cabeza de familia y debe trabajar de sol a sol para alimentar a sus hijos, mientras llora en silencio la muerte de su marido, víctima de un artefacto explosivo improvisado.

Historias como ésta se ven regularmente en los campos colombianos, donde la problemática de la contaminación por armas afecta tanto a los campesinos como a los indígenas y los afrodescendientes. Es por eso que el CICR desarrolla varias actividades encaminadas a prevenir accidentes por artefactos explosivos, así como de proporcionarles a las víctimas condiciones de vida dignas para que puedan tener su alimento diario sin renunciar a sus tradiciones.

Posibilidades

Recientemente, un equipo del CICR visitó a Karlina en su comunidad indígena para tratar de encontrar, junto con los Embera-Katio, una solución que reduzca los riesgos y les permita retomar la tradición agrícola y de caza de la comunidad.

En reuniones con los indígenas, se acordó darles unas mallas para pescar, pues esta es una de las pocas actividades que aún se pueden realizar con seguridad, y así aprovechar el caudaloso río que los bordea. También se implementaron huertas caseras y la cría de animales como, por ejemplo, cerdos y pollos.

Además, recibieron capacitación sobre cómo aplicar comportamientos seguros para disminuir el riesgo frente a la contaminación por armas.

Luego de unos meses, un líder de la comunidad expresó que se sentían tranquilos al poder tener una alternativa para su alimentación sin exponer la vida. Sin embargo, Karlina cree que, pese a los esfuerzos para solucionar su situación alimentaría, se debería hacer algo más para recuperar el uso de las tierras y evitar que se contaminen con artefactos explosivos y restos explosivos de guerra, pues sigue esperando el día en que pueda volver a disfrutar plenamente el campo con sus cuatro hijos, y poder ofrecerles las enseñazas de la madre tierra que, durante siglos, han transmitido sus ancestros de generación en generación.

En este sentido, el CICR busca que los grupos armados tomen conciencia acerca de las consecuencias humanitarias que genera la contaminación por armas.

 
   
(*) Nombre cambiado para proteger la identidad de la persona.
       
 
   
La problemática    
En zonas apartadas, la contaminación por armas a menudo impide el acceso de los pobladores a las zonas de cultivos, a las fuentes de agua, a las escuelas, a los centros de salud y a los lugares de culto, entre otros. Este flagelo también causa el confinamiento de comunidades, que frente al temor deciden no salir de sus veredas, y el desplazamiento de personas.
   
Un efecto inmediato de la contaminación por armas es que obstaculiza el retorno de la población civil a sus hogares, además de bloquear la prestación de ayuda. A más largo plazo, puede dificultar la rehabilitación y la reconstrucción de la infraestructura, como escuelas y hospitales, carreteras, pozos, mercados y campos de labranza.
   

    El CICR en acción
    Frente a la contaminación por armas, el CICR dedica acciones que van desde la persuasión y movilización de las autoridades locales y organizaciones humanitarias para ofrecer una atención integral a las necesidades de las víctimas y comunidades afectadas por la contaminación por armas, el dar a conocer los comportamientos seguros y derechos de las víctimas, la prestación de asistencia médica, la rehabilitación física y el apoyo económico en favor de las víctimas, hasta la promoción de las normas internacionales y la realización de actividades de prevención de heridas y de reducción de los efectos de índole socioeconómica que conlleva vivir en las zonas contaminadas.