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Municiones en racimo

29-10-2010 Introducción

Las municiones en racimo han tenido terribles consecuencias en los civiles; han causado la muerte y heridas a grandes números de personas y han originado persistentes problemas socioeconómicos. En 2008, los Gobiernos negociaron y aprobaron la Convención sobre Municiones en Racimo. Ese importante tratado de derecho internacional prohíbe el empleo, la producción, el almacenamiento y la transferencia de municiones en racimo y obliga a los Estados a tomar medidas específicas para que esas armas no se cobren nuevas víctimas.

Los problemas que causan las municiones en racimo no son nuevos. Prácticamente en todos los conflictos donde se las ha empleado en los últimos cuarenta años, las municiones en racimo han afectado gravemente a los civiles, durante los enfrentamientos y después de concluidas las operaciones militares.   

Con frecuencia, las municiones en racimo afectan a los civiles porque esparcen grandes números de submuniciones en áreas muy amplias. Algunos modelos de municiones liberan cientos de submuniciones en áreas de más de treinta mil metros cuadrados de territorio. Como esas submuniciones en general son de caída libre, el empleo incorrecto, el viento y otros factores pueden incidir para que impacten fuera del área objetivo.

Además, grandes números de submuniciones no detonan como estaba previsto y contaminan extensas áreas con municiones explosivas letales. Varios miles de civiles han muerto o han resultado heridos a causa de esos dispositivos. Por la presencia de esas armas, la agricultura se convierte en una actividad peligrosa y se obstaculiza la reconstrucción y el desarrollo de infraestructura vital, como rutas, ferrocarriles y estaciones generadoras de energía. La remoción de municiones sin estallar después de un conflicto suele ser una tarea difícil y peligrosa. Algunos países luchan desde hace décadas contra el problema de las municiones sin estallar. Laos es el país más duramente afectado por las municiones en racimo: hay decenas de millones de submuniciones sin estallar esparcidas en su territorio.

En 2008, los Gobiernos negociaron y aprobaron la Convención sobre Municiones en Racimo. Ese tratado establece un marco general para abordar los problemas asociados a esas armas. Prohíbe el empleo, la producción, la adquisición, el almacenamiento, la retención y la transferencia de municiones en racimo. Además, dispone que los Estados deben destruir sus reservas de municiones en racimo y los compromete a limpiar las áreas contaminadas con submuniciones sin estallar o con municiones en racimo abandonadas. Es importante destacar que la Convención también obliga a los Estados a brindar atención médica, rehabilitación, apoyo psicológico e inserción socioeconómica de las víctimas de municiones en racimo en zonas bajo su jurisdicción o control. Los Estados Partes que estén en condiciones de hacerlo deben prestar asistencia y cooperación para ayudar a otros Estados a cumplir las obligaciones que les impone la Convención.


Fotos

 

© AFP / M. Zaatari