Sean de palabra o en acto, las amenazas deliberadas contra infraestructura civil e instalaciones nucleares no deben normalizarse en la guerra.
Toda guerra que se libre sin límites es incompatible con el derecho. Es indefendible e inhumana, y tiene consecuencias devastadoras para poblaciones enteras.
En todas partes de Oriente Medio, nuestros equipos están presenciando la destrucción de infraestructura esencial para la vida de las personas civiles. Se ven ataques contra centrales eléctricas, sistemas de agua, hospitales, caminos, puentes, viviendas, escuelas y universidades.
Lo más alarmante son las amenazas potenciales contra instalaciones nucleares. Cualquier error de cálculo puede ocasionar daños irreversibles que duren generaciones.
Llamo con urgencia a las partes para que preserven a las personas civiles y a los bienes de carácter civil en todas las operaciones militares. Es su obligación en virtud del derecho internacional humanitario.
Los Estados deben respetar y hacer respetar las leyes de la guerra en sus dichos y en sus actos. El mundo no puede sucumbir a una cultura política que priorice la muerte por sobre la vida.