Decenas de palmeras taladas en el camino entre Basora y Fao - MikeKhalaf/CICR

La tormenta perfecta en Irak: una crisis climática y ambiental que se cierne sobre las heridas de la guerra

En vísperas de la cumbre mundial sobre el cambio climático COP26, que tendrá lugar en Reino Unido, es importante que la acción por el clima no pase por alto a las comunidades afectadas por los conflictos armados. A la luz de la relación entre cambio climático, medio ambiente y conflicto, analizamos algunos problemas que afectan a la población del sur de Irak.
Artículo 19 julio 2021 Situación en Irak Reino Unido

¿Qué imágenes se nos aparecen cuando pensamos en la guerra en Irak? Una ciudad arrasada. Una familia de luto. Soldados que patrullan las calles.

¿Y el sinfín de palmeras muertas? ¿O las marismas secas? Tal vez no sean estas las imágenes que asociamos inmediatamente con la guerra.

No obstante, reflejan la condición ruinosa en la que ha quedado el medio ambiente en el sur de Irak a raíz del conflicto.

"La guerra puede dañar el medio ambiente y alterar nuestra vida incluso mucho tiempo después de que las armas hayan dejado de disparar", expresó Igor Malgrati, asesor regional en Agua y Hábitat del CICR.

"En el sur de Irak, vemos un medio ambiente deteriorado por años de conflicto, una gestión ambiental deficiente y una administración pública débil. Al sumar el cambio climático, se produce una tormenta perfecta."

Un paisaje lastimado

Las marismas iraquíes forman un humedal con un ecosistema único, ubicado en la confluencia entre los ríos Éufrates y Tigris.

A principio de los años noventa, estas marismas fueron secadas a propósito, a modo de represalia contra una población considerada rebelde.

Para 2001, cerca del 90 % de las marismas habían desaparecido (PNUMA), hecho que derivó en una pérdida de biodiversidad y un desplazamiento de gran escala.

Decenas de palmeras taladas en el camino entre Basora y Fao - MikeKhalaf/CICR

Si nos remontamos aún más atrás en el tiempo, a la guerra de Irán-Irak en la década de los ochenta, se talaron las famosas palmeras datileras con fines militares en lugares como Fao, al sur de Basora.

"Antes de la guerra de Irán-Irak, había más de 30 millones de palmeras; hoy quedan menos de la mitad", comenta Adel Al-Attar, asesor en Agua y Hábitat del CICR, desde Basora.

"El conflicto, el abandono y la salinidad del suelo son algunos de los muchos motivos que han contribuido a esta pérdida. Es sumamente angustiante. Toda la atmósfera se ha modificado desde que no están las palmeras. No se trata solo de los frutos. También sirven para dar sombra a algunos cultivos. Las hojas se utilizan para fabricar muebles como sillas y camas. Sin palmeras, no hay actividad económica. Por eso, muchas personas se han ido a las ciudades en busca de empleo."

Las palmeras taladas y las marismas secas evocan imágenes que nos recuerdan cuáles son los daños ambientales directos que ha infligido la guerra en el sur de Irak.

Menos visibles, pero, posiblemente, más nocivas, son las consecuencias indirectas de la guerra, sea en Irak o en cualquier otro lado.

Por ejemplo, los conflictos suelen disminuir la capacidad de un Gobierno de gestionar sus recursos naturales, el medio ambiente y la infraestructura.

Los restos de guerra, como las armas sin explotar o las minas antipersonal, pueden inutilizar la tierra y dañar la vida silvestre, mientras que los campamentos para personas desplazadas por el conflicto ejercen una presión adicional en el medio ambiente.

Como si fuera poco, el cambio climático

Las temperaturas promedio en Irak se han elevado en, mínimo, 0,7 °C a lo largo del último siglo, al tiempo que el calor extremo se ha vuelto cada vez más frecuente. Asimismo, las lluvias están tendiendo a una disminución leve en el sudeste del país.

Se proyecta que la temperatura anual media aumentará 2 °C para el año 2050, mientras que el promedio anual de precipitaciones disminuirá 9 % (Banco Mundial).

"Viví toda mi vida en Basora", cuenta Al-Attar. "En mi infancia, la temperatura en verano nunca superaba demasiado los 40 °C. Hoy puede elevarse por encima de los 50 °C".

La frecuencia con la que se producen tormentas de arena o polvo también ha aumentado de manera drástica, en parte, debido a la degradación del suelo.

La tierra cultivable está desapareciendo en el sur de Irak - MikeKhalaf/CICR

Entre 1951 y 1990, hubo, en promedio, 24 días por año en los que se registraron tormentas de polvo en Irak, mientras que, en 2013, se registraron 122 (Naciones Unidas). Una vez más, las proyecciones indican un probable aumento.

"En lugares donde la lluvia o la vegetación no son suficientes, las capas superiores de la tierra se vuelven menos compactas, por lo cual aumentan las posibilidades de que se produzcan tormentas de polvo o arena", explica Al-Attar.

"Estos fenómenos meteorológicos contribuyen a la desertificación. El suelo fértil se está convirtiendo en desierto."

Según las autoridades locales, están desapareciendo zonas históricamente fértiles del sur de Irak. En Fao, la tierra cultivable disminuyó de 7,5 km2 a 3,75 km2, mientras que en Dhi Qar, pasó de 100 km2 a apenas 12,5 km2.

La desertificación en el sur ha diezmado el sector agrícola, una gran fuente trabajo para la población.

Cuando ya no es posible depender de la tierra para el sustento, se producen migraciones a zonas urbanas como Basora o Nayaf en busca de empleo.

Por ejemplo, la población de la localidad portuaria de Fao disminuyó de 400.000 a 50.000 personas en cuarenta años a raíz de la migración a ciudades más grandes.

"Emigrar es el futuro", expresó Al-Attar. "Es doloroso ver que la generación más joven deja las zonas rurales para tomar empleos poco calificados en zonas urbanas o en yacimientos de petróleo.

"No hay suficientes puestos de trabajo para ellos en estos sectores. El desempleo es alto, así como las tensiones, un presagio no tan bueno en cuanto a recuperación y estabilidad."

Exceso de sal

Otro gran factor que causa el deterioro del medio ambiente es la salinidad del suelo y del agua, un problema generalizado y de larga data en Irak. En el sur, la situación está empeorando por varios motivos.

Más del 50 % del agua utilizada en Irak se origina en Turquía, Siria e Irán. Como consecuencia de las prácticas de gestión hídrica regionales y nacionales, llega menos agua al sur de Irak en los ríos Tigris y Éufrates.

Sumado a ello, los ríos atraviesan una de las zonas más áridas de la región. La evaporación, si bien no es el factor principal, interviene en el aumento de la salinidad.

 

En el sur de Irak, la calidad del agua disponible es deficiente: contiene niveles elevados de sal y contaminantes de las aguas residuales y la agricultura – MikeKhalaf/CICR

Cuando bajan los niveles de agua de estos ríos, el agua de mar llega hasta el estuario de Shatt Al Arab y a los canales de riego utilizados para la agricultura y la ganadería.

"La salinidad del agua y del suelo hace mal a los cultivos, a los animales y a las personas", afirma Malgrati.

Si a este problema le sumamos los altos niveles detectados de otros contaminantes, se convierte en un peligro real para la salud pública."

En 2018, más de 100.000 personas en la gobernación de Basora fueron hospitalizadas con síntomas que se relacionan con una baja calidad del agua (Human Rights Watch). 

Un pedido de ayuda

El CICR trabajó más de una década en el sur de Irak, prestando ayuda para facilitar el acceso al agua potable, entre otras actividades.

Hoy, si bien la labor del CICR se centra en el norte del país, donde se han observado niveles más elevados de violencia en los últimos años, la institución sigue apoyando a la Media Luna Roja del país.

El año pasado, la Sociedad de la Media Luna Roja de Irak puso en marcha un programa para instalar ocho unidades depuradoras de agua por ósmosis inversa, que funcionan con energía solar y que ayudarán a que unas 20.000 personas dispongan de agua potable. El CICR presta apoyo financiero y técnico para esta iniciativa.

La depuración por ósmosis inversa ayuda a contrarrestar la salinidad del agua.

"Estas unidades eliminan la salinidad del agua, para que la población no tenga que salir a comprar agua potable", explica Al-Attar.

"Es un proceso caro, y la capacidad es limitada, pero el agua escasea, por lo cual es necesario."

Las unidades funcionan con energía solar y ayudarán a que unas 20.000 personas puedan acceder al agua potable.

Es fundamental ayudar a las comunidades en todo el mundo a adaptarse al cambio climático. Sin embargo, hoy en día, el grueso de la financiación para el clima se destina a las iniciativas para reducir las emisiones de carbono.

"Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es esencial, pero se deben complementar los esfuerzos ayudando a las comunidades a adaptarse a un clima y un medio ambiente que están cambiando, a fin de que puedan sobrellevar los riesgos hoy y el día de mañana", dijo Catherine-Lune Grayson, asesora en políticas sobre cambio climático y conflictos del CICR.

"Por ahora, pese a estar entre los más vulnerables a los efectos del cambio climático, los países que atraviesan conflictos armados están entre los más desatendidos por la financiación climática y, en particular, la financiación para adaptarse. Es una situación que debe cambiar."