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Niños, niñas y adolescentes en los conflictos armados en Colombia

Niñas y niños juegan y comparten un momento junto a una persona del Comité Internacional de la Cruz

Continuó el involucramiento de niños, niñas y adolescentes en los conflictos armados, una de cuyas expresiones más graves es el reclutamiento, uso y utilización. Esto no solo tiene consecuencias inmediatas sobre su vida, integridad y desarrollo, sino que también debilita profundamente el tejido social y compromete el futuro de comunidades enteras.

En 2025, en cinco de los departamentos donde el CICR tiene presencia, documentó 65 casos de desaparición de menores de edad relacionados con el reclutamiento. Estos casos evidencian el vínculo entre su involucramiento en los conflictos armados y la desaparición como consecuencia humanitaria. Para las familias, la pérdida de todo contacto con sus hijos sin saber si están vivos o muertos ni dónde se encuentran genera una incertidumbre profunda y un sufrimiento prolongado.

La mayoría de estos casos corresponde a adolescentes entre los 15 y 17 años; sin embargo, también se registraron situaciones que afectaron a niños y niñas entre los 11 y 14 años. Asimismo, el 49 % corresponde a niñas, lo que evidencia que esta problemática afecta tanto a hombres como a mujeres.

Además de los casos de desaparición, el CICR tuvo conocimiento de 58 hechos relacionados con el reclutamiento, uso y utilización de niños, niñas y adolescentes, cada uno de los cuales puede involucrar a uno o varios menores de edad. Si bien esta información no refleja la magnitud total del fenómeno, permite identificar algunas de las formas en que se produce esta vinculación.

Tanto los casos documentados como los hechos conocidos muestran que estas prácticas no ocurren de manera aislada. La mayoría de las veces, están precedidas por distintos tipos de acercamiento que crean las condiciones para su concreción.

En el 43 % de las situaciones analizadas, el primer acercamiento estuvo vinculado a la posibilidad de acceder a un trabajo o desarrollar una actividad productiva. En territorios donde las oportunidades educativas, económicas y sociales son limitadas, este tipo de propuestas puede presentarse como una alternativa real.

Una niña lee una cartilla en una montaña, mientras al fondo se aprecia un paisaje de Colombia.
Niños y niñas juegan en los columpios acompañados por personas del Comité Internacional de la Cruz Roja.
Un niño lee una cartilla dentro de un salón de clases.
Un niño participa en un taller de comportamientos seguros mientras una persona del Comité Internacional de la Cruz Roja le indica por dónde desplazarse arrastrándose en el suelo.
Un niño sostiene un celular mientras, al fondo, se observan otras dos personas.
Niñas abren una caja sonriendo.
Niños y niñas juegan en un subibaja acompañados por personas del Comité Internacional de la Cruz Roja.
Un grupo de niños sonríe a la cámara mientras hacen un gesto de amor con las manos.
Salón de clases con niños sentados mientras personas adultas se encuentran al frente.
Dos niños posan frente a la cámara; uno mira fijamente mientras el otro sonríe.

Estos acercamientos suelen darse en espacios cotidianos. En el 46 % de las situaciones, el contacto inicial ocurrió en entornos como el barrio o el centro del pueblo, es decir, en los mismos lugares donde los menores de edad viven, estudian y se relacionan. En otros casos, el acercamiento se produjo mediante engaños en relaciones afectivas o en situaciones marcadas por amenazas o presiones. 

A las estrategias de acercamiento mencionadas, se suma el uso de redes sociales para establecer contacto con menores de edad mediante promesas de dinero, reconocimiento o poder. Aunque esta modalidad no se evidenció en los casos documentados directamente por el CICR, su creciente presencia da cuenta de una evolución en las formas de vinculación de niños, niñas y adolescentes a los conflictos armados.

Estas dinámicas se dan en entornos donde confluyen múltiples factores. La presencia de actores armados dentro de las comunidades, el debilitamiento de espacios protectores como las escuelas y la falta de oportunidades configuran condiciones que favorecen la ocurrencia de este fenómeno y contribuyen a su persistencia.

Una vez se concreta el reclutamiento, muchos niños, niñas y adolescentes son trasladados a otras zonas del país, lo que provoca una ruptura con su entorno familiar, social y cultural. Este desarraigo dificulta el contacto con sus familias y limita las posibilidades de protección.

Las consecuencias de esta vinculación van más allá de la separación familiar: incluyen la pérdida de proyectos de vida, afectaciones psicológicas, exposición a violencia sexual, así como lesiones, mutilaciones y muertes en el contexto de las hostilidades. La proximidad a la guerra expone a los menores de edad a riesgos particularmente graves.

En este contexto, las normas del DIH son determinantes. En Colombia, las personas menores de 18 años gozan de una protección especial y no deben ser reclutadas ni utilizadas en las hostilidades. Asimismo, los bienes destinados a su protección, como las escuelas, deben ser respetados y no utilizados con fines militares.