Panorama humanitario 2026: Un mundo que se derrumba ante la guerra
Los conflictos armados son una característica distintiva de nuestra época. En todos los continentes, las normas y límites que deberían proteger a la población civil se fuerzan, se ignoran o se pasan por alto. Los conflictos armados se propagan, y se vuelven más prolongados y complejos. Las personas civiles, que son justamente aquellas a las que el derecho internacional humanitario busca proteger, son las que más sufren.
Incluso para quienes la experiencia de la guerra es solo a través de los titulares, los conflictos armados actuales están trazando un futuro que nos afectará a todos. El debilitamiento de las leyes de la guerra no es algo que solo sucede lejos, en los campos de batalla; amenaza la estabilidad, la seguridad y los valores en los que se fundamentan nuestras sociedades y nuestra vida, independientemente del lugar del mundo en que vivamos.
El Panorama humanitario de 2026 es la publicación del CICR que acompaña nuestros llamamientos mundiales para este año. Ofrece un análisis prospectivo de los riesgos humanitarios emergentes, fundamentado en observaciones de las actividades operacionales de nuestra organización en todo el mundo. El Panorama se elabora para brindar información a los Gobiernos, los donantes y los responsables de adoptar decisiones sobre la naturaleza cambiante de los conflictos armados, las consecuencias humanitarias para la población civil, y las prioridades necesarias para dar respuestas eficaces y evitar mayor sufrimiento.
El Panorama humanitario de 2026 se sustenta en nuestra labor en más de 100 conflictos armados para advertir acerca de cuatro tendencias convergentes que están profundizando la inestabilidad y el sufrimiento humano en todo el mundo. El Panorama pone de relieve una clara paradoja: un rápido aumento de las necesidades y, a la vez, la creciente saturación de la acción humanitaria basada en principios.
Una familia en una casa destruida por misiles en Akkar, en la frontera norte de Líbano.
Una realidad cotidiana de la vida en guerra
La cantidad de conflictos armados continúa en aumento: llegó a aproximadamente 130 en 2024, lo que duplicó la cifra de hace solo 15 años. Más de 20 conflictos se han prolongado por más de dos décadas, por lo que hay generaciones acostumbradas a vivir en guerra.
En la actualidad, las líneas del frente abarcan entornos físicos y digitales. El uso de drones, inteligencia artificial y ciberoperaciones está acelerando y transformando la conducción de las hostilidades, a menudo con efectos devastadores para la población civil. Más de 204 millones de personas viven actualmente en zonas bajo control —pleno o en disputa— de grupos armados, fuera del alcance de las instituciones estatales y los servicios básicos.
Las consecuencias son graves:
- Destrucción de hogares, hospitales, escuelas y sistemas de suministro de agua.
- Colapso de los medios de subsistencia, con el consecuente desplazamiento de millones de personas.
- Familias desgarradas: 284.000 personas están registradas como desaparecidas por el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Esta cifra se ha incrementado en un 70 % en solo un año.
Las historias personales reflejan la magnitud de la pérdida:
Grace, un niño de 10 años que recibió un disparo en la cabeza (por rebeldes del M23), tuvo una cirugía y está al cuidado de su hermano James. Desde la lesión, Grace no puede hablar.
Tendencia 1: La deshumanización se propaga en todos los frentes
En muchos conflictos armados, el sentido de humanidad compartida que limita la violencia se está perdiendo. El lenguaje deshumanizante —con frecuencia replicado por los dirigentes políticos y amplificado a través de las redes sociales— alimenta el miedo, genera polarización en las comunidades y justifica las violaciones del derecho.
Este cambio tiene consecuencias reales. Cuando las personas son despojadas de su dignidad mediante palabras o políticas, el umbral de la violencia se eleva. Se identifica a las personas civiles erróneamente como amenazas, a los detenidos se les niega protecciones jurídicas, los trabajadores humanitarios se enfrentan a las suspicacias o la hostilidad.
El miedo nos está matando más que la falta de alimento. Estamos muriendo a causa del miedo y la ansiedad que experimentamos.
Las consecuencias del terremoto en la ciudad de Jableh, Latakia.
Tendencia 2: La acción humanitaria basada en principios bajo amenaza
Son cada vez más frecuentes los ataques al personal de salud y humanitario, a pesar de las protecciones que le confiere el derecho internacional. Las siguientes cifras corresponden solo a 2024:
- Se registraron 338 ataques a trabajadores humanitarios.
- Más de 600 ataques afectaron a las instalaciones y al personal de salud entre 2023 y 2024.
- En 2025, fueron 25 los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja que perdieron la vida.
La acción humanitaria neutral e imparcial es objeto de politización, manipulación u obstrucción. El acceso a las personas que necesitan ayuda sigue estando críticamente restringido en lugares como Gaza y El Fasher y, en consecuencia, la población civil está desprovista de asistencia esencial.
Las balas perdidas siguen siendo una amenaza real. Encontramos una bala en el suelo del quirófano.
Tendencia 3: La victoria a cualquier precio, y la responsabilidad mundial en retroceso
El respeto del derecho internacional humanitario (DIH) se debilita. En muchos conflictos, los objetivos militares ganan terreno frente a la obligación de proteger a la población civil.
El poder duro está resurgiendo, y la cooperación multilateral está en riesgo. El gasto mundial en defensa alcanzó los 2,7 billones de dólares en 2024, al tiempo que el sistema humanitario en su totalidad hizo un llamamiento por apenas 50 mil millones de dólares, un monto que de todos modos no se logró recaudar. Este desequilibrio es síntoma de un mundo que se prepara para la guerra, no la paz.
Personas civiles esperan la distribución de alimentos en el campamento para desplazados de Lac Vert.
Tendencia 4: Las necesidades humanitarias aumentan, los recursos se agotan
En esta época de necesidades en aumento, hay cada vez más incertidumbre respecto del financiamiento de la acción humanitaria neutral e imparcial. Sin apoyo continuo, millones de personas podrían perder acceso a servicios esenciales, protección y asistencia vital.
Esta brecha cada vez mayor es fundamentalmente incompatible con la magnitud del sufrimiento humano que se observa en los conflictos armados actuales.
Cinco llamamientos a la acción en defensa de la humanidad
Los Estados tienen un papel crítico: evitar que el mundo siga avanzando hacia la guerra sin cuartel. El CICR insta a los Gobiernos a actuar ahora:
1. Dar continuidad a la acción humanitaria basada en principios
Brindar un apoyo previsible a la asistencia humanitaria neutral, imparcial e independiente, de modo que la ayuda pueda estar a la par del aumento de las necesidades.
2. Respetar el derecho internacional humanitario e instar a los aliados a que sigan ese ejemplo
El respeto del DIH debe seguir siendo universal. Los Estados deben evitar las violaciones del derecho, ellos mismos y entre aquellos a quienes prestan apoyo.
3. Hacer frente a la deshumanización
Rechazar la información errónea, la retórica y los discursos dañinos que profundizan el sufrimiento y normalizan la brutalidad.
4. Proteger al personal de salud y a los trabajadores humanitarios
Los ataques a los trabajadores humanitarios son ataques contra la humanidad. Los Estados deben procurar que realicen su labor en un entorno seguro y puedan acceder a las personas que necesitan ayuda.
5. Trabajar por la paz y restablecer la solidaridad mundial
La acción humanitaria puede aliviar el sufrimiento, pero solo las soluciones políticas pueden ponerle fin. Los Estados deben invertir en diplomacia, prevención de los conflictos armados y restricciones humanitarias.
Iyad al-Wahidi regresa con sus hijos y encuentra su hogar destruido en Gaza.
La decisión es nuestra
Las guerras se multiplican y los costos de la destrucción superan las posibilidades de reconstrucción de cualquier sociedad, y el mundo no puede darse el lujo de ser indiferente. El respeto de las leyes de la guerra no es solo una obligación jurídica, es una salvaguarda de nuestra humanidad compartida.
Juntos, podemos elegir las restricciones frente al aumento de las hostilidades, la dignidad frente a la deshumanización, y la humanidad frente a la violencia desmedida.