Preguntas frecuentes: Municiones en racimo
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Las municiones en racimo son armas que dispersan numerosas submuniciones explosivas en superficies extensas, en general, de varios miles de metros cuadrados. Dado que esas submuniciones suelen ser de caída libre, diversos factores – como el error humano y el viento– pueden hacer errar totalmente el objetivo que se pretende alcanzar. Además, muchas de ellas no detonan al impactar y se transforman en restos peligrosos que suponen riesgos a largo plazo para las personas civiles y las comunidades.
Estas armas han provocado la muerte o heridas a miles de personas civiles, con consecuencias devastadoras que no se reducen a las lesiones iniciales, sino que también afectan la salud mental, la educación, los medios de subsistencia y la vida comunitaria.
According to the Cluster Munition Monitor (2026), a lo largo del año 2025, al menos 1.063 personas resultaron muertas o heridas por municiones en racimo, una de las cifras anuales más altas registradas desde que se inició la recopilación de datos en 2010. Sin embargo, es probable que el número real sea mayor, ya que muchos incidentes no se denuncian. El 87 % de las víctimas registradas en 2025 eran civiles, lo que pone de manifiesto los efectos graves e indiscriminados de estas armas. Este elevado porcentaje de víctimas civiles refleja la característica inherente a la municiones en racimo, que causan destrucción tanto durante el ataque como después, mediante los restos sin estallar que quedan en la zona.
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La Convención sobre Municiones en Racimo, adoptada en 2008, prohíbe el empleo, la producción, el almacenamiento y la transferencia de estas armas. A agosto de 2026, 112 Estados son Partes en la Convención. Para consultar las últimas actualizaciones, v. IHL Treaties - Convention on Cluster Munitions, 2008 Ratification o States Parties – The Convention on Cluster Munitions.
Principales obligaciones de los Estados Partes:
- no emplear municiones en racimo en ninguna circunstancia;
- destruir las reservas en un plazo de ocho años;
- limpiar las zonas contaminadas;
- prestar a las víctimas una asistencia integral, en particular, atención médica, rehabilitación y apoyo para la reinserción social y económica.
Desde su adopción, la Convención redujo de manera considerable el uso de municiones en racimo. Además, gracias a ella, se destruyeron aproximadamente 1,5 millones de reservas de municiones en racimo y 180 millones de reservas de submuniciones, el equivalente a todas las reservas declaradas de 42 Estados Partes. Además, la remoción a gran escala en zonas contaminadas permitió a las comunidades regresar en condiciones seguras a su lugar de origen y reconstruir su vida.
Pese a estos logros, recientemente se produjeron hechos que socavarían las protecciones vitales y debilitarían décadas de esfuerzo mundial por erradicar estas armas inhumanas. Es esencial consolidar y fortalecer las iniciativas de desarme humanitario para proteger a la población civil y seguir en dirección hacia un mundo sin municiones en racimo.
Si los Estados que no son Parte en la Convención o los grupos armados no estatales usan municiones en racimo, deben respetar el derecho internacional humanitario (DIH), en especial, la norma y los principios de distinción, proporcionalidad y precaución. Como las municiones en racimo dispersan gran cantidad de submuniciones en superficies extensas, es muy probable que su utilización en zonas pobladas tenga un efecto indiscriminado. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) insta a todos los Estados y partes en conflictos armados a cesar de inmediato en el empleo, la producción, la transferencia y el almacenamiento de municiones en racimo.
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Las municiones en racimo exponen a las personas civiles a peligros únicos, debido a que tiene efectos en superficies muy amplias y a que la contaminación persiste en el tiempo.
- Efectos en superficies extensas: estas armas no discriminan y muchas veces alcanzan a personas civiles e infraestructura que exceden considerablemente el objetivo inicial. Su empleo en zonas pobladas produce un elevado número de víctimas y grandes daños a viviendas, hospitales, escuelas, carreteras, sistemas hídricos y otros servicios esenciales.
- Submuniciones sin estallar: muchas submuniciones no explotan, lo que contamina campos, bosques y vecindarios. Por ese motivo, se dificulta que las familias desplazadas regresen a su lugar de origen, se demora en reparar la infraestructura y se frena la recuperación económica. La remoción de las submuniciones sin estallar es un proceso complejo, peligroso y prolongado que puede llevar décadas. Por ejemplo, Bosnia y Herzegovina se declaró libre de municiones en racimo más de treinta años después de finalizado el conflicto armado, mientras que Laos sigue eliminando la contaminación por municiones en racimo desde la década de 1970.
- Impacto en niños: en la mayoría de los países, los niños resultan más afectados y constituyen un porcentaje importante del total de víctimas. Las submuniciones, a menudo pintadas de colores brillantes, atraen su atención, ya que las confunden con juguetes. Pueden explotar al menor movimiento, lo que produce heridas graves o la muerte.
Los cuerpos de los niños, más pequeños y en desarrollo, los hacen especialmente vulnerables a lesiones graves, entre otras, mayor cantidad de amputaciones, hemorragias letales y discapacidades a largo plazo. Aparte del daño físico, los niños suelen padecer graves efectos psicológicos, en particular, ansiedad, miedo y estrés postraumático, lo que altera su desarrollo y bienestar.
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Los sobrevivientes de municiones en racimo afrontan dificultades físicas, psicológicas y socioeconómicas de por vida. Con frecuencia, las lesiones derivan en costos de salud cada vez más elevados, acceso limitado a la educación y obstáculos para el empleo, en especial en zonas afectadas por conflictos armados en donde la infraestructura está destruida y los recursos son escasos.
La rehabilitación no es solo un servicio: es un mecanismo de atención vital. Evita que los sobrevivientes queden relegados y ayuda a romper el ciclo de incremento de la vulnerabilidad.
El Programa de Rehabilitación Física del CICR cumple una función esencial que presta servicios integrales centrados en las personas para atender las complejas necesidades de los sobrevivientes, lo que implica, entre otras actividades:
- fisioterapia temprana y sostenida para recuperar la fuerza y la movilidad;
- servicios de prótesis y ortesis que brindan soluciones adaptadas a las condiciones específicas del paciente;
- servicios de salud mental y apoyo psicosocial (SMAPS) que ayudan a que los sobrevivientes procesen el trauma, la pérdida de seres queridos y los problemas para adaptarse a su nueva realidad.
Si bien una extremidad artificial permite restablecer la movilidad y la autonomía, solo la prevención puede lograr que nadie sufra las heridas o las consecuencias de por vida que generan estas armas.
La Convención sobre Municiones en Racimo no solo tiene la finalidad de prohibir un arma: intenta proteger a la población civil, restablecer la dignidad de los sobrevivientes y que ninguna comunidad se vea obligada a vivir con el mortal legado de las guerras pasadas.
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En la actualidad, el CICR está asociado con 20 Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y dispone de más de 2.100 empleados y voluntarios que trabajan con las comunidades en riesgo para ayudar a reducir su exposición a daños. Su proximidad a las poblaciones afectadas y la presencia local sostenida permiten un diálogo fluido con las comunidades a fin de comprender la evolución de los riesgos y los patrones de exposición, y así adaptar el apoyo a la situación y las necesidades.
Esa labor reviste gran importancia en contextos de alto riesgo, de difícil acceso y con conflictos activos. En situaciones en las que la contaminación es reciente o la inseguridad y las limitaciones operacionales retrasan la realización de estudios técnicos y las tareas de remoción, la sensibilización sobre riesgos y comportamiento más seguro quizás sea una de las pocas medidas que pueden ayudar a las comunidades a reducir su exposición a los daños. Complementa las obligaciones de los Estados Partes en lo que respecta a la remoción en las zonas contaminadas; sin embargo, es importante resaltar que no reemplaza a la remoción.
El CICR también trabaja en colaboración con los Estados para fortalecer la capacidad de las organizaciones nacionales que participan en los estudios técnicos y la remoción, brindándoles formación y equipamiento para garantizar que se respete la normativa internacional. En este sentido, el CICR próximamente implementará un sistema de teleobservación que no solo agilizará la limpieza de las tierras, sino que también le dará al proceso más seguridad y eficacia en cuanto a costos..
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Los tratados de desarme humanitario salvan vidas incluso fuera del ámbito de los Estados Partes, ya que reconfiguran las normas internacionales contra las armas inaceptables. Desempeñan una función vital en reafirmar los principios humanitarios, reducir el riesgo de escalada de los conflictos y generar confianza entre los Estados. Son un baluarte en los momentos más difíciles, una salvaguarda fundamental para garantizar que, en los conflictos armados, predomine la humanidad.
Es esencial priorizar el desarme humanitario tanto en tiempo de paz como de guerra. Mediante iniciativas de esta índole, podemos fortalecer el derecho internacional humanitario evitando, mitigando y remediando el sufrimiento humano y el daño ambiental que causan cierto tipo de armas, como las municiones en racimo.
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Como parte de la iniciativa conjunta con el resto del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para reducir los efectos de las municiones en racimo, y
encomiando el compromiso de los Estados Partes en la Convención con respecto a un mundo sin municiones en racimo, el CICR los exhorta a proceder de esta manera:
- implementar fielmente la Convención;
- condenar todo empleo de municiones en racimo, independientemente del lugar, la persona que lo lleva adelante y las circunstancias.
El CICR también insta a todos los Estados a realizar estas acciones:
- firmar, ratificar o adherirse a la Convención y evitar socavar las protecciones;
- promover la sensibilización de la opinión pública sobre la manera en que el desarme y el derecho internacional humanitario salvan vidas.
El CICR también llama a todos los Estados y partes en conflictos armados a cesar de inmediato en el uso, la producción, la transferencia y el almacenamiento de municiones en racimo.
Además, los Estados deberían llevar a cabo lo siguiente:
- adoptar medidas integrales de asistencia a las víctimas, en especial, rehabilitación física, apoyo en salud mental y reinserción social;
- garantizar el acceso oportuno a los servicios de rehabilitación para evitar que se acentúe la vulnerabilidad y permitir que los sobrevivientes recobren su autonomía y dignidad;
- concentrarse en resultados que contemplen la calidad de vida —por ejemplo, la educación, el empleo y la participación en la comunidad— como factores de idoneidad de la asistencia a las víctimas;
- invertir en sistemas de rehabilitación nacionales formando profesionales locales, estableciendo centros accesibles y garantizando que los dispositivos de asistencia sean asequibles.