Colombia, vivir en medio del conflicto: episodio 7 - "Una madre no se cansa de esperar"

Los episodios se estrenarán individualmente cada 15 días y se podrán leer en nuestra página web.

12 enero 2022
Colombia, vivir en medio del conflicto: episodio 7 - "Una madre no se cansa de esperar"

Este episodio narra dos historias: por una parte, la cotidianidad de alguien que tiene a un familiar desaparecido, mientras su mente y su corazón siempre están evocando a quien no está. La segunda parte es la historia de otra persona que ha pasado por una experiencia similar, pero cuyo proceso de búsqueda finalizó, pues con apoyo del CICR logró recuperar el cuerpo de su ser querido. Esta última persona describe cómo logró sobrellevar toda la ausencia de su familiar, sin dar a entender que todas las personas van a tener éxito en la búsqueda (para no generar falsas expectativas).

 


Transcripción

[Dramatizado - pensamiento]: Yo también te pienso, yo también te extraño, yo también recuerdo la última vez que nos vimos. La última llamada, ese último adiós. Yo sé que para ti no soy un caso más, lo tengo muy claro. Porque, aunque soy uno de los miles de desaparecidos de este país, siempre voy a estar presente en tu corazón.

[Jorge]: Suena el despertador, Elizabeth se levanta, hace un ritual para recordar a su ser querido desaparecido...

[Elizabeth]: Mi nombre es Elizabeth Cardona Londoño, tengo 55 años, nací aquí en el Carmen de Atrato, Chocó, y soy comerciante independiente. Tengo 3 hijos.
De mis tres hijos, uno de ellos me lo desaparecieron. Tengo a Roberto Carlos y a Elizabeth Cristina. Mi hijo Jeiler Darío es el mayor y a él me lo desaparecieron cuando tenía 26 años.

Yo mantengo un cuadro acá en mi sala desde que él nació hasta el día que me lo desaparecieron, porque como éramos papá y mamá de Jeiler Darío tan demasiado detallistas, que les celebrábamos a ellos todos sus cumpleaños, entonces tengo esas foticos ahí con torticas y todo, y eso yo lo mantengo en la sala, entre la sala y la cocina, y lo miro mucho y eso a mí me da como descanso.

[Jorge]: Elizabeth continúa con sus labores cotidianas. En medio de todo, la vida sigue pasando...

[Elizabeth]: Jeiler Darío que fue el que me desaparecieron, se enfrentó pues ya con esa realidad de la vida, pues como todo joven, con ilusiones de vivir, de trabajar, de salir adelante, no le gustó estudiar; entonces, en base a eso se colocó a trabajar, pues como independiente. Le gustó mucho, pues, las ventas de, como se dice "manero", que vendían relojes, que vendían cachuchas, que vendían, pues, cachivaches.

Primero trabajó en Quibdó y se fue desplazando a cada uno de los municipios del departamento de Chocó; entonces, ya después se programó una ida a Pizarro y allá fue donde me lo desaparecieron. Eso fue el 2 de julio del 2009 y, pues, hasta hoy no sé absolutamente nada de él, pues lo que sí sé es que a él me lo mataron y que está enterrado por allá en un sitio saliendo de Pizarro.

Desde ese 2 de julio del 2009 hasta hoy, pues no ha sido fácil porque a mí eso me partió mi alma, todo mi ser; perdí las ilusiones de vivir, ese deseo de soñar y esa mujer feliz que era antes, pues no ha sido fácil volver a rescatarla, ¿si me entiende? Pero, como ya tengo otros 2 hijos, cuando ellos me encontraban llorando demasiado y encerradita, y en ese mar de lágrimas a veces, entonces ellos me decían: "mamá, usted también nos tiene a nosotros", entonces yo les decía a ellos: "mijos, no se preocupen que yo ya, ya casito, ya casito, ya casito dejo de llorar".

Entonces, he tratado de hacer mucho esfuerzo. El no poder uno despedir un hijo eso es muy duro, uno se recuerda mucho las últimas palabras que él le decía cuando estaba en las manos de esas personas que lo tenían, como, por ejemplo, una de ellas: "Mamá, Dios me la bendiga, yo la quiero mucho, yo soy lo que soy en mi vida por usted". Si he hecho de todo he andado, pues prácticamente de oficina en oficina, de funcionario en funcionario...

[Jorge]: Así pasa un día más para Elizabeth. Ella no duerme sin antes preguntarse de nuevo: ¿qué pasó con su hijo? ¿dónde está? ¿cómo recuperarlo? Así, una y otra y otra vez y otra vez... Por esto, Elizabeth decidió pedir ayuda...

[Elizabeth]: Cuando yo me vi pues muy ahogada, demasiado ahogada en el dolor, busqué a la Cruz Roja Internacional y de ahí, de eso, lo que yo pedía era que... yo pensaba sinceramente que ellos, pues, como que eran las personas que me iban a decir de una vez: "su hijo está en tal lugar" o "lo encontramos"; pero las cosas no son fáciles. Uno muchas veces se ilusiona y cuando va a las reuniones uno cree que le van a decir: "si vea Elizabeth, ya dimos con el caso de su hijo, con los restos de su hijo", que es lo que más anhelo tener para poder hacerle cristiana sepultura.

De esa petición que hice para una recuperación psicosocial, yo le pedí a la Cruz Roja Internacional (CICR) que me regalaran esa ayuda psicológica, y eso sí lo pudimos lograr, más o menos como a 30 personas y de ahí nació una asociación que en el momento está en curso.

Después de estos 12 años hasta hoy ya puedo hablar, a veces, un poco de mi hijo sin llorar, pero de igual manera, pues, usted sabe que somos sensibles. Una madre no se cansa de esperar, siempre uno tiene esa luz de esperanza encendida, pensando en que en cualquier momento el teléfono va a timbrar o que hoy en día por las redes sociales alguien nos va a decir algo, y yo soy una persona que yo no solamente pienso en mi caso, en lo que es el mío, sino también en el caso de los demás. Me da mucha tristeza cuando en las familias me dicen: "nosotros tenemos un hermano o mi papá, mi mamá o tenemos a alguien desaparecido", eso me da mucha tristeza.

[Jorge]: Como Elizabeth, miles de madres, esposas, hermanas y familiares de personas desaparecidas en Colombia no esperan, sino que buscan y además conservan la esperanza.

[Elizabeth]: Hijo te buscaré mientras viva, mientras viva. Hasta que Dios me tenga en ese mundo seguiré tocando puertas. Yo no sé cuánto voy a durar, pues ya me salvé del COVID, ya estoy vacunada, entonces yo sigo buscando, yo sigo tocando puertas.

[Jorge]: Y así vive Elizabeth su día a día, siempre pensando en su hijo y en los demás familiares de desaparecidos en Colombia, escribiendo para sanar su corazón y el de los demás:

[Elizabeth]: Y titula "Hoy vengo": "Hoy vengo a refrescar mi frente de poeta, a esos que lloran en silencio y tienen el corazón llagado, para aquellos que se muerden los labios y lágrimas vierten en secreto y se llenan de coraje para continuar la vida. Por los que sonríen sin decir que tienen miedo en el alma y se llevan el corazón destrozado y que simplemente el mundo está derribado. Hoy vengo a refrescarles el alma a aquellos valientes que lloran a escondidas mordiendo la almohada cada noche porque no hay palabras que sean escuchadas ni nada que sea comprendido".

[Jorge]: Dentro de las miles de historias, también existen las de las personas que lograron encontrar a su ser querido. Este es el caso de Luz Tania, quien recuerda cómo fue su día a día sin tener noticias de su hermano...

[Luz Tania]: Me llamo Luz Tania Zapata, tengo 39 años de edad, nací en la ciudad de Medellín.

Mi historia inicia a finales de febrero del año 2010, donde la vida da un giro inesperado y nos vemos marcados toda la familia, especialmente la vida de mi padre y la mía por la trágica desaparición forzada de nuestro ser querido, mi hermano Jonathan. Yo lo llamo la última cena entre hermanos, ya que le realicé su última comida antes de él partir a trabajar. En ese tiempo vivíamos juntos mis hijos, mi esposo, mi padre, mi hermano y yo.

A comienzos de marzo me llama y me dice que se encuentra en un corregimiento de Istmina en el Chocó. Se nota sonriente, como siempre, con su tono burlesco, me dice que me porte bien que él está bien y que vendría a finales de Semana Santa. Se podría decir que fue la última llamada, la última sonrisa y el último adiós. Digo que se podría decir porque siempre está ahí en esas fechas especiales, en esa comida, en esas charlas y risas, yo siempre lo sentí y lo siento aún.

Desde el mismo momento de la desaparición, mi vida queda marcada. No solo por no tener ese ser querido al lado, sino porque mi hermano también era una ayuda económica muy grande para mí; todos los gastos eran compartidos y al dar un giro de 360 grados que nunca se imagina una persona que le va a pasar, pues pierdo el trabajo, por la impotencia de no quererme levantar de la cama al ver a mi padre decaído, ver que perdemos peso y frustrados ante la impotencia de no poder hacer nada, de no tener información de él, de repente y al cabo de 5 meses entro en razón y me pregunto a mí misma ¿Y mis hijos qué?

Así que inicio labores en un almacén de belleza y siento que Dios me puso ese trabajo para enmascarar en gran parte el dolor que me invadía. Así pasaron los años, me sentía una Magdalena, lloraba por todo, en el bus, en el trabajo, en la cocina, en el baño, bueno, aún lo hago mucho, pero recordar cada momento vivido con él era bastante grato y a la vez muy doloroso.

Algo muy particular, y esto nunca se lo he dicho a nadie, es que lo veía en todos lados, siempre veía parecido en hombres con sus mismos rasgos, hum y más dolor, pero siempre centrada y a la espera de recibir noticias en cualquier momento. Y así era, me invitaban a conferencias de víctimas del conflicto armado a escuchar testimonios y pensaba "no hay desaparición más dolorosa que otra, todas son dolorosas".

Me llené de más fuerza y cada día lo esperaba. Me despertaba cada mañana y le daba gracias a Dios por un día más de vida y hablaba con mi hermano para que donde estuviera me ayudara y no me desamparara y, como escribió Charles Chaplin: "La vida es una obra de teatro que no permite ensayos", así que río, bailo, canto y gozo la vida para que cuando el telón baje, sea con muchos aplausos.

[Jorge]: Aunque Luz Tania no conoce a Elizabeth, las une el sentimiento de tener desaparecido a un ser querido...

[Luz Tania]: Yo tenía que saber qué pasó. La verdad, no sabía cómo explicarle a mi abuela, a mi bisabuela, a los tíos, primos y demás familiares lo que había ocurrido. Él era el ñaño de la familia, como le decimos aquí en Medellín a esas personas que son las más consentidas y mimadas, para mí era mi hermano, mi ñaño, mi amigo, mi compañero de vida desde que nací y llegué a su vida, ya que solo me llevaba un año y medio de diferencia en edad.

Es duro recordar, pero creo que es más duro ser olvidado, así que como nunca desfallecí siempre queriendo saber de él, yo siempre guardé la esperanza de quererlo ver. Me preguntaba ¿cómo estará?, ¿será que fue torturado?, ¿será que suplicó por su vida? y muchas más cosas que se me vinieron a la cabeza, por tantos años y en estos largos 11 años.

Llega la noticia de que había fallecido, que le habían dado muerte. Me partí en dos cuando recibí esa noticia, mi alma salió de mi cuerpo y perdí la respiración, sentía odio, rabia, angustia, no encontraba consuelo en nada ni en nadie. Yo decía: "pero si él llegó a trabajar sin hacerle daño a nadie", "deberían devolverlo con vida", pero, de pronto, me vuelve el alma al cuerpo y digo: "debo buscarlo sin importar el tiempo que tarde voy a demostrarme a mí, a mi padre, a mis seres queridos que vamos a saber de él en cualquier momento".

Todos nos aferramos a la oración, al clamor a Dios, que nos devolvieran su cuerpo, a la confianza de aquellas personas que siempre nos estaban informando del caso. Siempre guardé la esperanza de saber de él, de poderlo ver sin importar las consecuencias.

[Jorge]: Luz Tania hoy deja un mensaje para todos aquellos que están atravesando esta misma situación, a quienes se debaten entre seguir o no seguir buscando.

[Luz Tania]:Le doy un mensaje a todas las familias que tienen un familiar desaparecido y han sido víctimas del conflicto armado, especialmente aquellas que siguen a la espera de recibir noticias de su ser querido: nunca desistan, nunca desfallezcan, no pierdan la fe sigan creyendo que va a parecer aun sabiendo que puede ser en condiciones no esperadas, no dejen de buscar, primero busquen dentro de ustedes de sus corazones y sabrán como todo va fluyendo para el reencuentro más bonito y anhelado por todos, pero deben de tener fe, no pierdan la esperanza, no dejen que nada ni nadie los callen, ya callaron a ese familiar y ya bastante han sufrido con la larga espera...

[Jorge]: A pesar de sus dificultades, Elizabeth y Luz Tania siempre continuaron con sus vidas, sin rendirse.

Los familiares de las personas desaparecidas tienen necesidades muy distintas, pero, sin duda, el saber qué pasó y dónde está su ser querido es una de sus principales exigencias y derechos.

Como sociedad debemos solidarizarnos con ellas y apoyarles en el proceso de buscar o no a su ser querido.

 ← VOLVER A LA PÁGINA DEL CICR EN COLOMBIA