La vida en ruinas: Marawi, un año después

  • Diane, de Saguiaran
    Diane, de Saguiaran
    Mi marido y yo no sabíamos a dónde ir, o dónde pedir ayuda. Simplemente seguimos a la multitud que salía de la ciudad de Marawi. Un año después del conflicto, aún no tenemos idea de lo que nos espera. Todo esto está comenzando a pesarme, y admito que hay momentos en los que quisiera darme por vencida. Pero, por el bien de mis hijos, trato de mantenerme fuerte.
    CC BY-NC-ND / CICR / Ramin Hashempour
  • Jalil, de la ciudad de Marawi
    Jalil, de la ciudad de Marawi
    Terminamos ocultándonos, junto con unas 50 personas, en una casa que estaba a solo diez metros de la nuestra. Conscientes de que no podrían ir a ningún lado, mis padres decidieron volver a casa. Fue la última vez que los vi. Voy a la funeraria Capin cada vez que llega información de que han recibido restos mortales. Es como continuar buscando algo que se perdió, sin poder encontrarlo. Es lo que más duele.
    CC BY-NC-ND / CICR / Ramin Hashempour
  • Jahara, de la ciudad de Marawi
    Jahara, de la ciudad de Marawi
    Soy docente de inglés en la Universidad del estado de Mindanao en Marawi. Era muy complicado dar clases porque, a veces, nuestras voces debían competir con el ruido fuerte de las explosiones. A veces, debíamos detenernos cuando las explosiones continuaban, porque nuestros alumnos estaban demasiado aturdidos como para comprender lo que les decíamos. Fue un gran desafío para mí, pero estoy contenta de que pudimos completar un semestre.
    CC BY-NC-ND / CICR / Ramin Hashempour
  • Sohayla, de la ciudad de Marawi
    Sohayla, de la ciudad de Marawi
    Desde nuestra tienda, podía ver lo conmocionado que estaba todo afuera. Fue sobrecogedor ver a la gente correr para resguardarse, aparentemente confundida con lo que sucedía alrededor. Mi marido y yo no nos marchamos, ya que teníamos la esperanza de que los enfrentamientos acabaran pronto. Estuvimos varios días encerrados, sin poder salir, con escasas provisiones. Tuvimos que racionar los alimentos y el agua que nos quedaba, y limitarnos a una comida por día. Ahora que tuvimos la oportunidad de volver a casa, estamos comenzando de nuevo.
    CC BY-NC-ND / CICR / Ramin Hashempour
  • Jalanie, de Saguiaran
    Jalanie, de Saguiaran
    Mi esposa Farhana dio a luz a nuestro hijo más pequeño en el momento más crítico de los enfrentamientos. Cuando el bebé nació, no tuvimos ningún tipo de asistencia. Ni siquiera nuestros parientes pudieron ayudarnos, ya que no les era fácil contactarnos. Acaba de cumplirse un mes desde que recibimos artículos de socorro. Sigue siendo difícil la situación, ya que nuestros niños son muy pequeños y no tenemos otra fuente de ingresos.
    CC BY-NC-ND / CICR / Ramin Hashempour
  • Mohamed, de la ciudad de Marawi
    Mohamed, de la ciudad de Marawi
    Los pacientes y los empleados del centro médico comenzaron a ser evacuados. Pero como enfermera de emergencias, recibí instrucciones de no abandonar el hospital. Nosotros recibiríamos a los pacientes heridos. Tuve miedo, pero eso no me impidió mantener el hospital en funcionamiento en medio de los enfrentamientos. Es muy triste que nuestra propia ciudad, tan hermosa, se haya convertido en cenizas.
    CC BY-NC-ND / CICR / Ramin Hashempour
  • Abdulá, de la ciudad de Marawi
    Abdulá, de la ciudad de Marawi
    Trabajo como conductor para el CICR. Nací en Marawi. En los primeros tres días de enfrentamientos, mi familia se negó a abandonar nuestro hogar. Pero cuando se hizo evidente que las hostilidades continuarían, decidieron buscar refugio en el centro de evacuados más cercano. A pesar de todas mis preocupaciones por la seguridad y la situación de mi familia, ayudé a transportar de manera segura a cientos de familias de la ciudad durante la crisis. Ahora, mi familia está de regreso. Realmente estoy agradecido de que nada malo les haya ocurrido.
    CC BY-NC-ND / CICR / Ramin Hashempour
23 mayo 2018

El 23 de mayo de 2017, se produjeron enfrenamientos armados en la ciudad de Marawi, en la provincia de Lanao del Sur, en la región meridional de Filipinas. Lo que muchos residentes pensaron que se trataría de breves enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales y combatientes del Estado Islámico Ranao se convirtió en un conflicto urbano altamente destructivo que duró cinco meses. Más de 300.000 personas huyeron de sus hogares y vivieron como desplazadas durante ese período.

Si bien algunas familias han comenzado a reconstruir sus vidas, unas 230.000 personas, incluidos residentes de la principal zona afectada, aún continúan desplazadas. Otras todavía no han restablecido el contacto con sus seres queridos y no saben qué sucedió con ellos.

Estas personas cuentan historias de fe, lucha, dolor y esperanza, y también de la impresionante resiliencia de las víctimas del conflicto en Marawi.

Mantenemos firme nuestra ayuda a quienes huyeron del conflicto y nos esforzamos por satisfacer las necesidades en el marco de la respuesta durante la etapa de recuperación temprana, en coordinación con las autoridades y otros organismos de socorro.