Principios fundamentales: reafirmar nuestro sentido de humanidad, neutralidad e imparcialidad

08 octubre 2015

Por Tadateru Konoé, presidente de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja

El quincuagésimo aniversario de la aprobación de los principios fundamentales del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Movimiento) constituye una importante oportunidad de reflexión acerca de su función en los esfuerzos pasados, presentes y futuros destinados a cincelar la acción humanitaria.

Aunque conmemoramos el aniversario de la declaración formal de los principios fundamentales, estos no surgieron de la noche a la mañana en 1965. Nacen con el origen de las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en los campos de batalla de Solferino, y se han forjado a través de más de un siglo de experiencia en la labor de protección de la vida y la dignidad de las personas afectadas por desastres y conflictos armados en el mundo.

Nuestros principios – humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, servicio voluntario, unidad y universalidad, aportan guía para nuestras decisiones, contenido para nuestra reflexión y orientación en la configuración de nuestras actividades de manera que correspondan a la era y a las situaciones en las que intervenimos. Son fuente de coraje e inspiración para nuestra intervención ante los extremadamente complejos y sobrecogedores desafíos humanitarios que caracterizan al mundo contemporáneo.

Los principios fundamentales son el elemento de cohesión del Movimiento que nos confieren nuestra identidad específica. En cualquier visita a una de las ciento ochenta y nueve Sociedades Nacionales observarán que, sea cual fuere la gama de actividades que realiza, su labor reposa sobre un entramado común que genera el espacio para la acción humanitaria viable, esto es, la firme adhesión al principio de humanidad y de servicio para atender a las necesidades de las comunidades con neutralidad e imparcialidad.

Reafirmación del sentido de humanidad

La conmemoración de la declaración de los principios fundamentales coincide con un momento de la historia en el que millones de personas se ven afectadas por conflictos y en el que la espiral de horror a forzado a millones de persona a abandonar sus hogares, desencadenando movimientos de poblaciones en Europa, Oriente Medio, África, América y Asia. Para muchos de ellos la decisión de desplazamiento se deriva también de otros factores, tales como los desastres naturales, la pobreza, las repercusiones del cambio climático, o la escasez de servicios básicos. Para una excesiva cantidad de estas personas, la acción humanitaria es la única cuerda de salvamento.

No obstante, en medio de tan trágicas circunstancias, surgen también historias ejemplares de sentido humanitario. Miles de voluntarios de las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, desde México hasta Grecia, se han movilizado para proporcionar atención de salud básica, alimentos, agua o ayudar en el restablecimiento de contacto entre seres queridos. Se trata apenas de uno de los muchos ejemplos, que trascienden contextos históricos y geográficos, ya se trate del terremoto en Nepal, del tsunami en el océano Índico o del terremoto en Haití – en los que los voluntarios de las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja han trabajado hombro a hombro con las comunidades para aportar esperanza más allá de la tragedia y del desastre.

En la celebración del quincuagésimo aniversario de la adopción de los principios fundamentales hemos de reafirmar el principio de humanidad como la razón de ser de nuestra labor. Pese a la sobrecogedora

impresión ante la ingente tarea por delante, guiados por el sentido de humanidad, nuestras fuerzas no menguarán y sabremos mostrarnos a la altura de los retos.

Reafirmación de los principios de imparcialidad y neutralidad

Si bien el principio de humanidad es el eje central del mandato del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, el eficaz cumplimiento de nuestra labor humanitaria depende del respeto y de la comprensión de la neutralidad y la imparcialidad de sus componentes.

Ya se trate de agua salubre o de atención médica vital para garantizar adecuadas condiciones de salud de las personas, prestamos servicios imparcialmente a todas las partes en un conflicto, o a quienes se han visto afectados por desastres, independientemente de su etnia, religión, o nacionalidad. Prima exclusiva y estrictamente el criterio de la necesidad.

No obstante, con lamentable frecuencia se considera nuestra intervención imparcial bajo un prisma de suspicacia; de alguna manera, las personas infieren que nuestra asistencia aporta legitimidad a algún fin político –en particular si para aportarla hemos de negociar con grupos armados. La realidad reside precisamente en lo contrario, esto es, que somos capaces de prestar servicios con imparcialidad porque somos una organización neutral, pero ese carácter neutral e imparcial debe ser aceptado y respetado.

La politización de la asistencia humanitaria es la mayor amenaza que pesa sobre nuestra capacidad para brindar asistencia en ciertos lugares del mundo. En la celebración de este quincuagésimo aniversario conviene recordemos que para preservar el acceso a los lugares en donde las necesidades son más acuciantes y para prestar nuestros servicios, debemos reivindicar nuestra neutralidad y nuestra imparcialidad e impedir que se tome como rehén a esos principios con fines políticos. Así, exhortamos a los Estados a que respeten nuestra neutralidad e instamos a los agentes humanitarios a que apliquen de manera rigurosa el principio de imparcialidad en la prestación de asistencia humanitaria.

Ante la confusión y poca claridad que pudiera reinar en el inexplorado territorio humanitario contemporáneo, los principios fundamentales adquieren toda su dimensión intrínseca. Durante ciento cincuenta años han sentado nuestro norte y han orientado nuestras decisiones éticas y operativas. En la celebración del quincuagésimo aniversario de su aprobación, hemos de detenernos y dejar sentada su vigente pertinencia para la asistencia y la protección humanitarias incluso en la actualidad. Hemos de enriquecerlos, reafirmar nuestra adhesión a ellos y difundirlos entre las nuevas generaciones.

¿Por qué hacerlo?

Sencillamente porque funcionan.