Visitas de familiares: una necesidad emocional

  • Yousef y su esposa Halema, ambos de 73 años de edad, tienen dos hijos detenidos en Israel. A lo largo de los últimos 30 años, han conseguido visitarlos gracias al programa de visitas de familiares que dirige el CICR. Qattana, Cisjordania, abril de 2017.
    CC:Fadi Arowi/CICR
  • Falastine vive en la ciudad cisjordana de Yenín con su bebé. Su esposo, Samer, está detenido en Israel. Para visitarlo, Falastine necesita tramitar un permiso a través del CICR. Si la autorizan, podrá visitar a su marido por medio del programa de visitas de familiares que dirige el CICR. Yenín, Cisjordania, abril de 2017.
    CC:Alaa Badarneh/CICR
  • Kheiri Skafi nació en 1942. Tiene cinco hijos varones y ocho hijas mujeres. En 2000, a uno de sus hijos lo condenaron a veinte años de prisión. Desde ese momento, toda su familia, que hoy incluye a los cuatro hijos y la esposa de su hijo detenido, participa en el programa de visitas de familiares que dirige el CICR. Hebrón, Cisjordania, abril de 2017.
    CC:Jesus Serrano Redondo/CICR
  • Ghozlan tiene 86 años. Todavía conserva todos los permisos que tuvo que tramitar en las décadas de 1980 y 1990 para visitar a su hijo, entonces detenido. "Visité a mi hijo gracias al programa de visitas de familiares que dirige el CICR, durante más de diez años. Todavía tengo todos sus mensajes. Forman parte de mis recuerdos." Hebrón, Cisjordania, abril de 2017.
    CC:Jesus Serrano Redondo/CICR
  • Um Ibrahim, una viuda de 77 años, tiene catorce hijos. Conoció el CICR en 1983, cuando a su hijo lo detuvieron por un año y medio. A lo largo de todo ese tiempo, tuvo que depender del programa de visitas de familiares que dirige el CICR para poder verlo. Además, a través de los delegados del CICR, pudo intercambiar mensajes y fotografías con su hijo. Campamento Jabalia - Norte de Gaza, abril de 2017.
    CC:Nidal al-Wahidi/CICR
  • Mohammed nació en 1993. Cuando detuvieron a su padre, ni había cumplido los cinco años de edad. A través del programa de visitas de familiares que dirige el CICR, él y su madre hoy pueden visitarlo. Al Aizariya, Jerusalén, abril de 2017.
    CC:Atta Jabr/CICR
  • Latifa vive en Qalandia, Cisjordania, y tiene siete hijos. Dos de ellos están detenidos. Durante los últimos dos años, Latifa ha podido verlos gracias al apoyo prestado por el CICR a través de su programa de visitas de familiares. Qalandia, Cisjordania, abril de 2017.
    CC:Fadi Arowi/CICR
02 mayo 2017

Las visitas de familiares a las personas privadas de libertad son de vital importancia en el plano emocional, tanto para estas como para aquellos. El caso de los palestinos recluidos en lugares de detención israelíes no es la excepción.

Desde 1968, el CICR dirige y administra un programa de visitas de familiares que permite a los habitantes de la franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén y el Golán ocupado visitar a sus familiares recluidos en lugares de detención israelíes.

Israel detiene a palestinos dentro de su territorio, pero no en el territorio ocupado, tal como establece el derecho de la ocupación. Por eso, los familiares que desean visitar a una persona detenida tienen que obtener autorizaciones especiales, soportar largas esperas para cruzar terminales y puestos de control, y emprender largos viajes para encontrarse con sus seres queridos.

Esta galería de fotografías muestra a algunos familiares de detenidos palestinos que han participado en el programa de visitas de familiares que dirige el CICR.

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