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Perú: Historias de Socos

Texto original de Vera Lentz Herrigel, resultado de su seguimiento histórico e investigación sobre las desapariciones en Socos, Ayacucho. Elaborado para el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), en conjunto con Jesús Moya Choy.
Vera LENTZ
Vera Lentz
Herminia Quispe Sulca

Herminia Quispe Sulca es una víctima de la violencia ocurrida en las afueras de la comunidad de Socos, Ayacucho, el 13 noviembre de 1983. Esa noche ella fue testigo de cómo se llevaron a su padre Marcial Quispe, el gobernador del pueblo; Saturnina Sulca Noa, su madre; Natividad, su hermana y Pedro, su hermano. Estos hechos sucedieron cuando la comunidad celebraba la pedida de mano de Maximiliana Zamora Quispe. En ese momento, más de 30 personas fueron víctimas de la violencia y la desaparición en una quebrada denominada Balcón o Balconilloq.

Herminia, hija, madre, hermana, esposa, agricultora, es también la fundadora de la Asociación de Víctimas Trece de Noviembre de 1983. Una de sus cualidades más admirables y cruciales siempre ha sido su total compromiso, durante décadas, haciendo honor a su nombre de luchadora. Ni ella ni los familiares afectados sintieron el apoyo de la sociedad y con sus propios esfuerzos decidieron fundar su asociación, con la meta de dar cristiana sepultura a las víctimas. Ella es la presidenta y Mercedes Zamora, la hermana de la novia Maximiliana, es la vicepresidenta. Todos los años organizaron los memoriales con los familiares, hicieron colectas para las comidas, las misas, las romerías al lugar de los hechos con flores y no pararon de buscar, insistiendo en el entierro digno de todas las víctimas. Herminia Quispe Sulca y Mercedes Zamora hicieron que los hechos que no tienen palabras se graben en el tiempo con sus palabras, con su persistencia de 41 años. Un trauma que conlleva a un quiebre que no se olvida.

No es una tarea fácil escribir sobre personas que han vivido situaciones de extrema violencia e injusticia si uno no las ha vivido. Según estudios, estos traumas son un quiebre total en la vida de los testigos. Como lo explica la periodista Carolyn Emcke, estas experiencias parecen estar totalmente desacopladas de lo vivido antes, no se incorporan en la propia historia de la persona, en la comprensión de lo que fue y quien uno fue alguna vez y quienes eran los otros. Como lo describe el escritor alemán Jan Phillip Reemtsa, haber vivido esos traumas es "caerse del mundo". Es un quiebre "civilizador" de una vivencia que devasta y conmociona a la persona en dos partes: por un lado, la relación de la víctima consigo misma y por el otro, su relación con el mundo que la rodea.

Los habían llevado abajo por el huayco, a mi hermano le habían roto su pierna y al otro joven su brazo (…) las jóvenes violadas, gritaban y lloraban (…) hay una señora que se llama Maria Cárdenas, anciana, ella se había escapado. Vino la Señora y nos dijo ya no lloren, ya tu mamá ya no está, ya la han matado ahí en Balconilloq. Hemos ido al consejo porque la niña de 7 u 8 meses había quedado a mi cargo, yo la estaba cargando. (…) Al no retornar mis padres, nosotros estuvimos deambulando por el pueblo pidiendo comida a diferentes personas, comíamos 'sobritas' de comida y tampoco pudimos seguir estudiando. Cinco hermanos abandonados menores de edad. Nosotros hemos quedado traumados y asustados porque presenciamos cómo fueron detenidos mis padres.

Herminia Quispe Sulca Testimonio en entrevista para Radio Wari (2024), donde resume su declaración brindada a la Comisión de la Verdad y Reconciliación en el año 2003.
Fotografía de Vera Lentz
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Herminia Quispe Sulca, 8 años, esta en la plaza de Socos, con los familiares de las más de 30 personas que sufrieron la violencia.

Viajes

  • Noviembre 14 recibo una nota en el casillero del Hotel Turistas Ayacucho: "Matanza en Socos". El 15 viajo a Socos. La policía nos lleva a la casa de Prudencia Cueto Janampa donde su hija, Victoria Cueto Janampa, profesora yace muerta en la cama. Presentes estaban Marcela, otra hija de Prudencia que daba de lactar a su hija Marlene, dos nietos. Según la policía fueron militantes de Sendero Luminoso quienes la habían matado en la madrugada.
    Noviembre 16 y 17, 1983. Levantamiento de los cuerpos de Victoria y Victor por el juez y fiscal. Con resguardo policial, el juez y fiscal deciden ir a la zona y desentierran un cuerpo que resulta ser el cadáver de Alejandro Zamora, padre de Maximiliana.

  • Desentierro de todas las víctimas de Socos. Al llegar, los familiares y las autoridades están congregados en la plaza principal, esperando partir a Balconilloq. Dentro de la multitud una niña de unos 7 años, con su sombrero y una bebé en sus espaldas envuelta en una manta Ayacuchana de la zona, luce paralizada, desolada en medio de todo el ajetreo. Tomo las primeras imágenes de ella. Ya salía la comitiva a la zona de la masacre Balconilloq. Ella no acompaña. Ese día fue la dolorosa exhumación de las 29 víctimas, por los familiares mismos, sin ningún apoyo de las autoridades para la dantesca tarea de la exhumación y después el cavar las fosas comunes para enterrar a sus deudos en la tierra solamente.

  • En noviembre de 2003, además de ser el año de la entrega de informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, los familiares de las víctimas de la matanza de Socos conmemoran los 20 años de lo sucedido. Llego a Socos con fotos tomadas en 1983 y descubro que se llamaba Herminia la niña a quien le tomé las fotos el 19 de noviembre 1983 en la plaza. Ahora Herminia tenía 28 años y era mamá. En 1994 nació su hija Daisy y su hijo Harol recién era un niño. Con Herminia fuimos a la casa oficina de su padre que ya había sido saqueada en 1983 de los documentos del exgobernador. Herminia recogió una pollera y ropa de su madre en esa habitación de vida interrumpida. En la pared está la foto de su padre Marcial Quispe Janampa. Se respiraba desolación. Para el memorial hubo una tendida de ropa y vigilia, una misa, comida… todo tenía que ser organizado y financiado por los familiares y Herminia estaba presente en todas las actividades.

Fotografía de Vera Lentz
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Carlos Gamarra, Herminia Quispe Sulca , Prudencia Cueto Janampa , (primera fila de izquieda a derecha) y los familiares de las víctimas el Domingo 13 de Noviembre de 1983, asisten a la misa en la iglesia de Socos, conmemorando los 20 años del hecho.

Fotografía de Vera Lentz
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Herminia Quispe Sulca 2012 en la casa de Prudencia Cueto Janampa.

Fotografía de Vera Lentz
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Herminia Quispe Sulca, en casa de sus padres recoge ropa de su madre. Ya era mama. Foto tomada Noviembre 14 en Socos después de la misa por los 20 años.

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Herminia hace todo trabajo de chacra, aquí revisando las papas, es agricultora, mamá, esposa.

Fotografía de Vera Lentz
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Herminia Quispe Sulca, presidenta de la "Asociación Víctimas Noviembre 13", pide la colaboración de los familiares para dos actividades cruciales para Noviembre 2022, la conmemoración de los 39 años desde la matanza y la organización de las actividades y financiación por los familiares para la segunda exhumación del 14 al 18 de Noviembre 2022, en el Espacio de la Memoria de Socos (inaugurado 2019),

Viajes

  • En noviembre de 2012, viajo a Ayacucho. Al llegar a Socos busco a Herminia y con ella vamos a las casas de los familiares de las víctimas y al camposanto de Socos. Hay una gran desilusión de los familiares, ya que no hay ningún avance en el caso de ellos para un entierro digno de sus familiares, que todavía siguen en las fosas comunes en Balconilloq.

  • En 2022, con la insistencia de la Asociación y con la decisión de la Dirección General de Búsqueda de Personas Desaparecidas (DGBPD), amparada en la Ley de Búsqueda N°30470, se programa una exhumación. De los 29 cuerpos encontrados en 1983, se encontraron 21 cuerpos y restos humanos de 6 cuerpos, según pruebas de ADN. 

    A diferencia de la exhumación de 1983, donde los familiares realizaron la exhumación y cargaron los cuerpos a la zona de en fosas comunes ante el horror de la situación, en el 2022 cada familiar estuvo acompañado por representantes de la DGBPD, del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y de la red de Salud de Ayacucho. Se tomaron muestras de ADN de los familiares. La meta fue la identificación de los restos humanos y adjudicarlos a sus respectivas familias para después entregarlos a sus familiares y realizar por fin el entierro digno para los afectados. Durante todos estos días Herminia como presidenta estaba presente averiguando todo sobre las exhumaciones, hablando con los familiares, la comida, sirviendo bebidas a todos los presentes. 

  • En el año 2024 los restos humanos y elementos asociados fueron restituidos a los familiares de Socos en una ceremonia organizada en la Catedral de Huamanga, Ayacucho, para luego ser trasladados a Balconilloq, donde recibieron un homenaje y finalmente fueron enterrados dignamente en el cementerio de Socos, de acuerdo con las costumbres de las familias.

Fotografía de Vera Lentz
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Vista general de la segunda exhumación en Balconniyoq, que
ocurrió entre el 14 de Noviembre 2022 al 19 Noviembre de 2022.

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Herminia Quispe Sulca, presidenta de la Asociación de Víctimas Noviembre 13, en el último día de la exhumación en Balconniyoq. Ella estuvo presente todos los días supervisando las excavaciones, porque habían familiares que no e contraron a sus seres queridos.

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Herminia Quispe Sulca, dando su testimonio tras 41 años en la ceremonia de restitución en la Catedral de Huamanga.

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Herminia Quispe Sulca, con dos de sus hermanos y sobrina durante el entierro de su hermano Eduardo Pedro Quispe Sulca, en el nuevo cementerio de Socos, específicamente construido para enterrar a las víctimas.

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Herminia acompañada por Vitka Padilla, de la Dirección General de Busquedad de Personas Desaparecidas, estando en el Lugar de Memoria de Socos, mira su fotografía que le tomé el 19 de Noviembre 1983.

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Herminia Quispe Sulca con sus hermanos y las fotos de Socos 1983 en casa, tomada en 2024.

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Herminia Quispe Sulca regresa a casa el 12 de Noviembre después de recibir con sus hermanos los restos humanos/documentación de la restitución para un entierro digno, de su padre Marcial Quispe Janampa, su madre
Saturnina Sulca Noa, su hermano Eduardo Pedro Quispe Sula y su hermana Natividad Quispe Sulca.

Marleni Yauri Cueto

La primera vez que vi a Marleni Yauri Cueto fue el 15 de noviembre de 1983. Llegué a la casa de doña Prudencia Janampa de Cueto, en Socos, a unos metros del municipio donde estaban acantonadas las exguardias civiles. Por un pasadizo estrecho sin techar, llegué al pequeño patio.   Marcelina Cueto Janampa tenía en sus brazos, envuelta en una manta colorida, a una niña a la que estaba dando de lactar. Recién en el 2022 me entero de que esa niña es Marleni Yauri Cueto.  Ese 15 de noviembre 1983, Marcelina, su madre, con lágrimas en los ojos, reteniendo el llanto, estaba sentada al costado de la puerta de entrada del cuarto y su madre doña Prudencia, delante de la puerta, estaba sollozando. Un silencio envolvía el lugar. Dentro de la habitación yacía muerta la profesora Victoria Cueto Janampa, en la única cama que llenaba el cuarto.   

Unas horas antes de llegar a Socos, doña Prudencia, madre de la profesora Victoria y de Marcelina, con sus tres hijos Jose Alberto, Marleni, y Alicia fueron sorprendidos al amanecer por tres sujetos armados.  Victoria perdió la vida esa noche. Ese día, en la casa de doña Prudencia, tres generaciones de una familia fueron testigos directos de este acto de extrema violencia. Doña Prudencia vio que mataron a su hija delante de ella, sin poder hacer nada.  Es un trauma, un dolor que no te abandona, no hay tiempo que lo cure.

Marcelina, hija de doña Prudencia, presentó ante el Fiscal Superior Decano la denuncia del asesinato de su hermana, la profesora Victoria. Todos los familiares de Victoria estaban orgullosos de ella por su titulación de profesora y no podían dar crédito a lo sucedido. 

Fotografía de Vera Lentz
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Retrato de Marlene Yauri Cueto en nuestro primer encuentro en Ayacucho en Noviembre 2022. Fue muy emocionante para mí ver a Marlene porque durante todos los años siempre me pregunte quién era la bebe hoy en día.

En el 2022, recibí la llamada de Marleni pidiéndome buscar, entre las fotos tomadas el 15 de noviembre 1983, alguna en la cual podría estar ella porque siempre estaba con su mamá. Era muy emocionante enterarme que la bebé envuelta en la manta, lactando, en los brazos de su madre era Marleni con quien hablaba por WhatsApp.  

Nos encontramos por primera vez en noviembre del 2022, en el lobby del Hotel Rivera, en Ayacucho, con su mamá Marcelina Cueto, muy callada y siempre de celeste. Con Marleni son 7 hermanos. Marleni cuenta que en esos años su familia vivió entre Huamanga y en Socos visitando la casa de su abuelita doña Prudencia. El diario vivir en esos años eran tan difíciles para toda la población de Ayacucho por la escalada de la violencia. Habiendo sido testigos de los hechos de extremada violencia y crueldad, ningún miembro de la familia recibió apoyo ni fue reconocido el hecho execrable. 

Marleni, durante su niñez, fue testigo del trauma que sufría su madre y cuenta que la escuchaba a sollozar muchas veces en soledad. Pero, Marleni también y sus hermanos han convivido con el trauma sin recibir algún apoyo psicológico durante los años de su niñez y juventud. Estos traumas dejan sus huellas invisibles en las almas de los familiares. 

Recién, al cumplir los 34 años, Marleni decide titularse para profesora de inicial inspirada por su hermana mayor Carla y por su tía Victoria. Por fin una profesional. Después de terminar su secundaria, Marleni trabajó ayudando a su mamá en el puesto del mercado. Trabajó como vendedora, en restaurantes y en lo que podía encontrar. Ella acompañaba a su abuelita doña Prudencia a las oficinas de derechos humanos e instancias gubernamentales para averiguar sobre la reparación de su hija Victoria. Le decían que recibía la pensión de su hija por ser docente, pero no recibiría ninguna reposición por el asesinato de su hija Victoria por parte de la policía, delante de sus ojos. 

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Marlene Yauri Cueto consuela y conversa (polo blanco) con Valentina Janampa, madre de Adilberto Quispe Janampa, el novio de Maximiliana Zamora Quispe y víctima de la violencia del 13 de Noviembre de 1983.

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Una representante del EFE Equipo Forense Especial, lleva la imagen de Justina Palomino Janampa y un representante del Ministerio Publico carga su ataúd.

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Marlene Yauri Cueto llevando las flores junto a su madre cargando el retrato de Justina Palomino. Detrás de ellas, familiares cargan el ataúd de Natividad, su hija.

En mi visita a doña Prudencia en 2012, al enseñarme las fotos de su hija Victoria, en un álbum de fotos me dice, “He caminado toda mi vida para encontrar justicia para mi hija y no la encontré.” Ella ya presentía su muerte. Estaba mal de salud y sumida en tristeza y desilusión. 

Ahora, Marleni es profesora y también madre. Su hija, Angela Andrea Cosinga es consciente de la importancia de no olvidar y comparte el hecho de no olvidar con su familia por eso participan en los eventos anuales de la Asociación de Familiares 13 de noviembre. Ayudando y acompañando a su abuelita doña Marcelina que siempre viste celeste.  

Si, los traumas de las personas que han vivido actos de extrema violencia no son reconocidos y los individuos afectados no son atendidos, la transferencia transgeneracional de traumas (TTT) es evidente.  

En el 13 de noviembre de 2024, la segunda exhumación de las víctimas y el entierro digno, tan esperado por 41 años de las víctimas, fue un acto de reconocimiento de los hechos.  Ahí fueron apoyados por diferentes organizaciones e instituciones, desde la Fiscalía con el Equipo Forense Especializado (EFE), la DGBPD, organizaciones de apoyo en salud y el CICR. El caso de Victoria no fue incluido en la masacre de Socos. Fueron tratados como dos casos diferentes.

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En el Espacio de la Memoria de Socos (inaugurado el 2019) comiendo almuerzo después de la llegada a Socos.

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En la Casa Comunal de Socos, están todos los 26 los ataúdes para la vigilia; en esta imagen vemos el de Mariluz Cconislla Palomino hija de Justina y Eleuterio), Natividad Cconislla Palomino hija de 8 meses de Justina Palomino Janampa , Eleuterio Cconislla Palomino esposo de de Justina y sus familiares Felix Cconislla Quispe y Silvia Ochatoma. Las muñecas sobre los ataúdes simbolizan que las víctimas son niños.

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Marcela Cueto Janampa, ve la foto tomada hace 41 anos donde esta su madre Prudencia Janampa y ella a su costado.

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Marlene Yauri Cueto, con su hija Angela Andrea Cosinga cargan el ataúd de Justina Palomino Janampa en el nuevo cementerio de Socos.

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Prudencia Cueto Janampa acaricia la foto de su hija Victoria Cueto, víctima a la cual buscó toda su vida.

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Marlene Yauri Cueto, a su derecha el retrato de Justina Palomino Janampa, su familiar, víctima de la masacre de Socos, el domingo 13 de Noviembre de 1983 y Marcela Cueto Janampa, madre de Marlene, cobija el retrato de su hermana Victoria Cueto Janampa.

Los jóvenes, familiares de las personas desaparecidas

Las familias de Socos esperaron décadas para dar un entierro digno a sus seres queridos. En ese tiempo, un pueblo marcado por la muerte vio un nuevo inicio cuando nacieron los descendientes de las personas afectadas directamente por la violencia. La vida en familia y en comunidad, a la vez que crecer en una realidad distinta a la de hace 40 años, les ha otorgado una visión distinta. 

El involucramiento de los jóvenes en la búsqueda de personas desaparecidas no sólo está vinculado a un legado familiar, sino que representa una oportunidad para mantener viva la memoria de quienes ya no están. De este modo, la búsqueda de los seres queridos y las consecuencias del periodo de violencia pueden seguir siendo visibles en la sociedad y en las generaciones futuras, y así contribuir a reparar el tejido social y promover una mejor convivencia social.

En el seguimiento de cuatro décadas a la violencia en Socos, la cercanía a los familiares ha sido constante. Ahora, las nuevas generaciones tienen su propia perspectiva desde lo ocurrido con sus seres queridos, sus propias vivencias y sus proyecciones. Daisy, Harol y Luis Alejandro son jóvenes que aportan a su familia. Daisy es enfermera, Harol desea estudiar arqueología, mientas trabaja se está preparando para el examen de ingreso. Luis Alejandro trabaja en una ladrillera y desea estudiar ingeniería civil.

Los familiares necesitan tener un lugar donde ir a visitar, acompañar a sus difuntos, en el día de la madre o el padre, o el día de todos los santos, tener un lugar donde llevar flores, acompañar y recordarlos.

Harol, nieto de personas desaparecidas.

Se debería seguir investigando sobre los desaparecidos. Si no se encuentra a la persona desaparecida, va a ser como una herida que nunca cerró y cada que se recuerde será un dolor inmenso para sus familiares que nunca pudieron despedirse dignamente de sus seres queridos.

Luis Alejandro, nieto de personas desaparecidas.

La entrega y entierro digno ha tenido un resultado positivo porque ha traído un poco de tranquilidad para mi madre y el resto de familiares. Son 7 hermanos.

Daisy, nieta de personas desaparecidas.

Es noviembre de 2024. En el laboratorio de Equipo Forense Especializado de Ayacucho, están Fabiola, hija de Áurea, hermana de Herminia, un familiar, Daisy la hija mayor de Herminia y Herminia Quispe Sulca, durante la entrega de restos óseos identificados de Saturnina Sulca Noa, madre de Herminia y la abuelita de Daisy. Para Daisy y Harol, hijos de Herminia, durante los tres días de restitución, la entrega de los restos óseos son momentos muy impactantes.

Harol, hijo de Herminia Quispe Sulca, acompaña el ataúd de Saturnina Quispe Sulca, su abuelita, a la que nunca conoció, cargando su cuadro después del acto litúrgico católico en la Basílica Catedral de Ayacucho.  Al salir de la Catedral participaron de un recorrido de la plaza mayor de Huamanga acompañando los ataúdes antes de ser llevados a Socos. Jesús Moya, joven comunicador del CICR, acompaña a las familias mientras registra los acontecimientos, a sus 29 años ya ha registrado decenas de restituciones de cuerpos de personas desaparecidas, acompañado y asistido a los familiares en sus diligencias.

Fabiola sostiene la foto de su madre Aurea Quispe Sulca tomada el 19 de noviembre 1983. Antes del entierro digno del 2024, se hizo una exposición de 19 imágenes tomadas en 1983 por la fotoperiodista Vera Lentz durante la primera exhumación. Conmemoran los 39 años de la violencia acaecida en Socos. Este hecho acabó con la vida de 32 campesinos, de los cuales 10 eran niños. 

Luis Alejandro Quispe Robles, hijo de Luis Quispe Sulca, carga el ataúd de Edith Cárdenas Quispe, para ser llevado al nuevo cementerio de Socos y darle un entierro digno tan largamente esperado. Luis Alejandro que vive y trabaja en Lima con sus padres, viajó especialmente para la restitución y entierro digno.

Después de la misa y conmemoración en Balconilloq, el lugar de matanza en 1983 y el entierro digno en el nuevo cementerio de Socos, los jóvenes posan en una foto de despedida para Luis Alejandro. Harol es llevado a la estación de bus en Ayacucho, tiene que llegar a tiempo a su trabajo, el lunes, en Lima. Los familiares comparten la comida en el espacio de Memoria de Socos frente al local comunal y la casa de Marcial Quispe Janampa, ex gobernador de Socos. Todos participan repartiendo la comida preparada desde el día anterior.

Fotografía de Vera Lentz
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