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República Democrática del Congo: Shwandezi, la bebé sin nombre

RD Congo : Shwandezi, le bébé sans nom
CICR

Gisenyi, Ruanda. Son las 10:30 de la mañana cuando el Land Cruiser –el vehículo característico que utiliza el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en el terreno– se aleja gradualmente del estacionamiento del puesto fronterizo "La Corniche", que separa Ruanda de la República Democrática del Congo (RDC).

Béatrice Ayimana y Patience Tshibangu, miembros del equipo a cargo del programa Restablecimiento del contacto entre familiares (RCF) del CICR, siguen con la mirada al vehículo que se aleja. A bordo viajan tres hermanos procedentes de Goma, en el este de la RDC, para reunirse con sus abuelos, quienes viven en Mudende, cerca de la ciudad de Gisenyi, una localidad situada en el distrito de Rubavu, en el oeste de la República de Ruanda.

Béatrice Ayimana ha seguido cada etapa de esta historia poco común. Con ese vehículo que se aleja de ella y de su colega Patience Tshibangu, comienza otra historia para estos hermanos. Ella, al igual que todos sus colegas, siente el orgullo del deber cumplido.

"Es un orgullo para todo el equipo haber logrado localizar a la familia de un bebé de menos de un año con tan poca información disponible y conseguir reunirlo con sus familiares de forma segura", explica Béatrice Ayimana con el rostro radiante y una amplia sonrisa.  

"Las autoridades estaban lejos de imaginar que fuera posible encontrar a la familia de un bebé del que se desconocía todo".

Béatrice Ayimana a suivi chaque étape de l'histoire de cette fratrie. À présent, elle passe le relais à ses collègues, à la frontière entre la RD Congo et le Rwanda.
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Béatrice Ayimana acompañó cada etapa de la historia de estos hermanos. Ahora, sus colegas continuarán con esta labor en la frontera entre la República Democrática del Congo y Ruanda.

Una bebé... sin nombre

La historia comienza cinco meses atrás, cuando una mujer, herida por arma de fuego durante un incidente delictivo, llega sin vida al hospital CBCA Ndosho de Goma. A su lado, una bebé de unos nueve meses. Un vínculo entre una madre y su hijita de apenas unos meses que quedó truncado para siempre.  

Shwandezi –su nombre de nacimiento real, aunque su familia de acogida la llamaba Murielle– es la protagonista de lo que los equipos de Restablecimiento del contacto entre familiares consideran un pequeño milagro. Más aún en el marco de este programa, cuyo objetivo es mantener el contacto entre los miembros de familias separadas y reunificarlos.  

Los equipos de cuidadores encargados de atenderla cuentan que, durante los tres primeros días tras su llegada al hospital, la niña lloraba día y noche, rechazando el biberón, la papilla o cualquier otro cuidado... y nada lograba calmarla.

"Sufría una abstinencia brutal e intentaba deslizar la mano sobre el pecho de cualquier mujer que la tuviera en brazos, con la esperanza de encontrar la tibieza de la lactancia", recuerda Ruth Kapinga, asistente psicosocial del hospital.  

"También estaban todas esas caras nuevas y un entorno extraño... nada le parecía familiar. Su triste suerte nos entristecía a todos".

En el hospital, tenía fiebre. Era urgente alimentarla y tratarla para que, una vez recuperada, pudiera ser colocada en una familia de acogida temporal.  

Colocación en una familia de acogida

En cuanto el personal médico del hospital informó al CICR de la presencia de la niña, sus equipos se hicieron cargo del caso.  

"Esperaba verme con un caso ordinario, el de una niña con un nombre y una dirección fáciles de localizar. Me sorprendí mucho al encontrarme con una bebé sin nombre ni familia conocida, de la que se ignoraba todo, incluso la edad… Me sentí perdida ante este caso que, a primera vista, parecía no tener solución", relata Béatrice A., la primera del equipo en encontrarse con la bebé.

Todos los intentos por colocar a la niña en un centro de tránsito mientras se esperaba el resultado de las búsquedas resultaron infructuosos: ante la imposibilidad de encontrar a su familia, dado lo escasas que eran las probabilidades de lograrlo con tan pocos datos iniciales, los responsables temían que la pequeña se quedara allí de por vida.

Finalmente, gracias a una de las familias de acogida de la Cruz Roja local, la pequeña pudo acceder a un hogar de tránsito, a la espera de que comenzaran las búsquedas.  

Con 16 años de experiencia en la gestión de búsquedas de miembros de familias separadas, Béatrice reconoce que nunca se había enfrentado a un caso tan complejo y desconcertante: partir de cero para localizar a la familia de un bebé no acompañado, sin nombre, en una ciudad donde la madre no conocía a nadie.

Reunificación familiar

Mientras la niña, llamada Murielle por su familia de acogida, empezaba a adaptarse a su nueva vida, las buenas noticias llegaban una tras otra. Gracias al apoyo de la red de voluntarios de la Cruz Roja en el norte de la ciudad, los equipos del CICR lograron encontrar a una amiga de su madre, quien orientó las búsquedas hacia Ruanda, donde al parecer residía parte de la familia de la fallecida.  

"Con los datos de búsqueda obtenidos, que enviamos a nuestros colegas de Ruanda, localizamos a los abuelos de la pequeña. "Les anunciamos el fallecimiento de su hija, quien había dejado tras sí una bebé que residía en Goma", relató Béatrice A. Los abuelos, profundamente conmovidos, informaron a los equipos del CICR que el verdadero nombre de Murielle era Shwandezi, que significa la que es amada por la esperanza, por la bendición que trae (después de períodos difíciles). También informaron que Shwandezi tenía un hermano y una hermana en algún lugar del territorio de Nyiragongo, en Kivu Norte, al este de la República Democrática del Congo, según los últimos datos de que disponían.

La tarea era aún más difícil debido a que el contexto se hallaba afectado por la reaparición de la enfermedad causada por el virus del Ébola, lo que limitaba los desplazamientos. No obstante, se obtuvieron autorizaciones especiales, y los esfuerzos de los voluntarios finalmente rindieron sus frutos. Un niño y una niña, de 7 y 4 años respectivamente, fueron encontrados en Kibumba antes de que nuestros equipos llevaran a cabo la reunificación familiar en el seno de la familia de acogida que ya había recibido a su hermana menor.  

Para los equipos de RCF fue muy emocionante presenciar el reencuentro, que tuvo lugar tres meses después de las búsquedas.

"Mientras dormitaba en brazos de una hija de la familia, Murielle-Shwandezi se sobresaltó al oír pronunciar su verdadero nombre, por primera vez, a su hermano mayor", recuerda Beatriz como si fuera ayer.  

Tras el reencuentro, hubo una espera de dos meses junto a la familia de acogida antes de que los niños pudieran reunirse con personas más cercanas a ellos, sus abuelos, en Mudende, una localidad del distrito de Rubavu, en Ruanda.

Para estos hermanos, el camino no ha sido fácil. Comenzó con la trágica pérdida de sus padres, siguió gracias a la solidaridad de una familia de acogida y al incansable trabajo de los equipos de la Cruz Roja, y hoy se abre a una nueva etapa: la de una vida en la que, de nuevo, están todos juntos.

Esta historia nos recuerda que detrás de cada intervención que busca restablecer el contacto entre familiares se esconde un trabajo largo, paciente, a menudo complejo, a veces plagado de incertidumbres, que moviliza a equipos, voluntarios, familias de acogida, comunidades enteras y también a las autoridades locales. Un trabajo en la sombra, hecho de perseverancia y humanidad, que nos recuerda una misión profunda: devolver un rostro, encontrar un nombre y reunir a las personas que las crisis han separado. Y para Shwandezi, cuando todo parecía perdido, finalmente triunfó la esperanza. Hoy, la bebé "sin nombre" de ayer ha encontrado mucho más que una identidad. Ha encontrado a los suyos. 

La fratrie, en route pour retrouver leurs grands-parents

CICR

La fratrie, en route pour retrouver leurs grands-parents.

Pour cette fratrie, le chemin n'a pas été simple. Il a commencé par la perte tragique de leurs parents, s'est poursuivi grâce à la solidarité d'une famille d'accueil et au travail acharné des équipes de la Croix-Rouge, et s'ouvre aujourd'hui sur une nouvelle étape : celle d'une vie, à nouveau, tous réunis.

Cette histoire rappelle que derrière chaque intervention de protection des liens familiaux se cache un travail de longue haleine, patient, souvent complexe, parfois semé d’incertitudes ; mobilisant des équipes, des volontaires, des familles d'accueil, des communautés entières et des autorités locales.

Un travail de l’ombre, fait de persévérance et d’humanité, qui rappelle une mission profonde : redonner un visage, retrouver un nom et réunir ceux que les crises ont séparés. Et pour Shwandezi, alors que tout semblait perdu, l’espoir a fini par triompher. 

Aujourd’hui, le bébé « sans nom » d’hier a retrouvé bien plus qu’une identité. Il a retrouvé les siens.