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Venezuela: atender la salud mental en comunidades afectadas por la violencia armada

Una paciente sostiene en sus manos una tarjeta de control de citas de bienestar emocional
C.Ortega/CICR

“Antes tenía mucho miedo, pero venir  a acá me ha dado fuerza y ánimo. Mi hijo me dejó unos nietos y por ellos debo seguir”.

Matilde, paciente de la consulta de salud mental y apoyo psicosocial

Hace un año y medio, el hijo de Matilde* se fue -como todos los días- a trabajar, al otro lado de la frontera con Colombia. En el Cruce, estado Zulia, es muy común que las personas desarrollen su vida entre Venezuela y Colombia, van a trabajar durante el día y regresan para dormir.

El día en que su hijo murió, todo parecía igual: se despidieron en la mañana, él se colgó el bolso y se fue en la moto. Pasadas las 6 de la tarde Matilde llegó a casa y en ese momento empezó a cambiar la rutina: su hijo no había llegado. Nunca llegó. 

Algo dentro de Matilde le hizo entender que no era normal el retraso. Las horas y días posteriores fueron un infierno, dice. Llamadas iban y venían. Los vecinos dijeron que escucharon disparos. La moto de Marcos* nunca apareció. Sus compañeros de trabajo dijeron que ese día se devolvió a Venezuela acompañado de un conocido a quien le dio la cola. Ese conocido tampoco apareció y nadie pudo identificar claramente quién era. Lo que sí encontraron fue el cuerpo de Marcos, días después de que lo buscaran incansablemente. Su muerte dejó heridas profundas en su familia, especialmente en su madre. 

La incertidumbre y preocupación hicieron mella en la salud física y mental de Matilde. Constantemente se descubría pensando en su hijo, recordando una y otra vez lo que sucedió. Iba mucho al cementerio, solo a llorar. Tenía mucha rabia, todavía la tiene. No dormía bien en las noches, no quería comer, tenía miedo. Escuchaba pasos cerca de su casa, ruidos, y al escuchar el motor de una moto, su corazón se aceleraba. Confiesa que tuvo ganas de autolesionarse muchas veces, de morir con su hijo, pero el amor por sus nietos la detuvo. Marcos era, además, quien la ayudaba económicamente para sus gastos de salud y alimentación. Al él no estar, todo en su casa desmejoró. 

Una paciente en la consulta de salud mental
C.Ortega/CICR
C.Ortega/CICR

Un día, una vecina le recomendó asistir a la consulta de salud mental que ofrecía el Ambulatorio de El Cruce con el apoyo del CICR. Ella fue, con algunas dudas, pero fue. Dice que desde entonces ha mejorado: se siente más tranquila, los medicamentos la han ayudado a conciliar el sueño. “No significa que olvidé a mi hijo, lo recuerdo como si hubiese sido ayer, pero sigo adelante por la semilla que él dejó”, dice. 

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Fortalecer los servicios de salud mental para ayudar a las personas afectadas por la violencia armada

A inicios del año 2025 el CICR desarrolló un programa en el Ambulatorio Rural tipo II de El Cruce, para instruir al personal sanitario y disminuir la brecha en el abordaje de los casos de salud mental que llegan a la consulta.

El acompañamiento del CICR ha incluido seminarios para el personal sanitario en temas como manejo de pacientes que experimentan episodios psicóticos, autolesiones, abuso de sustancias y un enfoque particular en el abordaje de casos relacionados con violencia armada. Asimismo, incluyó la habilitación de la sala de consulta, la donación de medicamentos para tratamiento psiquiátrico y el acompañamiento por parte de un equipo de psicólogas y psiquiatras para analizar los casos clínicos junto al personal del ambulatorio.

Actualmente, el ambulatorio cuenta con doce médicos y una psicóloga, de los cuales tres realizan el seguimiento de los casos de salud mental, mientras que el resto ha recibido entrenamiento para identificar, desde el área de emergencia y consulta, a aquellas personas que manifiestan síntomas vinculados con la salud mental. 

El equipo de psicólogas, médicos y personal del CICR reunidos en la sala de consulta
C.Ortega/CICR
C.Ortega/CICR

Karla Cubaque, es la única psicóloga en el ambulatorio y ha sido un enlace clave para orientar también al resto de sus compañeros del servicio médico. Ella indica que tener este espacio en el ambulatorio contribuye muchísimo a que las personas tengan confianza y vayan a la consulta. Además de ser un servicio gratuito, es difícil que los pacientes acudan a una consulta privada para hablar sobre casos relacionados con violencia armada.

Otro factor importante es el acceso a los medicamentos. Al estar en una zona rural, los medicamentos para tratar la salud mental a veces no están disponibles, por lo que los pacientes deben comprarlos en Colombia y en algunos casos, con precios que superan su capacidad de compra.

A inicios de 2026, el CICR trabajó para fortalecer la relación entre la estructura de salud y la coordinación de salud mental para el estado Zulia, gracias a esta articulación, al finalizar el segundo trimestre del 2026, se concretó la primera entrega formal de medicamentos psicotrópicos para el centro que no podían ser cubiertos por el CICR. 

Consulta médica de salud mental. El Cruce, estado Zulia
C.Ortega/CICR
C.Ortega/CICR

Por su parte, la doctora Maria González, indica que tener este servicio en El Cruce es muy beneficioso, dado que no existe atención en salud mental en el municipio. Los pacientes que reciben en El Cruce viven en Machiques, Maracaibo, Casigua El Cubo y otros sectores que están a al menos una hora de distancia. Y si se trata de servicios de psiquiatría, la consulta más cercana es en Maracaibo o en el estado Mérida, de manera que, el traslado era una limitante.

Hasta la fecha se han atendido a 101 personas, de las cuales 61 han sido dadas de alta, con una mejoría en sus síntomas iniciales o en su funcionamiento general. Asimismo, se han registrado 448 seguimientos a las personas atendidas y 72 sesiones de supervisión por parte del CICR a la psicóloga local y a los médicos entrenados con la finalidad de optimizar la calidad de la atención. 

Las doctoras del ambulatorio, dentro de la consulta médica.
C.Ortega/CICR
C.Ortega/CICR

La doctora Eglys García, directora del ambulatorio, indica que la mayoría de los pacientes acuden a consulta sin saber que tienen una afectación en su salud mental, pero indican que no duermen bien, que tienen dolores de cabeza, vómitos, dolores estomacales y dolores en el pecho sin razón aparente, a menudo, síntomas de ansiedad o depresión, por lo que al evaluarlos, el personal sanitario hace la derivación al equipo de salud mental.

También, hay un número importante de pacientes que acude como resultado de enfrentamientos o situaciones de violencia, como los hechos ocurridos en El Catatumbo, por ejemplo. Ha habido pacientes con crisis hipertensivas, hipervigilancia, alucinaciones, con miedo porque fueron apuntados con armas, porque sus casas fueron afectadas, etc.

Sin embargo, los miembros del personal sanitario coinciden en que todavía hay mucho estigma en la comunidad en relación con el cuidado de la salud mental, especialmente en pacientes hombres, por lo que han tenido que hacer un abordaje educativo y mostrar los beneficios para motivar a los pacientes y derribar tabúes. “Cuando los convencemos, ellos acceden y rápido ven la mejoría”, indica.

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"Es muy distinto atender a pacientes por casos como autolesiones y atender casos relacionados con violencia armada, por eso las orientaciones de las psicólogas del CICR ha sido fundamental para saber cómo abrir y cerrar procesos con los pacientes” 

Yuleidys González, doctora del ambulatorio.

 

Por más de un año, el equipo del ambulatorio El Cruce ha adquirido herramientas teóricas y prácticas para el abordaje de estos pacientes. “Lo que queremos es que las personas puedan vivir en su entorno y tener una vida más tranquila. A uno le da satisfacción que las personas puedan adaptarse a su vida mejor” indica la doctora María.

Una trabajadora del CICR está conversando con un médico durante una formación sobre salud mental
C.Ortega/CICR
C.Ortega/CICR

Por más de un año, el equipo del ambulatorio El Cruce ha adquirido herramientas teóricas y prácticas para el abordaje de estos pacientes. “Lo que queremos es que las personas puedan vivir en su entorno y tener una vida más tranquila. A uno le da satisfacción que las personas puedan adaptarse a su vida mejor” indica la doctora María.

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Mariela* recibió múltiples llamadas de un número desconocido. Cuando finalmente respondió, del otro lado de la línea alguien le informaba que su hermana estaba muy enferma y necesitaba ayuda. 

Cuando Mariela recibió a Virginia* en su casa, tenían más de 10 años sin verse. Virginia no hablaba, estaba muy delgada, no razonaba. Su esposo había fallecido y su hija está desaparecida y desde entonces, Virginia, que otrora había sido una mujer emprendedora e independiente, estaba totalmente irreconocible. Mariela encontró en la consulta de salud mental de El Cruce, un alivio para ayudar a su hermana.

Aunque viven a 2 horas y media de El Cruce, van a la consulta desde hace once meses con mucha fe y entusiasmo. Es una odisea, reconoce Mariela, pero desde que están atendiendo a Virginia y con la ayuda de los medicamentos recetados, ha mejorado muchísimo: ya habla y ha empezado a ayudar en los quehaceres del hogar. De vez en cuando recuerda su vida anterior y le dice a su hermana que “quiere volver a criar pollos y trabajar como antes”. Esa es la esperanza de Mariela, volver a verla independiente.

Mariela, a su vez, se siente más tranquila, e indica que sola no hubiese sido capaz de salir adelante. Aunque ha tenido que costear algunos medicamentos y el traslado, siente que ha valido el esfuerzo.

Casos como los de Mariela y su hermana Virginia y el de Matilde, se ven a diario en la consulta de salud mental de El Cruce, un espacio que ha sido diseñado para que los pacientes se sientan en confianza. Matilde sigue buscando respuestas por la muerte de su hijo. Virginia sigue esperando noticias de su hija desaparecida. Todos los días caminan entre la incertidumbre, la ansiedad, las preguntas en su mente y la esperanza de seguir mejorando con los tratamientos y las consultas médicas.


El CICR trabaja en Venezuela para fortalecer las capacidades de proveedores de servicios públicos de salud física y mental para que las personas afectadas por la violencia tengan acceso oportuno y de calidad a la atención médica de sus necesidades, garantizando que todo el proceso, desde la atención prehospitalaria hasta la atención primaria de la salud física y mental, se haga en un ambiente que promueva la protección y el bienestar del personal de salud, en particular, y de los servicios de salud en general.

Desde el año 2025, ha desarrollado este tipo de proyectos que acompaña y fortalece las capacidades del personal sanitario en Zulia, Táchira, Apure, Tumeremo, Aragua y otras zonas del país.

*Los nombres en estas historias han sido cambiados para proteger la identidad de los entrevistados quienes han dado su testimonio y fe de la veracidad de los hechos narrados.