“Estés donde estés, quiero que sepas...” Cartas de familias que siguen buscando en América Latina
En el Día Internacional de las Personas Desaparecidas, familiares de siete países de América Latina escriben a sus seres queridos. Sus cartas hablan de ausencias, pero también de hijos e hijas que crecen, metas cumplidas, familias que se amplían y una búsqueda que no se detiene.
Las ausencias no detienen el paso del tiempo. Mientras una familia busca respuestas sobre el paradero de un ser querido, los hijos crecen, llegan nuevos integrantes , se cumplen sueños y se siguen celebrando fechas que antes se compartían juntos.
Cada 30 de agosto se conmemora el Día Internacional de las Personas Desaparecidas. Para esta fecha, familiares de Colombia, Venezuela, México, Honduras, El Salvador, Perú y Brasil escribieron cartas a sus seres queridos, a quienes continúan buscando. Todas comienzan con una misma frase: “Estés donde estés, quiero que sepas…”. En ellas hablan del dolor de la ausencia y de la angustia de no saber qué ocurrió, pero también comparten noticias de una vida familiar que sigue transcurriendo y reafirman una promesa: no abandonar la búsqueda.
“Estés donde estés, quiero que sepas que hoy, 30 de agosto, tu recuerdo y tu memoria están más presentes que nunca”, escribe Paola Medina Charry a su hermano Tarcisio, desaparecido en Colombia desde 1988
En América Latina la desaparición es una de las consecuencias humanitarias más profundas de los conflictos armados, la violencia y los desastres. Puede dejar a las familias enfrentando durante años, o incluso décadas, desafíos emocionales, económicos, legales, administrativos y sociales, sin saber qué ocurrió ni dónde está su ser querido.
Las cartas ponen palabras a estas consecuencias y muestran cómo la ausencia atraviesa los espacios más íntimos de los hogares: las celebraciones familiares, un lugar vacío en la mesa o una voz que deja de escucharse
En México, Lupita Mendoza, esposa de Alfonso, desaparecido desde 2024, recuerda el sonido que anunciaba su llegada a casa: “Nuestra casa se quedó esperando ese sonido que conocíamos tan bien: el freno de aire de tu camión anunciando que ya venías de regreso”.
“Te cuento, hijo, que los primeros días de tu desaparición no me apartaba de la puerta, porque pensaba que en cualquier momento llegarías. Y así pasaron los días, meses, años”, escribe Yenny Aponte, madre de Gabriel, venezolano desaparecido en Colombia desde 2020.
En El Salvador, Verónica Tepa, esposa de Rigoberto, desaparecido desde 2020, intenta responder las preguntas de su hija: “Nuestra hija Merari está en segundo grado; ella es bien inteligente e igual me pregunta por ti, que si tú nos abandonaste. Yo no puedo responder, solo le digo que no, que tú los amas”.
Familias que mantienen viva la búsqueda
Las familias de las personas desaparecidas no solo enfrentan las consecuencias de la ausencia. También exigen respuestas, defienden su derecho a saber y acompañan a otras personas en la búsqueda. Su persistencia mantiene visible la desaparición e impulsa acciones y cambios para avanzar hacia la justicia, la reconciliación y la paz.
“Desde que te desaparecieron hemos marchado, hemos pegado fichas y hemos levantado la voz para pedir justicia y conocer la verdad de lo que pasó contigo, mi amor”, escribe Lupita en México.
En Honduras, Chely Torres, hija de Secundino, explica que ella y su madre han convertido su búsqueda en una acción colectiva: “Hoy en día, mi madre y yo hemos estado trabajando con otras familias en una ley de personas desaparecidas y sus familias, garantizando búsqueda y protección”.
En Perú, Luyeva Yangali, hija de Fortunato, recuerda el camino que llevó a la aprobación de la Ley de Búsqueda de Personas Desaparecidas en 2016: “Recuerdo caminar con cuatro jóvenes voluntarios de la organización ‘Para que no se repita’, para lograr la Ley de búsqueda de personas desaparecidas en 2016”. Y añade: “Gracias a esta Ley humanitaria muchos desaparecidos están, al fin, encontrando un entierro digno”.
La experiencia y el conocimiento de las familias son fundamentales para orientar los procesos de búsqueda. Sin embargo, su esfuerzo no sustituye la responsabilidad de las autoridades de prevenir las desapariciones, de garantizar mecanismos de búsqueda, localización e identificación de las personas desaparecidas y atender integralmente a sus familiares.
Acompañar a las familias y fortalecer las respuestas
En las Américas, el Comité Internacional de la Cruz Roja trabaja para ayudar a mitigar las consecuencias humanitarias de la desaparición. Acompaña a las familias y a sus esfuerzos, apoya su participación en los procesos de búsqueda y promueve que sus necesidades, experiencias y conocimientos sean tenidos en cuenta en las respuestas institucionales.
El CICR también colabora con autoridades e instituciones forenses para fortalecer los mecanismos de búsqueda, el intercambio de información y los procesos de identificación y entrega digna de las personas fallecidas.
Asimismo, a través de la Red de Vínculos Familiares del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, contribuye a prevenir separaciones y desapariciones, proteger los vínculos familiares y restablecer el contacto entre personas separadas.
Escuchar a las familias e incorporar sus conocimientos y necesidades es fundamental para avanzar hacia respuestas efectivas, la reconciliación y la construcción de paz.
“Estés donde estés, quiero que sepas que te seguiré buscando y, hasta el último momento de vida que tenga, lucharé para encontrarte”, escribe Paola al cerrar su carta.