Estamos ante una profunda intensificación de las hostilidades entre Afganistán y Pakistán. La población de esta región ya lleva décadas de soportar conflictos armados, desplazamiento y pérdida. Han visto y sentido las consecuencias de la guerra en sus seres queridos y sus comunidades.
Debe protegerse a las personas civiles, estén o no heridas, y a quienes ya no participan en los enfrentamientos, y la asistencia humanitaria debe llegar a todas las personas afectadas. Los hospitales tienen que poder funcionar y debe garantizarse el acceso a los servicios esenciales. No son privilegios. Son obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario.
Junto con colegas de la Media Luna Roja Afgana y de la Media Luna Roja de Pakistán, y en coordinación con las autoridades estatales, el CICR está preparando una respuesta operacional para las necesidades humanitarias en el terreno. Ahora, la prioridad a ambos lados de la frontera es prestar apoyo a las instalaciones de salud que están atendiendo a las personas heridas como consecuencia de las hostilidades. Sin embargo, ninguna respuesta humanitaria puede compensar la voluntad política necesaria para respetar las leyes de la guerra y priorizar la reducción de las hostilidades.