Desde entonces, han transcurrido 77 años, y la promesa de los Estados de preservar la humanidad en la guerra se está debilitando a un ritmo alarmante. Cada año que pasa suma más conflictos armados. Las tecnologías como los drones y las capacidades cibernéticas están reconfigurando los campos de batalla y la noción de una línea del frente claramente definida va desapareciendo. Las atrocidades se están volviendo peligrosamente normales y se deshumaniza a las víctimas de la guerra.
En el mundo interconectado de hoy, nadie está a salvo de las consecuencias de la guerra. Como Partes en los Convenios de Ginebra, los Estados tienen la responsabilidad única de hacer respetar estas normas vitales. Hacerlo es un imperativo moral y estratégico que protege a las personas cerca y lejos de las líneas del frente. Asimismo, es fundamental para la paz y la prosperidad mundiales.
Todavía es posible cambiar el rumbo, pero solo si se hacen ahora esfuerzos excepcionales para fortalecer el respeto del derecho internacional humanitario y el compromiso con él. Más de 115 Estados participan oficialmente en una iniciativa mundial para reactivar la voluntad política en torno al derecho internacional humanitario. Llamo a todos los Estados que aún no participan a que lo hagan. El mundo que las generaciones futuras heredarán depende de las decisiones que los dirigentes mundiales tomen hoy de comprometerse a preservar estas normas que salvan vidas.