Declaración

Presidenta del CICR: “Ya no podemos seguir fingiendo que lo que observamos en las zonas de guerra en todo el mundo se hace conforme a derecho”

Discurso pronunciado por Mirjana Spoljaric Presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja Debate abierto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la protección de las personas civiles en conflictos armados.
ICRC President Mirjana Spoljaric addresses the UN Security Council during an open debate on the Protection of Civilians in Armed Conflict, New York, 20 May 2026.
B.Otero/CICR

Señor Presidente:  

Las guerras en las que no hay reglas transforman los enfrentamientos entre combatientes en guerras contra la población civil. 

En las últimas semanas, estuve en varias misiones en Oriente Medio, donde el impacto del conflicto armado para los civiles es dolorosamente claro. Hay una generalización de las formas brutales de hacer la guerra en todas las regiones, desde Oriente Medio hasta el Cuerno de África, hasta Europa oriental, entre otras zonas.

Ya no podemos seguir fingiendo que lo que observamos en las zonas de guerra en todo el mundo se hace conforme a derecho. 

Ni la magnitud de la destrucción. 

Ni la magnitud del sufrimiento. 

Ni las palabras que se utilizan para justificarlo.

Cuando los superiores instruyen a sus ejércitos a actuar sin restricciones, cuando califican a sus enemigos de infrahumanos, cuando amenazan a poblaciones enteras, hacen más que incitar a crímenes de guerra.

Amenazan con destruir las bases morales de lo que significa ser humano.

A lo largo de la historia, la deshumanización ha sido un constante precedente de atrocidades. La matanza indiscriminada, la tortura y el abuso se hacen más fáciles cuando dejamos de ver al prójimo como seres humanos iguales a nosotros.

Pero ¿qué sucede cuando la retórica brutalizante se convierte en la norma? Le da luz verde al enemigo para hacer lo mismo.

Las consecuencias, en la realidad, son horrorosas e innegables.

Territorios enteros reducidos a escombros y hospitales destruidos, muerte de pacientes. Ataques reiterados a socorristas y personal de salud.

Estas son las violaciones del DIH que ocurren frente a nuestros ojos.

Otras suceden en las sombras, en prisiones, centros de detención y salas de interrogatorio alejados del escrutinio público. En el desequilibrio de poder extremo entre una persona en una celda y los que tienen las llaves, los límites de la moral pueden colapsar fácilmente.

En demasiados conflictos las personas privadas de libertad están despojadas de toda humanidad. Se los recategoriza como infrahumanos y, por ende, no son merecedores de un trato o juicio justos. Se les roba la identidad y corren el riesgo de desaparecer si los registros de su paradero se destruyen.

La deshumanización no se limita a combatientes capturados; las personas civiles privadas de libertad suelen ser víctimas de malos tratos similares.

La crueldad deliberada no es una casualidad. No existen la tortura o el maltrato accidentales. Son producto de un sistema diseñado para racionalizar actos que surgen a partir del desprecio por el derecho y las estrategias militares elaboradas para destruir de manera irreversible.

Los Convenios de Ginebra son claros: en conflictos armados internacionales —incluida la ocupación— los prisioneros de guerra, los internados civiles y las personas detenidas tienen derecho a recibir la visita del CICR. Supervisamos sus condiciones y el trato que reciben, los mantenemos en contacto con sus familiares, y evitamos su desaparición.

A pesar de la obligación que tienen los Estados de permitir las visitas del CICR, en la actualidad se nos niega el acceso o se lo restringe en gran medida en demasiadas instancias. Se trata de un debilitamiento peligroso de las normas que podría perjudicar a las personas privadas de libertad no solo ahora, sino en el futuro.

Nosotros continuamos llevando adelante visitas a lugares de detención en donde nos dan acceso. La semana pasada, estuve en la cárcel central de Karkh, en Bagdad, que actualmente alberga a miles de personas de casi 70 nacionalidades que fueron transferidas recientemente desde el noreste de Siria. Entre ellos hay niños que quedaron atrapados en una guerra que no eligieron y ahora se enfrentan, posiblemente, a una vida privada de libertad.

Su situación simboliza lo que puede ocurrir cuando la comunidad internacional considera que hay categorías enteras de personas por fuera de los límites del derecho, y carece de valentía política y moral para ocuparse de su destino.

Para muchas personas que viven en guerra o en territorios ocupados, la sensación de encarcelamiento no se limita a los lugares de detención, sino que se extiende a su vida cotidiana.

Hoy en día, el futuro de millones de personas civiles en todo el mundo está constreñido por un nivel de destrucción que deja en ruinas sus hogares y medios de supervivencia, los despoja de su tierra, les niega la dignidad humana básica. 

Los conflictos armados no ocurren por sí solos ni de manera aislada. Cuando la política fracasa, aparece la guerra. Por lo tanto, es hora de invertir de verdad en una resolución duradera de los conflictos, y no solo en gestionarlos de manera superficial.  

 

Señor Presidente:

Proteger a la población civil y tratar al adversario conforme a derecho no significa ser más débil. Fortalece la autoridad moral a nivel nacional e internacional. 

Los primeros pasos hacia la paz suelen encontrarse en la liberación simultánea de prisioneros, o bien en la restitución de las personas fallecidas a sus seres queridos. Estos actos son mucho más fáciles de llevar adelante cuando las partes respetan las leyes de la guerra.

Es por ello que insto a los líderes a hacer del derecho internacional humanitario una prioridad política. Me motiva el hecho de que 111 Estados han decidido participar en la Iniciativa Mundial sobre DIH, un esfuerzo excepcional de Brasil, China, Francia, Jordania, Kazajistán y Sudáfrica para impulsar el compromiso político con el derecho internacional humanitario.

No podemos rendirnos ante una cultura política que elimina los aprendizajes que han surgido de las guerras mundiales, de las cenizas de la destrucción masiva y el genocidio. 

Depende de ustedes, como miembros del Consejo de Seguridad, como miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas y como Estados Partes en los Convenios de Ginebra, cambiar el rumbo. 

Gracias.