Informe de actividad 2013: principales operaciones

14-05-2014 Informe de actividad

Principales operaciones, por Pierre Krähenbühl, director de Actividades Operacionales del CICR.

Situaciones de conflicto y retos para la acción humanitaria

Pierre Krähenbühl 

Pierre Krähenbühl
© CICR

El examen detallado de las principales características de los conflictos armados y otras situaciones de violencia en las que ha actuado el CICR durante 2013 revela una serie de rasgos esenciales.

En primer lugar, debido a la magnitud de la devastación y a sus graves consecuencias regionales, el conflicto en la República Árabe Siria (en adelante, Siria) ha derivado en una de las crisis más catastróficas y violentas en mucho tiempo: cientos de miles de personas han resultado muertas o heridas; decenas de miles han sido detenidas o se encuentran desaparecidas; y millones de personas se han desplazado, se han separado de sus familias o se han visto forzadas a huir a países vecinos y enfrentar presiones enormes. En las zonas sitiadas, la población civil padeció hambre y falta de acceso a la asistencia de salud, en particular debido a los ataques sistemáticos y descontrolados contra el personal médico, los establecimientos de salud y el transporte sanitario. Las iniciativas diplomáticas para resolver la crisis prosiguieron, pero el futuro inmediato se presentaba sombrío para la población de Siria.

En segundo lugar, la inestabilidad causada por la polarización entre los Estados y los grupos armados radicalizados ha afectado la vida y la dignidad de innumerables personas, ha socavado la legitimidad de las instituciones del Estado y ha dificultado en grado sumo la resolución de estas situaciones. Siria fue sólo un ejemplo; en Afganistán, Malí, Somalia y Yemen, por caso, los enfrentamientos armados plantearon cuestiones vinculadas a los actos indiscriminados de violencia que a menudo afectan principalmente a los civiles, el trato de los detenidos y el uso de aeronaves no tripuladas y otras medidas de lucha contra el terrorismo. Los gobiernos y la comunidad internacional han conseguido estabilizar tales situaciones sólo en contadas ocasiones.

En tercer lugar, las disputas étnicas, nacionalistas o religiosas y el acceso a los recursos críticos aún constituyen los factores esenciales de los conflictos armados y otras situaciones de violencia que se prolongan en el tiempo. En la República Democrática del Congo (en adelante, RDC), se produjeron enfrentamientos tanto entre el ejército y los grupos armados como entre varios grupos armados, al tiempo que se intensificaron las tensiones entre comunidades. Los civiles padecieron abusos generalizados, en particular saqueos, destrucción de bienes, reclutamiento de niños y violencia sexual. Sudán del Sur sufrió enfrentamientos armados y violencia entre comunidades durante los primeros meses del año, seguidos de un conflicto extendido entre facciones militares, que dejaron como consecuencia comunidades destruidas y cientos de miles de desplazados, heridos o muertos.

En cuarto lugar, el resurgimiento de la asertividad del Estado y del nacionalismo planteó una serie de paradojas. Los Estados débiles han tendido a generar inestabilidad debido a su incapacidad para mantener la ley y el orden y brindar servicios esenciales, mientras que los Estados fuertes a veces han socavado el respeto de la legitimidad del Estado debido al  empleo de medios represivos, lo cual también ha creado situaciones de volatilidad. Los Estados invocaron razones de soberanía nacional para evitar que terceros, incluidas las organizaciones humanitarias, interfirieran en los asuntos internos, pero a menudo no han mostrado la misma firmeza a la hora de asumir la responsabilidad de prestar servicios esenciales. La asertividad del Estado aumentó al tiempo que las amenazas serias a la seguridad y la estabilidad internacionales, entre ellas el “terrorismo” y el crimen organizado, adquirieron una naturaleza transnacional, cuya resolución requiere una estrecha cooperación internacional.

En quinto lugar, persistieron las consecuencias traumáticas del desplazamiento y la migración para hombres, mujeres y niños. Millones de desplazados internos en la República Centroafricana (en adelante, RCA), Colombia, Somalia, Siria y otros países padecieron múltiples desplazamientos, la pérdida de sus bienes y medios de subsistencia y abusos físicos y sexuales, entre otras adversidades. Los refugiados y los migrantes padecieron graves sufrimientos al cruzar desde el Cuerno de África a Yemen, desde Libia a Europa, y al atravesar América Central y Asia. Resultaron especialmente penosas las violaciones de derechos y los abusos sufridos por los inmigrantes en regiones afectadas por conflictos o propensas a la violencia, donde a menudo quedaron aislados y sin ninguna posibilidad de ponerse en contacto con sus familiares.

Finalmente, a pesar de los indicadores macroeconómicos positivos y las oportunidades generadas por el mayor acceso a las nuevas tecnologías de la información, las desigualdades sociales siguieron creciendo, como resultado de la redistribución desigual de la riqueza y del hecho de que miles de millones de personas aún viven en un nivel de pobreza extrema.

Actividades operacionales: reseña, enfoque y desafíos temáticos

En 2013, el CICR trabajó para proteger y asistir a millones de personas en conflictos armados y otras situaciones de violencia.

En 2013, el CICR trabajó para proteger y asistir a millones de personas en conflictos armados y otras situaciones de violencia: hombres, mujeres y niños cuyas vidas y comunidades fueron devastadas, al igual que sus hogares y medios de subsistencia, personas que se vieron forzadas a huir y sobrevivir sin acceso a servicios básicos y con el sufrimiento de la pérdida, desaparición o lesiones de sus seres queridos.

Fue un año en que el CICR intensificó su respuesta en varias crisis profundas de alta exposición (desde Siria y la región circundante hasta la República Centroafricana, Malí y Sudán del Sur), al tiempo que mantuvo sus actividades en contextos donde la población civil padeció durante años las graves consecuencias de los conflictos armados prolongados, como Afganistán, Colombia, la República Democrática del Congo, Israel y los territorios ocupados y Somalia. El CICR también intervino en ocasión de desastres naturales, para asistir, por ejemplo, a las comunidades en Filipinas, que enfrentaron primero las consecuencias del tifón Bopha y, un año más tarde, las del tifón Haiyán. El CICR, que ya llevaba a cabo actividades con las poblaciones afectadas por el conflicto de baja intensidad, respondió a las necesidades urgentes en colaboración con la Cruz Roja de Filipinas.

En estas partes del mundo y en otras, los equipos del CICR en el terreno mantuvieron su proximidad con las poblaciones vulnerables y accedieron a otras, a veces contándose entre los pocos actores en el terreno, como en la RCA, el norte de Malí o Somalia. Este factor y otros parámetros esenciales de la metodología de trabajo del CICR, en particular su enfoque neutral, imparcial e independiente hacia la acción humanitaria, el diálogo confidencial con todas las partes, así como su adaptabilidad, le permitieron alcanzar algunas de las zonas más difíciles o aisladas. En respuesta a las diversas vulnerabilidades de las personas afectadas, los equipos del CICR se basaron en actividades integradas de protección, asistencia, prevención y cooperación, con miras a cubrir tanto las necesidades agudas como las crónicas.

Equipos del CICR en el terreno mantuvieron su proximidad con las poblaciones vulnerables y accedieron a otras, a veces contándose entre los pocos actores en el terreno, como en la RCA, el norte de Malí o Somalia.

En muchos contextos, el enfoque del CICR dio lugar a relaciones nuevas o fortalecidas con las diversas partes interesadas –un elemento crucial en el mundo multipolar actual– y, por ende, a la aceptación de su mandato y misión; sin embargo, la exposición de su personal también se tradujo en riesgos de seguridad. En Afganistán, donde el CICR ha estado presente durante muchos años, un ataque contra la subdelegación de Jalalabad causó la muerte de uno de los guardias, lo que demostró que la proximidad no siempre equivale a  la aceptación. Cada vez más, los trabajadores humanitarios enfrentaron la amenaza de secuestro, como sucedió, al tiempo de redactar este documento, con tres colegas del CICR en Siria. En algunos contextos, las autoridades impidieron la realización de actividades, invocando razones de soberanía o denegando el acceso del CICR a lugares sensibles.

En todas estas operaciones, la cooperación con las Sociedades Nacionales, en particular las asociaciones operacionales mediante las cuales miles de voluntarios de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja trabajaron junto a los equipos del CICR, resultó un componente fundamental de las actividades para las comunidades. El resultado fue una fuerte respuesta del Movimiento, por ejemplo en Colombia, la RDC, México y Myanmar, que incluyó despliegues de los equipos médicos de la Sociedad Nacional para reforzar las operaciones del CICR, como en Filipinas y Sudán del Sur. Los voluntarios de las Sociedades Nacionales también enfrentaron riesgos importantes, como se observó en el caso crítico de la Media Luna Roja Árabe Siria, con 33 voluntarios muertos desde el comienzo del conflicto (al 31 de diciembre).

Pese a los obstáculos, el CICR logró intervenciones sólidas conforme a lo establecido en su presupuesto inicial de 988,7 millones de francos suizos para los Llamamientos de Emergencia de 2013 y en ocho extensiones presupuestarias durante el año para la República Democrática del Congo (10 millones de francos suizos), Myanmar (8,1 millones de francos suizos), la delegación regional de Niamey (39,2 millones de francos suizos), Filipinas (29,7 millones y 14,5 millones de francos suizos para las emergencias causadas por los tifones Bopha y Haiyán, respectivamente) y el conflicto armado sirio (Jordania: 6,4 millones de francos suizos; Líbano: 5,8 millones de francos suizos; Siria: 50,1 millones de francos suizos).

Las diferentes fases de los conflictos armados y la violencia (emergencia, recuperación temprana y post-conflicto) requirieron respuestas variadas. Asimismo, las personas tenían necesidades diferentes de acuerdo con su género, edad y circunstancias (por ejemplo, desplazados forzosos, detenidos o con familiares desaparecidos). El CICR, a menudo en conjunción con las Sociedades Nacionales, tuvo en cuenta estas circunstancias para decidir junto con las poblaciones afectadas la forma más adecuada para aliviar sus padecimientos, priorizando sus necesidades específicas en la respuesta, sobre la base de actividades multidisciplinarias y conocimientos especializados, en lugar de aplicar un enfoque estandarizado. En muchos contextos, aportó sus conocimientos técnicos en ámbitos específicos, por ejemplo para mejorar las condiciones en los centros de detención mediante las visitas y la asistencia directa a los detenidos y la colaboración con las autoridades a nivel estructural (por ejemplo, en Burundi, Camboya, Madagascar, Líbano y Zimbabue). Gracias a las iniciativas y el diálogo sostenidos con las autoridades, el CICR obtuvo mayor acceso a los detenidos en Bahrein, Etiopía, Myanmar, Nigeria y Somalia.
 

Gracias a las iniciativas y el diálogo sostenidos con las autoridades, el CICR obtuvo mayor acceso a los detenidos en Bahrein, Etiopía, Myanmar, Nigeria y Somalia.

El CICR continuó enfatizando las amenazas para la prestación de asistencia de salud, así como los ataques contra los profesionales de la salud, los establecimientos sanitarios y los pacientes. Prosiguió con su proyecto cuatrienal de Asistencia de salud en peligro, para el cual muchas delegaciones recogieron información sobre incidentes denunciados y efectuaron intervenciones ante los presuntos responsables. Entre de enero de 2012 y julio de 2013, se informaron más de 1.400 incidentes de esa naturaleza en al menos 23 países; más del 90% afectó directamente a los agentes de salud locales (privados o públicos), en tanto que el 14% estuvo relacionado con las Sociedades Nacionales. En paralelo, se celebraron talleres y consultas que reunieron a expertos, profesionales y personal de las fuerzas armadas.

La violencia sexual fue otro ámbito en el cual en 2013 el CICR lanzó un plan de cuatro años para fortalecer su respuesta operativa integral a las necesidades de los miles de mujeres, niñas, hombres y niños afectados por conflictos armados y otras situaciones de violencia, con consecuencias devastadoras.

Los profundos cambios en el seno de la comunidad humanitaria confirieron mayor relevancia a la coordinación y la colaboración. Con tantos actores que acuden en respuesta a las crisis (el Movimiento, agencias de la ONU, organismos regionales, fuerzas armadas, gobiernos, ONG nacionales e internacionales, organizaciones confesionales, donantes y otros interlocutores cada vez más presentes en la línea del frente), los equipos del CICR en el terreno intensificaron sus esfuerzos para coordinar las actividades y compartir los análisis.
 

África


Agoudoufoga, norte de Tillabéry, Níger. Un delegado del CICR llama por teléfono a un pariente de un refugiado que se ha quedado en Malí, para permitirles intercambiar novedades. © CICR / L. Mamoudou / v-p-ne-e-00089
 

Las graves crisis en la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Malí y Sudán del sur evolucionaron junto con polos persistentes de inestabilidad y de necesidades humanitarias, como en Libia, Nigeria, Somalia y Sudán.

En Malí, luego del conflicto y la división en 2012, una intervención militar encabezada por Francia, Malí y varias otras naciones africanas a principios de 2013 condujeron a la reconquista de las regiones septentrionales del país. A pesar de las mejoras para la población, prevaleció la inseguridad, un gran número de desplazados no regresó y la población siguió sufriendo graves necesidades. El apoyo del CICR ayudó a asegurar el pleno funcionamiento del hospital de Gao y de varias clínicas, donde las personas recibieron asistencia de salud de emergencia o normal. Asimismo, más de medio millón de personas se beneficiaron de distribuciones de alimentos o proyectos agrícolas. El diálogo con el gobierno de Malí y las fuerzas armadas francesas facilitó el acceso del CICR a los detenidos.

La multiplicidad de grupos armados en distintas partes de la República Democrática del Congo afectó a millones de personas, que sufrieron ataques, saqueos, abuso sexual, desplazamientos, lesiones o muerte. La llegada de la “brigada de intervención” en virtud de un mandato más enérgico de la ONU y las operaciones llevadas a cabo por las fuerzas armadas de la RDC condujeron a la derrota militar del grupo M23. Trabajando en estrecha colaboración con la Sociedad Nacional, el CICR centró su respuesta en las necesidades médicas de urgencia y brindó apoyo a los servicios quirúrgicos en los hospitales de Goma durante los picos del conflicto.

Los desplazados internos y los retornados recibieron asistencia esencial, en tanto que las víctimas de violencia sexual obtuvieron apoyo psicológico y tratamiento médico en centros de asistencia apoyados por el CICR.

En la vecina RCA, tras el derrocamiento del gobierno en marzo, nueve meses de violencia sectaria dejaron un saldo de miles de muertos y aún más desplazados, a la vez que deterioraron los ya débiles servicios del

Estado. Gracias a su larga presencia en Bangui y en localidades como Kaga Bandoro o Ndele, el CICR pudo mantener su acceso e implementar actividades vitales, desde una respuesta médica de emergencia desplegada junto con Médicos Sin Fronteras, hasta el suministro de alimentos y de agua y la implementación de proyectos en apoyo de los medios de subsistencia, que ayudaron a los desplazados y los residentes a aumentar su capacidad de adaptación, todo ello a pesar de que, en general, la situación de seguridad en el terreno presentó algunos obstáculos para llegar a todos los necesitados.

Sudán del Sur terminó el año en medio de un conflicto armado entre facciones militares rivales, que se suma a las diversas instancias de violencia entre comunidades que se registraron durante todo el año, en particular en el estado de Jonglei. La lejanía de las regiones afectadas y la fragilidad de las instituciones nacionales requirieron que el CICR ampliara significativamente sus capacidades, centrándose en la asistencia médica, el suministro de alimentos y de agua y las actividades de protección.

En el norte de Nigeria, hubo enfrentamientos entre las comunidades y entre las fuerzas del gobierno y Boko Haram. Con su oficina en Maiduguri, el CICR fue una de las pocas organizaciones en abordar algunas necesidades prioritarias de la población, junto con la Sociedad Nacional.

En Sudán, las actividades operacionales continuaron en Darfur, pero no se desarrollaron en Nilo Azul y Kordofán del Sur.

Asia


Filipinas, Lawaan. Distribución de agua potable a través de un camión cisterna. Se han establecido unidades de tratamiento y distribución de agua en siete municipios, para más de 40.000 personas que viven sobre la costa. © CICR
 

Asia meridional experimentó las consecuencias persistentes de los conflictos armados y la violencia. En Afganistán, no hay señales de que el prolongado padecimiento de la población vaya a cesar. Los mortíferos ataques perpetrados contra la subdelegación del CICR y la Sociedad Nacional en Jalalabad y el personal de las ONG pusieron en evidencia las dificultades del entorno. En parte mediante la revisión de su estructura, el CICR continuó sus actividades operacionales (la de Afganistán es su segunda mayor operación en el mundo) y mantuvo el apoyo a los hospitales, las clínicas de la Sociedad Nacional y los centros de rehabilitación física. Visitó a personas detenidas, predominantemente por las autoridades afganas, así como también por las restantes fuerzas internacionales.

En Pakistán, tras el asesinato de un delegado médico del CICR en 2012 y después de dialogar con las autoridades, las operaciones del CICR se limitaron a las establecidas en un acuerdo de 1994, lo cual redujo las actividades en este contexto.

El impacto de la respuesta del CICR en Myanmar creció considerablemente en 2013. En el estado de Rakhine, el CICR colaboró con las autoridades de salud y la Sociedad Nacional en la prestación de atención médica y otras formas de asistencia tras los episodios de violencia entre comunidades. Reanudó sus visitas a los detenidos y entregó insumos médicos al estado de Kachin. También comenzó a impartir formación a las fuerzas policiales de Myanmar.

Filipinas fue azotada por violentos tifones dos veces en doce meses. Junto con la Cruz Roja de Filipinas, la Federación Internacional y otras Sociedades Nacionales, el CICR desplegó personal adicional y proporcionó alimentos, refugio, medicamentos y agua para las comunidades más afectadas en Mindanao y, luego, en Samar. Durante el año, la violencia en Zamboanga requirió el despliegue de respuestas de emergencia para decenas de miles de desplazados.

Europy y América


Colombia, localidad de El Dorado. El CICR y personal de salud de la autoridad local en Montecristo y el departamento de Bolívar brindaron más de 1.600 servicios y consultas médicas en una unidad de atención sanitaria temporaria. © CICR / L. Gómez / v-p-co-e-02476


Las actividades operacionales en América Latina se centraron en las necesidades de las personas afectadas por el conflicto en Colombia. Pese a las negociaciones de paz en curso, persisten los efectos de los años de conflicto. El CICR, a menudo en colaboración con la Cruz Roja Colombiana, respondió a necesidades urgentes y de largo plazo relativas a la asistencia médica en zonas remotas, a la contaminación por armas y a las consecuencias de la violencia sexual, entre otras. En su capacidad de intermediario neutral, el CICR facilitó la liberación de 26 personas retenidas por grupos armados, quienes pudieron reencontrarse con sus familiares, en algunos casos después de muchos años.

En todo el territorio americano y europeo, el CICR abordó, junto con las Sociedades Nacionales, las consecuencias de los conflictos o de la violencia en las comunidades (como en Chile, Perú y el Cáucaso meridional) y los migrantes (como en América Central, Grecia e Italia). Estas actividades incluyeron la respuesta a las necesidades relacionadas con la desaparición, la asistencia de salud, la violencia sexual, las condiciones de deportación y la separación de las familias. La cuestión de los desaparecidos siguió siendo una prioridad en el sur del Cáucaso y los Balcanes occidentales.

En toda la región, el CICR visitó a personas privadas de libertad, incluso en el centro de internamiento de Estados Unidos en la Estación Naval de la Bahía de Guantánamo en Cuba, donde más de 160 personas han recibido cerca de un centenar de visitas desde 2002. El CICR instó a transferir a los internados que ya reúnen las condiciones requeridas para ello y a mejorar los contactos familiares para los reclusos. En Uzbekistán, el CICR concluyó sus visitas a los detenidos debido a su imposibilidad de trabajar según sus procedimientos habituales.

Oriente Próximo


Irak, Bardarash. Refugiados sirios ayudan a personal del CICR a organizar elementos de higiene y otros artículos de primera necesidad para su distribución entre 763 personas. © CICR / iq-e-01163


En Siria, pese a numerosas limitaciones operativas, alrededor de 200 colaboradores del CICR, junto con la Media Luna Roja Árabe Siria, alcanzaron a cientos de miles de personas afectadas por el conflicto. El CICR intensificó su presencia a principios de 2013, en que estableció una base en Tartus y, de esa manera, amplió sus contactos con todas las partes y obtuvo mayor acceso en todas las líneas del frente. Junto con la Media Luna Roja Árabe Siria, distribuyó alimentos y artículos domésticos a millones de personas, principalmente desplazados, que también se beneficiaron del suministro de emergencia de agua potable, así como de mejoras a sus viviendas. Se estima que el 80% de la población mantuvo su acceso al agua potable gracias a los insumos para el tratamiento de agua, piezas de repuesto, bombas y generadores donados por el CICR a los organismos locales de suministro de agua.

En Siria, causó profunda preocupación al CICR la obstrucción de sus actividades médicas, seriamente limitadas por la inseguridad generalizada y la falta de voluntad de las autoridades para permitir el ingreso de insumos médicos a las zonas ocupadas por grupos armados. Tampoco se lograron progresos en el acceso a los detenidos, cuyas condiciones y trato causaron inquietud.

En las zonas vecinas de Irak, Jordania y Líbano, el CICR, junto con las Sociedades Nacionales, proporcionó asistencia médica de emergencia, alimentos, artículos domésticos esenciales, agua potable y/o servicios de restablecimiento del contacto con familiares para las personas que huyeron de Siria.

En Irak, la situación empeoró aún más. La violencia y el número de víctimas alcanzaron su nivel más alto desde 2006/2007, en tanto que la naturaleza sectaria de las confrontaciones se convirtió en motivo de preocupación. El CICR continuó visitando a los detenidos e implementando programas médicos y de apoyo a los medios de sustento a gran escala para las personas desplazadas o que sufren otras vulnerabilidades.

En Israel y los territorios palestinos ocupados, el CICR visitó a los detenidos y ayudó a los palestinos que viven bajo ocupación a satisfacer sus necesidades esenciales a través de diversas iniciativas. En la Franja de Gaza, por ejemplo, rehabilitó la infraestructura esencial de suministro de agua y de salud en coordinación con las autoridades de facto. También comenzó a participar en un debate constructivo con el público israelí sobre tres políticas de ocupación que no respetan el derecho internacional humanitario, a saber, el trazado de la barrera de Cisjordania, la anexión de Jerusalén oriental y la política de colonización. Para otras cuestiones tales como la conducción de las hostilidades, la detención y el restablecimiento del contacto entre familiares, el CICR mantuvo un diálogo bilateral y confidencial con las autoridades israelíes. En Yemen, continuaron los enfrentamientos armados, que afectaron la vida de la población civil y causaron numerosos muertos y heridos, incluso mientras tenía lugar la Conferencia para el Diálogo Nacional. Durante los enfrentamientos en la aldea de Dammaj, el CICR evacuó a heridos en operaciones arriesgadas a través de la línea del frente. Si bien las cuestiones de seguridad y acceso afectaron ciertas actividades, el CICR proporcionó ayuda de emergencia, apoyo médico y asistencia a los medios de subsistencia para los desplazados y residentes, a la vez que llegó a un acuerdo con el gobierno, que se halla a la espera de formalización, sobre mejoras en el acceso a los detenidos.