Los dilemas que plantea la protección de los civiles en los territorios ocupados: el ejemplo precursor de la Primera Guerra Mundial

31-03-2012 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, N° 885, por Annette Becker

El derecho de Ginebra y el derecho de La Haya no quedaron en letra muerta durante la Primera Guerra Mundial, pero se referían fundamentalmente a la protección de los heridos y prisioneros de guerra. El derecho humanitario convencional, que se hallaba en sus inicios, protegía mejor a esas categorías de personas que a los civiles.

RESUMEN

Cierto es que los avances del derecho llamado “de Ginebra” y el derecho llamado de “La Haya” no fueron papel mojado durante la Primera Guerra Mundial, sobre todo respecto de los heridos y los prisioneros de guerra, que estaban más protegidos que los civiles por el derecho humanitario convencional, aún en mantillas. Si bien el ideal de humanidad pudo entonces materializarse a gran escala gracias a los esfuerzos del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y de un sinnúmero de otras organizaciones de caridad, religiosas o no, ninguna de las partes beligerantes se privó de infringir y violar ese derecho en cuanto tuvo la posibilidad de hacerlo. Los conejillos de India y las víctimas ejemplares de ello fueron las poblaciones ocupadas de los frentes oeste, este y los Balcanes.

 

Palabras clave: ocupación, territorios ocupados, Primera Guerra Mundial, guerra total, CICR, civiles, represalias, rehenes, internados civiles.

Biography

Annette Becker, profesora de historia contemporánea en la Universidad de Paris-Ouest-Nanterre e investigadora principal del Institut Universitaire de France, es miembro del Consejo Editorial de la International Review of the Red Cross. Divide su trabajo entre las dos guerras mundiales y se interesa, ante todo, en los dramas de los civiles sometidos a la ocupación, deportados y asesinados, en el concepto de genocidio y la memoria de los conflictos, en particular como lo expresan artistas contemporáneos como Jochen Gerz, Natacha Nisic o Pierre Buraglio.