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Desplazados de Georgia: preocupados por un futuro incierto

20-08-2008 Reportaje

Desde el comienzo del conflicto en Osetia del Sur, el 8 de agosto, decenas de miles de personas han huido de aldeas y poblados de todo Georgia. Muchas de ellas se han instalado en la capital, Tbilisi, en refugios improvisados en escuelas, jardines de infantes y edificios abandonados. Ahora dependen de la ayuda de otros, situación que no habrían imaginado hace apenas dos semanas.

     
©ICRC/J. Barry 
   
Amigos y vecinos se cuentan cómo huyeron y todo lo que perdieron 
               
©ICRC/J. Barry 
   
Lali y su marido Paata esperan recibir ayuda para instalarse en su cuarto del centro para refugiados 
                 
©ICRC/J. Björgvinsson 
   
Tsiuri y su hijo Shmagi, en su habitación del centro para refugiados. 
           

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La expresión en el rostro de estas personas desplazadas lo dice todo. En la entrada del Instituto de protección de la flora, cuyas oficinas se utilizan ahora como refugio de los sin techo, vecinos y amigos se cuentan historias de horror, huida y pérdida. Sus relatos son similares y narran los días en que estuvieron refugiados en subsuelos, con muy poco para comer o beber, mientras continuaban los bombardeos. Luego huyeron a los bosques y emprendieron una larga caminata hacia Tbilisi. Los más afortunados consiguieron ser trasladados hasta la capital.

" Hubo una explosión en el patio de casa, a unos cinco metros de donde estábamos " ; dice Tsiuri, viuda, quien explica el peligro que la forzó a irse junto con sus hijos. " Vi como dos tubos negros que salían del césped. Eran bombas. Si hubieran caído en el piso de cemento, no hubiéramos sobrevivido. "

Misha, de setenta y tres años, está ayudando a descargar mantas, jabones y otros socorros distribuidos por el Comité Internacional de la Cruz Roja. Hace una pausa y cuenta: " Estuve varios días en los bosques, antes de sentirme seguro como para venir hasta aquí. Pero soy fuerte " , siguió narrando con orgullo, mientras se estiraba para mostrar su estatura. " Nunca he estado enfermo en mi vida. " Un momento de orgullo en medio de tanta desesperanza.

" ¿Cómo podemos quedarnos aquí? " , preguntó Lali, 38 años, directora de un jardín de infantes, que tuvo que huir con su marido de una aldea cercana a Gori. La sala está limpia, pero casi sin muebles, sólo hay una mesa y unas sillas. " Mi marido y yo estamos alojados en casa de amigos, hasta que podamos conseguir algunos víveres y algo dond e dormir. " Parece enfadada, frustrada y cansada. Añade: " los amigos que nos han alojado también tuvieron que desplazarse por los enfrentamientos a principios de los años 1990. No han podido regresar a su lugar de origen. Nos han dado muestras de respeto y de compasión. Incluso nos han dado su cama para dormir y están durmiendo en el piso " .

Todas las personas que han tenido que desplazarse repiten lo mismo. Volviendo de una distribución de alimentos, con los brazos cargados de pan, Lali habla por todos. " Nos sentimos tan avergonzados de estar aquí " , se lamenta. " Llevábamos una buena vida. Nunca pensamos que quedaríamos reducidos a esto. "

Lo más triste de los centros donde ahora viven los desplazados es que no es la primera vez que alojan a personas sin techo. Durante los conflictos en Osetia del Sur y otra región separatista, Abjazia, en los años 1990, miles de personas abandonaron sus hogares y se instalaron en las escuelas, hoteles y edificios vacíos o abandonados en Tbilisi que ahora están recibiendo a estos desplazados. Muchos de los desplazados de entonces siguen viviendo aquí.

Uno de esos centros irónicamente se llama " Turbaza Vake " , o " lugar de turismo " . Rodeado de pinos, en un barrio distinguido de Tbilisi, el centro era uno de los lugares preferidos por los veraneantes. Lejos de disfrutar de unas vacaciones, sus actuales ocupantes están viviendo al borde del abismo.

Dos mujeres deambulan a lo largo de un corredor oscuro, con olor a humedad, en el Turbaza Vake. " Hace dieciocho años que estamos aquí " , dice una de ellas, una joven de tristes ojos azules, que lleva un vestido rosado. Se encoge de hombros y mira hacia atrás. A su lado, una niña de cuatro años, cuyo único hogar ha sido este lúgubre hotel.

El CICR realiza distribuciones diarias de artículos domésticos a los centros, y otros organi smos también están prestando ayuda. Además, se reciben donaciones de particulares y de asociaciones de caridad. Los voluntarios de la Cruz Roja de Georgia son algunos de los cientos de jóvenes que brindan su tiempo y su energía para ayudar a organizar las distribuciones. Los ingenieros del CICR están ayudando a reconectar los suministros de agua que estaban averiados y a instalar sanitarios.

Pero no sólo los desplazados necesitan ayuda. Es también preocupante el hecho de que en todas las aldeas de donde muchos habitantes han huido, hay otros tantos que no pudieron hacerlo debido a enfermedades, discapacidades o, simplemente, a la edad. Como el acceso de las organizaciones humanitarias a las zonas rurales está bloqueado, a causa de las precarias condiciones de seguridad, la situación de esas personas está empeorando cada día.

Los equipos de búsqueda del CICR están recabando información en los centros de desplazados sobre las personas que debieron separarse de sus familiares. Las listas van engrosándose a medida que las personas se acercan para dar información sobre parientes que quedaron en las aldeas y con los que han perdido el contacto. La directora del jardín de infantes, Lali, está buscando a su cuñado. " No sabemos nada de él " , dice. " Me temo que esté muerto. "

Casi todas estas personas están preocupadas por su futuro, no saben cómo ni cuándo podrán volver a la normalidad. El viejo Misha no tiene muchas esperanzas. " ¿Cómo saberlo? " , pregunta. " Los de Abjazia se preguntaban lo mismo y hace dieciocho años que están aquí. Quién sabe cuándo todo esto va a terminar. "