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Uganda: la apremiante necesidad de ayuda humanitaria pasa casi inadvertida para los medios de comunicación

15-03-2006 Entrevista

Pierre-André Conod, jefe de la delegación del CICR por dos años, acaba de finalizar su misión en Uganda, un país afectado por un conflicto interno que, a pesar de la magnitud de las necesidades de ayuda humanitaria que padece, casi no ha suscitado interés en los medios de comunicación. En esta entrevista, el señor Conod opina sobre este tema.

  ¿Se está deteriorando la situación humanitaria en Uganda?  

     

Yo me inclinaría a decir que la situación humanitaria del país, que era mala, está estancada. Las circunstancias se deterioraron considerablemente, sobre todo en 2003, cuando el número de personas desplazadas aumentó de 400.000 a un millón y medio. Esas personas viven en campamentos superpoblados, situados en diversos distritos en el norte del país, y tienen serias dificultades para acceder a los alimentos, al agua potable y a la atención médica que tienen derecho a recibir. Esto se suma a la gran promiscuidad que reina en los campamentos y a la destrucción de las tradiciones.

Hay dos factores fundamentales que subyacen a esta situación. Por un lado, la población es objeto de graves abusos cometidos por las partes en el conflicto; por el otro, la violencia doméstica es un problema importante. Cuando viven en un entorno superpoblado que no es el propio, las personas desplazadas se desorientan. Hay alcoholismo, y se producen numerosos actos de violencia entre miembros de la misma familia.

  ¿Cuáles son las dificultades que afronta el CICR?  

     

La dificultad principal, que es constante, se relaciona principalmente con la seguridad. Reanudamos nuestras actividades en Uganda hace dos años, después de una ausencia de tres años. Básicamente, si se desea llevar a cabo una acción humanitaria eficaz en el terreno, es necesario qu e la Institución sea percibida en forma favorable y aceptada por las partes en el conflicto, es decir el Ejército de Resistencia del Señor (LRA) y la Fuerza de Defensa del Pueblo Ugandés (UPDF), y por las autoridades del país en general. Fuimos bien recibidos por las autoridades gubernamentales y nos resultó relativamente fácil volver a desplegar nuestro personal y equipos en el norte del país. 

Pero los rebeldes, en actividad desde hace 19 años, carecen de una verdadera rama política, por lo cual es muy difícil mantener un diálogo constructivo con ellos para comprobar fehacientemente la forma en que el LRA percibe al CICR. Nunca logramos obtener garantías directas y concretas de ese grupo con respecto a la seguridad que debe rodear nuestras actividades. Sin embargo, a través de conversaciones con personas que defeccionaron o que fueron arrestadas a raíz del conflicto, habíamos concluido que los rebeldes tenían una percepción bastante positiva de la Cruz Roja, se trate del CICR o de la Cruz Roja de Uganda, que está estrechamente integrada en nuestras actividades.

Pero las emboscadas tendidas a finales de 2005 contra seis organizaciones humanitarias que viajaban sin escolta, como lo hacía el CICR, desbarataron nuestra idea acerca de la forma en que el LRA percibía al CICR. ¿Esos ataques, que supuestamente fueron obra del LRA, son una señal de que la actitud de ese movimiento armado hacia el CICR está cambiando? De todos modos, decidimos reducir nuestras actividades en el norte; al mismo tiempo, intensificamos nuestros esfuerzos por obtener garantías de seguridad más explícitas. Ahora, gradualmente, volvemos a desplegarnos en zonas que consideramos seguras gracias a nuestros buenos conocimientos del terreno. Los empleados de la delegación están familiarizados con la región y nos proporcionan información valiosa sobre los lugares adonde podemos viajar. Pero, repito: a menos que contemos con garantías claras, la seguridad de nuestros equipos seguirá siend o incierta.

  ¿El CICR tiene acceso a los detenidos que le corresponde visitar conforme a su cometido?  

     

Cuando, en 2004, el CICR reanudó sus actividades en beneficio de las personas desplazadas, también volvió a entablar el diálogo con las autoridades civiles y militares para recuperar el acceso a los detenidos y a las personas enjuiciadas por traición, por calumnias contra el gobierno o por aplicación de la legislación antiterrorista en vigor. Ahora tenemos acceso tanto a los centros de detención civiles como a los militares, y se respeta nuestra modalidad de trabajo, de modo que conocemos exactamente cuáles son las condiciones de detención en los diferentes lugares. La calidad del diálogo con las autoridades es muy satisfactoria; podemos hablar abiertamente con ellas cada vez que deseamos presentarles recomendaciones destinadas a mejorar las condiciones de detención.

Dado que las autoridades no nos notifican, en forma espontánea, las detenciones que realizan, tenemos que expresar nuestro interés por visitar a esas personas y nos permiten acceder a ellas, lo cual me satisface mucho. Idealmente, si las autoridades nos notificaran todas las detenciones, la colaboración con ellas sería incluso mejor.

  ¿El derecho internacional humanitario es suficientemente conocido en Uganda?  

     

No lo es, pero hay algunos indicios alentadores. Otra cuestión importante para el CICR es la difusión del derecho internacional humanitario y de los principios de los derechos humanos entre los portadores de armas, sean éstos militares o miembros de la fuerza policial que participan en las operaciones destinadas a mantener el o rden. En este sentido, hemos firmado un acuerdo de tres años de duración con el Ministerio de Defensa, a fin de integrar los principios fundamentales del DIH en la instrucción militar, con la expectativa de que las tropas no sólo se familiaricen con esas normas sino que también las respeten.

Del mismo modo, también firmamos un acuerdo con las autoridades policiales, a fin de realizar una actividad similar con los miembros de la fuerza policial, que necesitarían recibir una formación apropiada en el ámbito de los derechos humanos. Estamos en un período preelectoral y, en noviembre de 2005, ya hubo estallidos de violencia en la ciudad de Kampala. Esperamos que todo vaya bien y que todas las partes acepten los resultados de las elecciones, pero, obviamente, seguimos alerta, y la difusión de las normas fundamentales del DIH y de los derechos humanos sigue siendo una prioridad para el CICR.

  ¿Cómo explica el CICR la interrupción de sus actividades en Uganda entre 2001 y 2004?  

     

La interrupción de las actividades del CICR en Uganda se debió, sencillamente, a un trágico incidente de seguridad. Recordemos que, el 26 de abril de 2001, seis colaboradores del CICR fueron asesinados en el distrito de Ituri, en la República Democrática del Congo (RDC). En esos momentos, había varias partes adversarias en el terreno, sobre todo las fuerzas armadas de Uganda. Tras estos asesinatos, el CICR decidió retirarse de Ituri y suspender, por un tiempo, sus actividades en la región norte de la RDC y en Uganda, a excepción del distrito de Kampala. Se estableció un diálogo con las autoridades, a fin de elucidar por qué se había asesinado a trabajadores humanitarios en el marco de una misión que había sido debidamente notificada a todas las partes en el conflicto. Las gestiones destinadas a aclarar el hecho continúan h asta hoy. En marzo de 2005, el delegado general del CICR para África se reunió con las autoridades de Uganda con respecto a esa cuestión, y el presidente del CICR hizo lo mismo en junio del mismo año, en un encuentro directo con el presidente Museveni. En estos momentos, todo lo que podemos decir es que el diálogo sigue abierto.

Deseo aclarar que esta cuestión no tiene nada que ver con la reanudación de nuestras actividades en Uganda. Se trata de dos problemas muy distintos, y nuestro regreso al norte del país, en particular, se justificaba por el agravamiento de la situación humanitaria, un hecho que tanto la comunidad internacional como nosotros observamos en 2003.

  ¿Por qué el conflicto interno en Uganda recibe tan poca atención de los medios de comunicación?  

Las razones de esa falta de interés están relacionadas con la política. El conflicto quedó completamente olvidado hasta 2002. Nadie hablaba de él, porque estaba confinado al norte del país. Pero cuando el Gobierno de Sudán autorizó a Uganda a realizar operaciones militares en el sur de Sudán a fin de perseguir a los rebeldes, lo que causó un importante aumento del número de personas desplazadas en el territorio de la propia Uganda, la comunidad internacional comenzó a cobrar mayor conciencia del conflicto.

Aunque ahora se habla un poco más de Uganda en los noticieros, el interés que se demuestra en el tema no guarda proporción alguna con la magnitud de las necesidades humanitarias de las poblaciones afectadas por el conflicto interno.

  ¿Es apropiada la respuesta humanitaria en el norte del país?  

     

No me parece que lo sea, sobre todo por los problemas de seguridad y consecuentemente, p or las dificultades que tienen las organizaciones para llegar hasta las víctimas del conflicto. El hecho de que el CICR y otras organizaciones hayan optado por no utilizar escoltas armadas sigue siendo una garantía de neutralidad.

Se espera también una mayor movilización por parte del Estado ugandés para ayudar a las personas desplazadas que se encuentran en su territorio, lo que reduciría la dependencia de la población con respecto a la ayuda externa.

De todos modos, toda la ayuda que llega a estas personas desplazadas es, por definición, insuficiente: el hecho de vivir en un campamento por tiempo indefinido es sumamente nocivo para la forma de vida tradicional de cualquier pueblo, y ninguna organización podrá jamás reparar ese daño.