Cien años después de La Haya, cincuenta años después de Ginebra: el derecho internacional humanitario en tiempos de la guerra civil

30-06-1999 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Marie-José Domestici-Met

  Resumen:

En opinión de la autora, el estado del derecho internacional humanitario al acercarnos al siglo XXI puede caracterizarse por dos importantes novedades. La primera es la tendencia de los conflictos a alejarse de una confrontación bien estructurada entre Estados, acercándose cada vez más a una situación de violencia caótica dentro del territorio de la entidad estatal clásica. La segunda es la creciente tendencia a hacer de los civiles objeto de ataque. Como consecuencia de ello, aumentan el sufrimiento y las bajas entre la población civil. Tras analizar los principales obstáculos de la acción humanitaria en los conflictos actuales, la autora examina lo que denomina "el notable desarrollo de las normas internacionales que rigen los conflictos armados no internacionales". Para el fortalecimiento y desarrollo de las normas aplicables a tales conflictos, propone otros métodos, distintos a la codificación formal de nuevas reglas. El trabajo concluye señalando la decisiva importancia de difundir el derecho entre los que deben conocerlo, particularmente quienes participan en la violencia.
 

 
 

Parodiando a Jean-Jacques Rousseau [1 ] , podría decirse: " El derecho humanitario se concibió para la guerra entre Estados; y, en las guerras civiles, en todas partes se le desprecia " . Ahora bien, aunque este derecho " comprende un régimen muy elaborado, aplicable a los conflictos armados internacionales " , es " otro más escueto el que se aplica en los conflictos armados no internacionales " [2 ] . Se trata del artículo 3 común a los cuatro Convenios de Ginebra para la protección de las víctimas de la guerra, de los 28 artículos del Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra y del artículo 8, apartados 2 c) y 2 e) del Estatuto de la Corte Penal Internacional. ¿Por qué entonces este interés de los legisladores por las situaciones en las que el derecho internacional humanitario es despreciado? Un interés que, además, se manifiesta mediante disposiciones que, dada su formulación negativa, - " conflictos armados no internacionales " - podrían hacerlos ver como marginales, es decir, como la excepción aplicable en situaciones de crisis ubicadas en el límite del campo normal cubierto por el derecho internacional humanitario.
 

De hecho, los conflictos internos se han multiplicado, mientras que las guerras entre Estados prácticamente han desaparecido, en parte, debido al efecto de un equilibrio duradero entre " super grandes " , calificado no hace mucho aún como equilibrio del terror. Es así como, mientras en los dos últimos decenios apenas sí se han registrado una media docena de conflictos de este tipo, " más de treinta conflictos [... ] de poder, de territorio, de minorías, de religiones " ensangrentaban el planeta cuando se instalaba la XXVI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en diciembre de 1995 [3 ] .
 

Además, las guerras civiles en sí ya no son lo que eran en la época de Henry Dunant. Después de las guerras civiles políticas, después de las guerras " periféricas " , más o menos ideológicas pero siempre apadrinadas por los " super grandes " , aparecieron las guerras civiles de la tercera generación, ampliamente endógenas, en las que se rompe la estructura de los Estados y sistemáticamente se toma como blanco a las poblaciones. Perseguidas por pertenecer a una etnia - no se in sistirá en ese fenómeno bastante conocido -, pueden también ser un objetivo simplemente porque representan un envite. Éste puede ser político: la población representa un elemento constitutivo del Estado y debe, por ende, ser dominada a cualquier precio mediante la eliminación de los rebeldes irreductibles [4 ] y el chantaje que con la alimentación se ejerce sobre aquéllos que no son irrecuperables [5 ] . En el transcurso de la crisis, cuando la ruptura de la estructura se acentúa, este envite puede ser puramente económico para grupos que ni siquiera buscan el poder político, pero que se disputan el poder efectivo sobre la ayuda humanitaria, directamente o a través de sus beneficiarios.
 

En este contexto, las víctimas más numerosas son justamente aquéllas a quienes, en principio, el derecho internacional humanitario exime de los efectos de los conflictos: los civiles [6 ] . Y lo que es más, estos civiles se encuentran, generalmente, en una situación frente a la cual ese derecho no ha instaurado ningún estatuto específico a la medida de su desamparo. Privados del debido respeto al que, en principio, deberían tener derecho por ser no combatientes, despojados de todo cuanto hacía que sus condiciones de existencia fueran las normales, su única esperanza de salvación es, con frecuencia, una huida desesperada. Desplazados en su propio territorio o emigrantes del miedo que responde no muy acertadamente al calificativo de " refugiado " [7 ] , estos civiles se cuentan por millones [8 ] . A los ojos de la opinión pública, la imagen típica de lo humanitario ya no es la del emblema que protege ni la del intermediario neutral que interviene para aliviar las consecuencias de la guerra.
 
Esta imagen ha quedado velada por la de esos fugitivos, de preferencia esqueléticos y con mirada extraviada, perseguidos hasta en su lastimoso refugio. Segados por las epidemias, carcomidos por el hambre e incluso separados de sus potenciales salvadores por un cordón de mala voluntad desple gado por sus verdugos... es así como encarnan, a través de los medios de comunicación, el nuevo rostro de la acción humanitaria. Para la opinión pública, esta acción se ubica en un registro centrado más en la asistencia que en la protección, en una ayuda más específicamente alimentaria y, a veces, hasta en la imposibilidad de socorrer.
 

¿Se trata de un callejón sin salida? Por una extraordinaria paradoja, mientras se multiplican los actos de inhumanidad y se pone en duda la capacidad de funcionamiento del derecho internacional humanitario (I), el derecho humanitario de los conflictos armados no internacionales experimenta una avanzada normativa importante (II) y se abre ante él una nueva frontera (III).
 

  I. ¿Un callejón sin salida operacional?  

 
" [L ] a guerra, la violencia y el odio se extiend[e ] n por doquier en el mundo, [... ] los derechos fundamentales de la persona humana [son ] más y más gravemente y más y más sistemáticamente conculcados [... ] , [se ] remat[a ] a heridos, [se ] mat[a ] a niños, [se ] viol[a ] a mujeres, [se ] tortur[a ] a prisioneros, [se ] priv[a ] de asistencia humanitaria elemental a víctimas [... ] , se recurr[e ] al hambre como método de guerra contra personas civiles [... ] , las personas civiles [son ] , con cada vez mayor frecuencia, las principales víctimas de las hostilidades... " [9 ] . A todo esto se podría agregar los niños guerreros, frecuentemente más salvajes que sus mayores, las hostilidades financiadas por el tráfico de drogas o de armas y, - signo de la época- las compañías petroleras o los explotadores de minas de diamantes que reclutan milicias armadas.
 

De hecho, ante ciertos aspectos de la actualidad, cabe preguntarse si la célebre cláusula de Martens, al aludir a las " exigencias de la conciencia pública " , en una fórmula que parece sugerir el universalismo, no es más que una simple manif estación de utopía. Tras los diversos bloqueos sufridos por la acción humanitaria (A), los actores de terreno que tratan de pensar su acción y de encontrar una explicación, advierten el carácter casi esquizofrénico de la realidad internacional (B).
 

  A. Los bloqueos de la acción humanitaria  

 
Los bloqueos de la acción humanitaria están relacionados con la manera cómo evolucionan los conflictos. En 1996, el vicepresidente del CICR presentaba de los conflictos de la actualidad una visión caracterizada por tres rasgos particularmente significativos: son desnaturalizados (porque la población se ha convertido en el objeto más que en la víctima de los combates), desestructurados (porque los combatientes obedecen cada vez menos instrucciones, ni siquiera las provenientes de milicias paramilitares) y desenfrenados (porque, a menudo, la violencia en ellos se convierte en la expresión de impulsos individuales, de un simple y llano instinto de muerte). ¿Cómo pretender entonces que en un contexto tal se brinde acogida favorable al organismo que llega a " defender la causa humanitaria " [10 ] de personas a las que los combatientes pretenden, no solamente eliminar, sino también, a veces, ocasionar un sufrimiento gratuito?
 

La comunidad internacional, en alerta ante todo por el problema del acceso a las víctimas, se ve hoy constantemente enfrentada a dramáticos relatos de inseguridad.
 

  1. El acceso a las víctimas  

 
El acceso a las víctimas es indispensable, bien sea para realizar actividades de protección bien para ofrecer una asistencia. Y aunque es cierto que los medios de comunicación están prestando más atención al problema de la negativa a dejar encaminar socorros materiales, son las actividades de protección las que producen aún más temor a los verdugos. Con frecuencia, niegan rotundamente el acceso a los prisioneros. Larga es la retahíla de conflictos en los que el CICR no ha obtenido autorización para visitar a los combatientes capturados.
 

El acceso para brindar asistencia está, por supuesto, contemplado en los Convenios de Ginebra y en sus Protocolos adicionales de 1977. En efecto, aunque es cierto que los artículos pertinentes reconocen a los Estados concernidos [11 ] , la facultad para autorizarlo, las condiciones planteadas para rechazar la autorización, dejan muy poco lugar para lo arbitrario [12 ] . Sin embargo, como consecuencia de la multiplicación de las guerras civiles, cada vez más frecuentemente se niega el acceso a civiles cuyo desamparo no es ya un epifenómeno sino un objetivo. Ahora bien, el caso es que entre los diferentes regímenes jurídicos relativos al acceso a los socorros, el menos generoso es el de los conflictos internos de alta intensidad, regido por el artículo 18 del Protocolo II de 1977. En efecto, éste supone únicamente el acuerdo del Estado Parte y no reconoce la competencia de un movimiento rebelde organizado y en control de una parte del territorio, para pronunciarse sobre el mismo punto. Además, cuando no hay conflicto internacional ni interno de alta intensidad, no existe ningún artículo específico consagrado al problema del acceso a las víctimas.

En consecuencia, algunas debilidades de la letra, cuando no del espíritu, de los Convenios de Ginebra y de los Protocolos adicionales [13 ] , han dado lugar al deseo de encontrar nuevas vías de derecho - que van del intento de la UNDRO en 1984 de elaborar un Convenio relativo al encaminamiento de auxilios, hasta la resolución del Instituto de Derecho Internacional en 1989. La tentativa más conocida y provoca dora en el plano del vocabulario, ha sido denominada " injerencia " .
 
Desafortunadamente, hay que rendirse a la evidencia: en la mayoría de los casos, la negativa a permitir el acceso obedece más al desprecio total del derecho que a disposiciones demasiado tímidas de éste. Debido a la índole misma de los conflictos, todo equilibrio de los artículos relativos a la asistencia humanitaria resulta defectuoso.

Así es al nivel de la definición de la autoridad territorialmente competente, en situaciones en las que la fuerza está, de hecho, en manos de entidades que no son ni autoridades legítimas ni poderes efectivos. Entre las autoridades citadas en las disposiciones pertinentes de los Convenios y de los Protocolos [14 ] no figuran jefes de clanes y de bandas de malhechores. Y sin embargo, en muchas ocasiones, el acceso a las víctimas depende precisamente de la buena voluntad de dichos actores.
 

El sistema resulta también defectuoso al nivel de los motivos previstos para justificar un rechazo. El poder de decir no, conferido a las autoridades territorialmente competentes está, según los textos, " vinculado " . Si se hace una síntesis de esos motivos legales, puede comprobarse que se reducen globalmente al control del carácter humanitario de las prestaciones ofrecidas: verificación del hecho de que no se trata de armas, del hecho de que uno de los beligerantes no obtenga ventaja económica alguna para apoyar su esfuerzo de guerra, exigencia de un control de la distribución por parte de un intermediario neutral [... ] . Nada de esto figura en los móviles de un grupo que coloca un puesto de control del paso, con la firme intención de apoderarse del bien " ayuda humanitaria " o de utilizar el arma del hambre mediante un bloqueo de esta ayuda.
 

  2. La inseguridad del trabajo humanitario  

 
" El desprecio de las normas humanitarias, el desmoronamiento de las estructuras estatales y el desconocimiento de las normas esenciales del derecho internacional humanitario plantean graves problemas de seguridad al personal que lleva a cabo la acción humanitaria de urgencia " [15 ] .

Se sabe que las personas civiles pagan un alto tributo en los conflictos actuales. Por desgracia, su calvario no necesariamente cesa cuando alguien se encarga de ellas en su calidad de víctimas. A la violaciones sufridas en el campamento de detención, pueden suceder las que se cometen en los denominados campos de refugiados o de desplazados. Y tal como quedó demostrado con el caso Kivú, los campamentos en cuestión pueden también ser tomados por asalto, así como los equipos médicos pueden ser bombardeados. Estas gravísimas disfunciones demuestran que el emblema no goza ya del mismo respeto del que gozaba otrora. La inseguridad no es una suerte deparada exclusivamente a las víctimas. También alcanza al personal humanitario, y una triste lista da cuenta de ello. En un artículo dedicado al asesinato, en 1996, de seis miembros del personal del CICR en Chechenia, un delegado regional se preguntaba si es posible que las circunstancias en las que se lleva a cabo la acción humanitaria de urgencia hayan cambiado tanto que ya sólo sea factible desplegarla empuñando un arma o, si no, a costa de la propia vida [16 ] . Agregaba que el CICR no puede seguir manteniendo la ilusión de que es menos vulnerable que las demás organizaciones humanitarias [17 ]
 

Con respecto a la Convención sobre la seguridad del personal de las Naciones Unidas y del personal asociado, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 9 de diciembre de 1994, para tratar de mejora r la seguridad de los trabajadores humanitarios, no se han comprobado aún sus resultados.
 

Todos estos elementos esbozan una realidad desgarrada por la tensión entre, por un lado, el compromiso humanitario y, por el otro, los comportamientos totalmente contrarios a la ética.

  B. Una realidad esquizofrénica  

 
Estamos ante una especie de banalización de lo que el espíritu humanitario considera inaceptable. La incapacidad para comunicarse se instaura en diversos sectores de la sociedad internacional.

La multiplicación de ciertos hechos permite prever un atroz acostumbramiento a comportamientos ignominiosos. Desafortunadamente, los actores que no vacilan en cometer los actos más salvajes no son tan sólo un puñado de desequilibrados. Además, la miseria no es una excepción, bien circunscrita, a la que podría darse rápida solución. La sevicia y la indigencia están hoy presentes a gran escala.
 

En el informe que el CICR preparó para la Conferencia Internacional para la Protección de las Víctimas de la Guerra, se hace un elocuente recuento de las formas precisas bajo las cuales se presenta hoy lo inaceptable, y cuya frecuencia se puede adivinar: el hambre más absoluta [18 ] , masacres de civiles sobre las que se informa con crudeza [19 ] , ejecuciones sumarias [20 ] , torturas [21 ] , falta flagrante de cuidados [22 ] . En otras fuentes se describe la facilidad con la que pueden practicarse las mutilaciones, consideradas como un medio para llamar la atención. Todos estos actos se cometen a pesar de que están condenados por los Convenios de Ginebra que figuran entre los instrumentos jurídicos con mayor número de ratificaciones en el mundo.
 

De hecho, a esta banalización hay que añadir la incapacidad de comunicación. La universalidad es una fachada: " [T ] ras el consenso f ormal de los Estados, se esconden las verdaderas reticencias propias de las identidades culturales y de los estratos que nunca se han asociado a este consenso, más que por obra de los plenipotenciarios [... ] cuya autoridad ponen hoy en tela de juicio los más de los guerrilleros en los conflictos actuales " [23 ] .
 

La brecha conceptual se puede medir todavía mejor si se piensa que cuando una rama del medio humanitario occidental creó el concepto de la injerencia - posibilidad excepcional de hacer que el derecho de las víctimas a la vida prevalezca sobre la soberanía estatal -, los dirigentes políticos y los medios de comunicación occidentales, en su mayoría, se mostraron seducidos. Los juristas, en cambio, se mostraron más reticentes debido, sobre todo, a ciertas imprudencias de lenguaje. Lo que motivaba la reticencia del CICR [24 ] era la convicción de que no era el momento para embates normativos y no, como entonces se escuchaba decir, un respeto casi religioso por el consentimiento del Estado territorial. En efecto, si bien es cierto que " [E ] l objetivo máximo del CICR es lograr un acuerdo explícito con las partes contendientes para desplegar acciones de socorro y poder visitar a los detenidos... " [25 ] , igualmente se observan algunos comportamientos bastante audaces de su parte [26 ] . Y si aquéllos que hasta no hace mucho eran los más furibundos partidarios de la injerencia adoptan hoy un lenguaje prudente [27 ] es porque, entonces, para el tercer mundo, tal mensaje no era " aceptable " . La mayor debilidad de esa apología radicaba, sin duda alguna, en estar datada en el tiempo. De cierta manera, pretendía ser la opinio juris [28 ] de una práctica - la de la ayuda transfronteriza - que, a la manera de la imaginería de Epinal, difundía la epopeya de los French doctors penetrando de manera clandestina en Afganistán desde Pakistán, con grupos de resistentes. Pero se trataba al lí de un conflicto muy específico: el de una superpotencia con un pueblo del tercer mundo. La proclamación de un derecho de injerencia, en ese caso preciso, podía significar el derecho del débil frente al superpoderoso.
 

Pero, fuera de este contexto, no sólo los Estados del tercer mundo tienen que temer por su soberanía, sino que, además, " ...numerosos beligerantes en el mundo de la postguerra fría nunca han oído hablar de los Convenios de Ginebra, no conocen el CICR ni los emblemas de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, o consideran la muerte y el sufrimiento de los civiles como el medio para alcanzar sus objetivos personales y políticos " [29 ] . La responsabilidad colectiva, desprestigiada en el derecho occidental, es una de las nociones más importantes en ciertas guerras civiles: " refugiados que pertenecen a una etnia juzgada culpable de crímenes son perseguidos con la convicción de que se trata de una causa justa " [30 ] . Por lo demás, según algunos colaboradores africanos del CICR, " ...numerosas etnias africanas son pueblos guerreros y el acto de matar se considera como una prueba de bravura " [31 ] : por tal razón por razón, subliman la violencia a través de ritos de iniciación. Así pues, los operadores humanitarios, incomprendidos en sus profundas motivaciones, son a veces considerados como los caballos de Troya de la cultura occidental, como los agentes de la política exterior de los países ricos. O bien, sencillamente, entre los pueblos del Cáucaso, que siguen practicando corrientemente la toma de rehenes, son considerados como presas ideales.
 

La incomprensión puede también venir del mundo occidental, en el que la opinión pública es el primer destinatario de las imágenes de operaciones humanitarias. Ahora bien, este público es un prisma deformante, por una doble razón. Debido a su individualismo, es impermeable a la realidad de los conflictos de identidad y, por ende, está presto a negar su gravedad. Acostumbrado a un a " sociedad de consumo " , este público es más receptivo a los datos cuantitativos que al sufrimiento íntimo de personas reducidas a la condición de víctimas. Por consiguiente, se inclina más a financiar prestaciones materiales que a apoyar acciones de protección.
 

Por último, la incomprensión puede venir de los mismos operadores humanitarios, cuya " reticencia a dirigirse a quienes [... ] considera[n ] tal vez responsables de las catástrofes " [32 ] , puede obstaculizar, sin que ellos lo sepan, la imparcialidad.

De esta forma, la situación que prevalece al interior de la sociedad internacional no es muy propicia para la adopción de nuevas normas destinadas a reforzar la aplicabilidad del derecho internacional humanitario. En cambio, no ha frenado la ola normativa en ámbitos menos relacionados con la aplicabilidad directa. Y las situaciones de conflicto interno se benefician ampliamente de ello.
 

  II. Progresos normativos significativos  

 
El derecho internacional humanitario no había sido objeto de una reescritura desde los últimos cambios geopolíticos. Sin duda, en los Protocolos adicionales de 1977, se había tenido en cuenta la ampliación de la sociedad internacional como consecuencia de la descolonización: el precio de la " reafirmación " [33 ] del derecho anteriormente codificado era un reconocimiento del carácter internacional de las guerras coloniales. Y una parte no despreciable de su " desarrollo " [34 ] , en el sentido de la reglamentación de la conducción de las hostilidades, se había inspirado en el hecho de tener en cuenta a la guerrilla [35 ] . Sin embargo, la continuación de las guerras " periféricas " , hoy huérfanas, y los conflictos surgidos de la fragmentación de la ex Unión Soviética no han suscitado, de por sí, novedades en el derecho internacional humanitario en forma de nuevos Protocolos. No obstante, al igual que la colonización, estos fenómenos implican una ampliación de la escena internacional a numerosos pueblos que, hasta entonces, no eran actores de pleno derecho. Los conflictos armados no internacionales, muy modestamente introducidos en el derecho humanitario convencional hace cincuenta años, sólo están hoy cubiertos por un número limitado de disposiciones de ese derecho.
 

El derecho humanitario ha debido hacer frente a las nuevas formas de conflicto, pese a su falta de disposiciones que se refieran específicamente a los gigantescos movimientos de población de los tres últimos decenios [36 ] . Si bien es cierto que no todos esos desplazamientos son consecuencia de guerras civiles, la mayor parte está motivada, no obstante, por el deseo de huir de una situación perturbada en la que, aunque las hostilidades no oponen ejércitos, sí rasgan el tejido social en sí, situación en la que ya no existe la posibilidad de vivir normalmente. Además, con frecuencia, el Protocolo II no es aplicable, ya sea por falta de ratificación ya por falta de gobierno efectivo que, confrontado a una oposición, ejerza una real autoridad territorial. En tal caso, el conflicto interno cae dentro del ámbito del artículo 3 común a los Convenios de 1949, en el cual no se incluye ninguna regla relativa a la conducción de las hostilidades. Ahora bien, la intención de los Convenios, al prohibir los desplazamientos forzados y el recurso al arma del hambre, - aunque poco sean respetados- es poner fin al fenómeno de los movimientos de población, o por lo menos a reducir, de manera considerable, el número de desplazados y de " casi refugiados " .
 

Frente al fenómeno de los éxodos masivos, el derecho internacional humanitario ofrece a ciertos desplazados internos el régimen jurídico de las personas civiles afectadas por los conflictos. Al derecho de iniciativa del CICR mencionado en el artículo 10 del Convenio de Ginebra relativo a la protección de las personas civiles en tiempos de guerra y al artículo 143, que permite a los representantes de la institución visitarlas en su lugar de detención, se agregan los artículos 50 y siguientes del Protocolo I. En cuanto a los " casi refugiados " que buscan la paz franqueando una frontera, pero que permanecen muy cerca de ella, expuestos al riesgo de una incursión por ejemplo, puede considerarse que caen dentro del ámbito del artículo 5, parr. 2.d) de los estatutos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que permite al CICR brindar protección y asistencia a las víctimas de los conflictos armados y de sus consecuencias directas.
 

Todo este dispositivo sigue en pie. Han surgido algunas novedades en la esfera del derecho de mantenimiento de la paz, que, desde hace algún tiempo, integró la idea de que un conflicto interno podía representar una " amenaza para la paz " y por ello dar lugar a que el Consejo de Seguridad adoptara medidas en virtud del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, y en particular, a que se crearan tribunales penales internacionales. En este contexto, el derecho internacional humanitario experimentó de repente una considerable evolución. Desde entonces, la guerra civil está mejor cubierta por el derecho internacional y en caso de que éste no sea respetado se aplica un régimen represivo.

  A. Una mejor cobertura de la guerra civil por el derecho internacional humanitario  

 
¿En medio de una guerra civil, tiene sentido la inmunidad de una persona civil como tal? Es la solución contemplada por el Protocolo II que mantiene la protección de ésta, salvo en caso de participación directa en las hostilid ades. Pero, ¿qué sucede en un conflicto carente de estructura en el que cada quien puede armarse a su manera?
 

En 1990, el Instituto Internacional de Derecho Humanitario de San Remo, buscó una respuesta a las nuevas necesidades jurídicas mediante la elaboración de una Declaración sobre las normas de derecho internacional humanitario relativas a la conducción de las hostilidades en los conflictos armados no internacionales [37 ] . Se trata de un texto ambicioso pues " identifica como derecho internacional positivo o derecho internacional en formación " un cierto número de normas precisas. Su interés reside en que desconoce toda categorización de los conflictos armados no internacionales, mediante la unificación de las situaciones regidas por el Protocolo II con las que sólo competen al artículo 3 común a los Convenios de Ginebra. Más aún, para el conjunto de estas situaciones, este texto va en ocasiones más allá de la letra del Protocolo II, acercándose al texto del Protocolo I. De allí resulta que los conflictos armados no internacionales, en general, pasarían a estar regidos por reglas internacionales relacionadas con los métodos de combate. Se encuentran nuevamente en ese texto las diferentes facetas de la protección de las poblaciones civiles, incluida la protección de los bienes indispensables para su supervivencia, la prohibición de causar males superfluos y las medidas de precaución en el ataque. Sin embargo, el documento de San Remo sigue siendo una interpretación doctrinal.
 

El acercamiento, en derecho positivo de los conflictos armados [38 ] , entre el régimen de la guerra civil y el de los conflictos armados internacionales, se nutre de numerosas fuentes.
 

Los acuerdos entre partes beligerantes se concluyen por invitación de los Convenios de Ginebra mismos. En el conflicto bosnio, el Acuerdo del 22 de mayo de 1992 se fundaba expresamente en el artículo 3 común a los Convenios de Ginebra, en el que se afirma que " ...las Partes concernidas consideraban que los conflictos armados en los que participaban eran conflictos internos... " [39 ] . Sin embargo, el Acuerdo retomaba " la mayor parte de las disposiciones de los Convenios de Ginebra y del Protocolo adicional I, aplicables a los conflictos armados internacionales " [40 ] . En el marco de estos acuerdos concluidos con el auspicio del CICR, las partes conciliaron ad hoc los regímenes jurídicos de los conflictos internacionales y de los conflictos internos.
 

Por otro lado, el acercamiento entre guerras civiles y conflictos internacionales se continuó gracias a nuevos textos negociados al interior de la ONU. Es el caso del Protocolo II sobre prohibiciones o restricciones del empleo de minas, armas trampa y otros artefactos, tal como se enmendó el 3 de mayo de 1996 [41 ] . Y por muy decepcionante que pudiera parecer - por otras razones- la nueva versión, que sería superada por el Tratado de Ottawa relativo a la prohibición absoluta de las minas antipersonal [42 ] , se observará que el Protocolo II modificado constituye un importante progreso en materia de cobertura de los conflictos armados no internacionales por los tratados de derecho internacional humanitario. En efecto, su artículo 1, apartado 2, dice que el Protocolo se aplica en adelante a los conflictos contemplados en el artículo 3 común a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949. El artículo 1, apartado 3 del Protocolo modificado añade que en caso de conflicto armado no internacional, cada parte en el conflicto, así sea privada, " estará obligada a aplicar las prohibiciones y restricciones del presente Protocolo " .
 

Otro resultado - no tan difundido por los medios- de la Conferencia de revisión del Convenio de 1980 sobre prohibiciones o restricciones de ciertas armas convencionales, es un verdadero éxito, pues el nuevo Protocolo IV [43 ] prohíbe utilizar armas láser que provocan ceguera. Aunque en el texto no se precisa su campo de aplicación, las actas de los trabajos preparatorios muestran que se obtuvo un consenso sobre el hecho de que el Protocolo debe aplicarse tanto a los conflictos no internacionales como a los internacionales [44 ] . A todo esto puede agregarse un Protocolo al Convenio relativo a los derechos del niño, documento en preparación en el que se estipularía que la edad mínima para el reclutamiento es de 18 años y que, según el deseo del CICR, sería aplicable a todo tipo de conflicto armado.
 

Para beneficio de las operaciones militares con fines humanitarios, otra cara del régimen de los conflictos armados internacionales es cada vez menos desconocida en las guerras civiles. En efecto, el derecho de los conflictos armados no internacionales no contempla la existencia de zonas y localidades sanitarias y de seguridad, como tampoco la de zonas neutralizadas estipuladas en el IV Convenio de Ginebra. La repetida creación de zonas de seguridad (o " zonas humanitarias seguras " ) no suple esta carencia. En Bosnia, por ejemplo, no se encuentra ni el aspecto consensual ni el aspecto desmilitarización de estas zonas que no han sido respetadas ni en Zepa ni en Srebrenica... Sin embargo, la idea de brindar refugio a las personas protegidas está presente. Forzando un poco el rasgo jurídico, podría decirse que se trata de garantizar la ejecución forzada de una obligación de abstención: la obligación de abstenerse de perjudicar a las personas civiles. Desde el punto de vista conceptual, la zona de seguridad podría entonces ir más allá de la idea de protección física y relacionarse con la noción de protección jurídica. No obstante, ésta aporta también una prestación inmaterial - la prestación de seguridad pública- la cual dista mucho de ser despreciable, puesto que es a partir de ella que Montesquieu medía la libertad [45 ] . Entre protección y prestación se ha desarrollado un concepto que relaciona el conflicto interno con ciertas prácticas propias de los conflictos armados internacionales.
 

Sin embargo, suele considerarse que la solidez de una norma se mide en función de cómo se reprimen las infracciones.
 

  B. El nacimiento de una sanción internacional para las infracciones cometidas en las guerras civiles  

 
El derecho convencional de 1949 y de 1977 prevé la represión penal mediante una vía en extremo internacionalista - la competencia penal universal- en la hipótesis de " infracciones graves " , cometidas en caso de conflictos armados internacionales. No es éste, en absoluto, el caso del Protocolo II, ni del artículo 3 común a los Convenios de 1949, pese a la iniciación de cierta equiparación entre los dos tipos de conflictos respecto de la obligación de hacer respetar el derecho internacional humanitario [46 ] . Pero es imperativo tener en cuenta la evolución de las guerras civiles, la de la fragmentación yugoslava y la engendrada por el genocidio de Ruanda. De manera sucesiva, se dieron a conocer tres técnicas jurídicas.
 

  Ampliación ad hoc  

 
Mediante el acuerdo del 1° de octubre de 1992 arriba mencionado, las diferentes partes en el conflicto bosnio que, no obstante, siguen calificando de conflicto interno, convinieron en que " toda violación del derecho internacional humanitario perpetrada en el marco de este conflicto debe ser objeto de castigo " .
 

El Estatuto del Tribunal Penal Internacional para Ruanda califica de crímenes " las violaciones graves del artículo 3 común y del Protocolo adicional II " , textos que, cabe anotar, se encuentran estrechamente relacionados con la noción de conflicto interno.
 

  Equiparación de principio: la similitud en el horror  

 
En el caso Tadic, el Tribunal Penal Internacional para ex Yugoslavia (TPIY) rechazó la idea, planteada por el fiscal, de que el conflicto debía ser considerado como internacional en virtud del calificativo que le había conferido el Consejo de Seguridad. Al mismo tiempo, rechazó los argumentos de Tadic, quien afirmaba que era inaplicable el artículo 3 del Estatuto del TPIY, según el cual el Tribunal " es competente para perseguir a las personas que cometen violaciones de las leyes y costumbres de la guerra " . No obstante, la Sala de Apelación del TPIY afirmó que el artículo 3 del Estatuto cubre todas las " violaciones graves " del derecho internacional humanitario convencional y consuetudinario y señaló, además, que existe un derecho consuetudinario de los conflictos armados no internacionales [47 ] . En el análisis de este derecho, la Sala de Apelación hace afirmaciones contundentes: " ... en el ámbito de los conflictos armados, la distinción entre conflictos entre Estados y guerras civiles pierde valor por lo que respecta a las personas” [48 ] , o: " la esencia general de estas reglas [y no la reglamentación detallada que puedan contener ] , es ahora aplicable a los conflictos internos... " [49 ] . Según el Tribunal, el contenido de este núcleo consuetudinario " impone una responsabilidad penal para las violaciones graves del artículo 3 común... " [50 ] . Aquello que es criminal entre Estados no podría dejar de serlo en un conflicto armado no internacional.
 

  Adopción de disposiciones específicas en los conflictos no internacionales  

 
El artículo 8 del Estatuto de la Corte Penal Internacional consagra sus secciones c) y e) a los crímenes de guerra cometidos en el marco de conflictos que no tienen carácter internacional. Sin embargo, no deja de ser cierto que el régimen de esta Corte da lugar a dos observaciones tendientes a reducir el alcance general de su significación en materia de conflictos armados.
 

Ante todo, el deseo de rigor que presidió la definición de los crímenes de guerra conduce al establecimiento de listas distintas para los conflictos internacionales y para los no internacionales. Ahora bien, la segunda de estas listas es más breve. Falta en ella, principalmente, pese a los ingentes esfuerzos del CICR por incluirla, la utilización del arma del hambre. La existencia de una lista hace que en lo sucesivo será más difícil recurrir al razonamiento del fallo del caso Tadic.
 

Además, una disposición destinada a preservar de manera general la soberanía de los Estados puede tener consecuencias muy negativas con respecto a la competencia de la Corte en materia de conflictos internos. Se trata del artículo 12 del Estatuto que subordina el ejercicio de la competencia de la Corte - exceptuando el caso en que el Consejo de Seguridad somete un caso a la Corte- al hecho de que dicha competencia debe ser reconocida por, al menos, uno de los dos Estados más directamente relacionados con el crimen: el Estado de comisión de éste o el Estado de nacionalidad del acusado. De esta forma es muy limitada la posibilidad de que se juzgue internacionalmente a los actores de una guerra civil que ha cubierto de sangre el territorio de un Estado, puesto que, como el Estado en cuestión desempeña por sí solo las dos funciones mencionadas en el artículo, para evitar dicho juzgamiento le basta con no aceptar la competencia de la Corte.
 

Sin embargo, la innovación es aquí más relevante que en el caso de los conflictos armados internacionales, para los cuales existía ya la competencia penal universal [51 ] . La institución de una jurisdicción penal internacional representa la esperanza de una ganancia de efectividad a nivel de procedimiento. En caso de guerra civil, se trata nada más y n ada menos que de la internacionalización de eventos que atañen a la vida del Estado y sólo del Estado, como respuesta a la utilización de medios inaceptables para " manejar " el litigio interno. Es un retroceso de la soberanía estatal que no tiene punto de comparación con lo que sucede en la hipótesis de un crimen cometido durante una guerra internacional.
 

La creación de la Corte Penal Internacional fue acogida con una inmensa esperanza, particularmente por la " sociedad civil " de los estados occidentales. Sin embargo, sería ingenuo pensar que el balance sea de entrada satisfactorio, ya que el derecho internacional humanitario no puede contentarse con éxitos simbólicos mientras encuentre tantas dificultades de aplicación.
 

La síntesis de las dos constataciones hasta aquí hechas - obstáculos materiales y psicológicos que a veces paralizan la acción y progresos normativos fulgurantes en ocasiones realizados gracias a los mismos conflictos- exige nuevos esfuerzos. El hecho de que la guerra civil escape con demasiada frecuencia al control del derecho internacional humanitario, ¿no se deberá acaso a que fue introducida demasiado tarde en su ámbito? Si, tal como se ha visto, el derecho humanitario deja, progresivamente, de atribuir un estatuto jurídico menor a los conflictos armados no internacionales, ¿debe éste conservar el umbral jurídico existente entre conflictos armados y disturbios interiores?
 

  III. ¿Una nueva frontera para la promoción del derecho internacional humanitario?  

 
A pesar de las dificultades encontradas, ni los usuarios ni los promotores del derecho internacional humanitario han desfallecido en su labor. Muy al contrario, los últimos diez años se han caracterizado por la realización de una gran actividad intelectual en el ámbito humanitario. Por ejemplo, en cuanto al fenómeno de la violencia al interior de un Estado, la investigación ha permitido establecer la existencia de un continuum entre diferentes intensidades de violencia. Se habla de " eje temporal de las situaciones de tensiones internas, de disturbios interiores, de conflicto... " [52 ] .
 

Las situaciones de desorden no están verdaderamente definidas por el artículo 1 del Protocolo II, que se limita a mencionarlas para luego excluirlas de su campo de acción. Sin embargo, el Comentario del Protocolo II publicado por el CICR, cita a título de ejemplo " los motines, como manifestaciones que no tienen un propósito inicial concertado; los actos aislados y esporádicos de violencia, las detenciones masivas de personas a causa de sus actos o de sus opiniones " [53 ] . Puede agregarse la proclamación del estado de emergencia o de la ley marcial, o la existencia de disturbios por enfrentamientos entre facciones pero sin la participación directa del Estado, o también los actos de terrorismo que no toman la forma de una verdadera guerrilla. Sin embargo, nada de esto basta para establecer criterios, a menos que se trate de un criterio negativo: la ausencia de operaciones militares conducidas por fuerzas armadas o por grupos armados. Además, el problema de la frontera entre estas situaciones y los conflictos armados de carácter no internacional, queda desvirtuada por el hecho de que " ...los Gobiernos tal vez no quieran reconocer la existencia de un estado de conflicto armado interno, por obvias razones políticas " [54 ] .
 

Además de estos problemas de definición, los disturbios interiores plantean problemas de régimen jurídico y de enfoque práctico. Con respecto al régimen jurídico, éste es en extremo frágil. Por una parte, se trata de circunstancias para las que, precisamente, hay disposiciones de los convenios relativas a los derechos humanos que prevén la suspensión de la aplicación dichos convenios, salvo para un nú cleo de derechos fundamentales [55 ] . Por otra parte, los tratados de derecho internacional humanitario no incluyen estas situaciones dentro del ámbito de aplicación de esa rama del derecho, aunque el CICR extraiga de los Estatutos del Movimiento [56 ] , un cierto derecho de iniciativa. Ahora bien, con respecto al enfoque práctico, parece ser que la intervención de un intermediario neutral es " más difícil en situaciones de disturbios internos que de conflicto armado no internacional [... ] Los manifestantes, poco organizados por definición, carecen generalmente de un órgano directivo con el que el CICR pueda dialogar [... ] Por consiguiente, en caso de disturbios, es principalmente ante el Gobierno que el CICR puede realizar gestiones acerca del trato que ha de darse a los manifestantes y del uso de la fuerza para reprimir los disturbios. " [57 ] El Comité tiene menos influencia sobre los opositores, lo cual podría plantear el problema de su aprehensión global de la crisis o, incluso, el de la percepción que sobre su neutralidad tendrían terceros.
 

Resulta entonces que hoy es necesario consagrar mayores esfuerzos al tratamiento de estos disturbios, con la esperanza de poder controlar mejor la cadena de los comportamientos inhumanos. Se pueden prever dos tipos de acciones: por una parte, la elaboración de códigos de conducta para las situaciones que no están contempladas en ningún texto, y, por otra, la definición de una nueva estrategia de difusión del derecho internacional humanitario al público.
 

  A. La defensa de las normas mínimas del derecho humanitario en las situaciones de violencia interna  

 
El objetivo es evitar que al poner en tela de juicio el carácter operacional del derecho internacional humanitario, resulte cuestionada la validez de los principios de base. Los " códigos de conducta " no tienen el valor de convenios y, en su mayoría, tampoco pretenden tener el valor de la costumbre. No obstante, son " textos de referencia útiles " [58 ] .

El primero en proponer un código de conducta para las situaciones de tensión que no alcanzan el estatuto de conflicto armado, fue Hans-Peter Gasser, en un artículo publicado en la Revista en 1988 [59 ] . Luego, la idea se fue abriendo camino y el grupo de expertos que aprobó la Declaración de Turku (Finlandia) en 1990, preveía la aprobación solemne de una Declaración sobre normas humanitarias mínimas [60 ] , por parte de las Naciones Unidas. La Declaración de Turku es, una vez más, un texto ambicioso. En su preámbulo se afirma que, en las situaciones de violencia interna y de disturbios interiores, " el derecho internacional relativo a los derechos humanos y las normas humanitarias aplicables en los conflictos armados no protege a los seres humanos de manera adecuada " ; la Declaración enuncia las normas que, según sus redactores, constituyen el mínimo.
 

Con respecto al contenido, uno de sus principales intereses es transponer la distinción entre civiles y combatientes hablando de " personas que no participan en los actos de violencia " , sin precisar que sea " armada " . Además, el proyecto de Declaración utiliza normas aplicables al derecho de los conflictos armados internacionales, contribuyendo así al acercamiento entre disturbios interiores, guerra civil y guerra internacional. De esta forma, el proyecto prohibe, en cualquier circunstancia, incluidas las de simples tensiones internas, las armas cuyo uso está prohibido en un conflicto armado internacional. El texto hace hincapié, particularmente, en las personas detenidas o confinadas a domicilio forzoso, así como en las garantías judiciales a su favor.
 

Pero sobre todo, las normas enunciadas deben ser aplicadas por y a todas las personas, por y a todos los grupos de la sociedad y, p or toda autoridad.
 

Esto significa, aunque no se diga textualmente así en la Declaración, que se trata de una ética social que debe enseñarse a todo nivel. Y aunque es difícil obtener un progreso normativo que haga aplicables a estos disturbios las normas de los Convenios de Ginebra y de sus Protocolos adicionales, no es imposible replantearse respecto de esas situaciones la difusión del derecho internacional humanitario.
 

  B. La defensa del espíritu humanitario en la sociedad  

 
Hoy muchos ejércitos han logrado integrar perfectamente los conceptos del derecho de Ginebra en la instrucción de sus tropas y en sus reglamentos militares. Incluyen estos conceptos incluso in concreto en su instrucción de campaña utilizando para ello un vocabulario adaptado. En los Estados concernidos, el esfuerzo de difusión debe entonces centrarse en otros públicos objetivo, por lo demás ya mencionados en los Convenios de 1949 y en sus Protocolos adicionales [61 ] , pero un poco marginados de las actividades de difusión hasta estos últimos años [62 ] . Es necesario afrontar los verdaderos problemas de hoy, recurriendo a las herramientas que se pueden utilizar. Dado que la guerra civil es desde ahora la principal causa de desorden y de violencia, el derecho internacional humanitario está en la obligación de abordar el fenómeno en su globalidad, es decir, incluyendo las situaciones que no alcanzan a calificar de conflicto armado no internacional.

En la elaboración del mensaje se examinará, en particular, la distinción " entre principios y reglas " . Así pues, será posible concentrarse en lo esencial y garantizar una difusión mejor adaptada a la diversidad cultural y a los contextos en los que reina la violencia.
 

  Una difusión mejor adaptada a la diversidad cultural  

El objetivo es basar el mensaje del derecho internacional humanitario en las culturas locales, aun cuando parezca irrealista esperar encontrar los principios de este derecho en todos los fondos culturales locales. Sin embargo, en la actualidad se adelantan trabajos en Guatemala, para discernir, en los usos y costumbres mayas, puntos de contacto con el derecho internacional humanitario. El mismo esfuerzo se está realizando en Ruanda [63 ] .
 

Este esfuerzo de aculturación tiene dos consecuencias importantes. Primero, el CICR, al igual que las grandes organizaciones no gubernamentales, recurre hoy más a los historiadores, sociólogos y antropólogos a fin de determinar qué parte del mensaje humanitario puede llegar a tener mejor acogida. En Burundi se han realizado grandes esfuerzos después de los acontecimientos de octubre de 1993. Su resultado es la elaboración de una " Declaración para las normas de comportamiento humanitario: un mínimo de humanidad en situación de violencia interna " , en la que se da mucha importancia a " una formulación pragmática de comportamientos observables antes que teorético-universales " . El texto contiene muchos proverbios burundianos y su lanzamiento se hizo a través de una película y una canción. No obstante, a pesar de estas formas - que bien podrían calificarse de amables- y del realismo de su objetivo - que no era precisamente el restablecimiento de las paz, sino la moderación de la violencia -, el mensaje es intransigente. Por ejemplo, se descarta la idea de que el no funcionamiento de la justicia podría legitimar la venganza. Si bien es cierto que el desencadenamiento de la violencia en 1995 fue un obstáculo para la difusión de la Declaración, ésta respondió, no obstante, a las expectativas de sus autores, en el sentido de que, en opinión de los primeros grupos de burundianos con quienes se discutió, parecía ser apropi ada [64 ] .
 

Por otra parte, la forma del mensaje es, cada vez con mayor frecuencia, más adaptada al público objetivo, aunque sea utilizando conceptos que no son, propiamente hablando, humanitarios. Es decir, que el mensaje está desprovisto de reglas, y se limita a los grandes principios cuando no a principios externos al derecho internacional humanitario, susceptibles de tener la misma consecuencia práctica que aquéllos del derecho del derecho internacional humanitario. Podría mencionarse aquí el ejemplo citado por Marion Harroff-Tavel del miliciano somalí sermoneado en nombre del código de honor de su clan, en un sainete presentado para difusión [65 ] . Asimismo, varios de los proverbios utilizados en Burundi en la Declaración arriba mencionada, son ante todo consejos de prudencia [66 ] , y, tan sólo en algunos de ellos, se manifiesta un espíritu realmente humanitario [67 ] .
 

  Una difusión mejor adaptada a los contextos de violencia  

 
¿Tienen los disturbios internos un límite inferior por debajo del cual los principios, como las normas del derecho internacional humanitario y los temas de la Declaración de Turku, no tendrían ya pertinencia? O por el contrario, ¿podría acaso la indiferencia hacia los principios humanitarios, fomentar, por contagio, los disturbios interiores y el posterior desarrollo de los conflictos armados no internacionales? ¿No se nutre acaso la guerra civil de la falta de civismo de los individuos, del desprecio por el otro, sin necesidad de que exista siquiera un fondo político? En las sociedades denominadas " en paz " y desarrolladas, la violencia caracteriza las relaciones de ciertos jóvenes entre sí, las relaciones entre ciertos jóvenes y los servicios públicos, entre ciertos jóvenes y las personas vulnerables (sin domicilio fijo o discapacitadas, por ejemplo). Algunas encuestas realizadas en los llamados barrios " difíciles " en Francia, demuestran que quizás esta violencia no es tanto una forma de acción revolucionaria, como la expresión de valores culturales fundados en la fuerza.
 

La revolución humanitaria iniciada en el siglo XIX con los combatientes uniformados, debe hacerse hoy con los combatientes ocasionales. En consecuencia, enumeraremos, brevemente, algunos problemas de estrategia de difusión.
 

  El contenido de la difusión     - Por supuesto, aquí se trata del espíritu humanitario y no del derecho humanitario. El primero se alimenta de los mismos principios que el segundo, aunque no desarrolla reglas " situadas " en los conflictos armados. La inmunidad del civil o del no combatiente será reemplazada, por ejemplo, por la del camarada más débil e inofensivo. La prohibición de hacer daño al soldado herido y enfermo, será reemplazada por la de hacer daño al anciano, al niño menor que uno mismo, a la mujer encinta o, sencillamente, a la persona que esté en situación de debilidad. No obstante, es importante centrar el mensaje en prácticas concretas y no en una solidaridad abstracta con pueblos lejanos, o en la condena de comportamientos difundidos ampliamente por los medios y que se sitúan a miles de kilómetros.
 

  La elección del momento para la difusión - Nada exige que el mensaje se dirija a los jóvenes. A nombre del continuum y de la prevención, no nos parece inútil realizar actividades de difusión con escolares.
 

  El objetivo de la difusión - Se trata de suscitar reflejos humanitarios en la lectura de los acontecimientos, un sentimiento de responsabilidad con respecto al desamparo del otro, la capacidad p ara proponerse objetivos que se encuentran al alcance y para lograrlos, en lugar de dejarse llevar por un sentimiento de impotencia. En últimas, se trata de inculcar a los individuos la aptitud de determinarse no tanto en función de criterios económicos, como respecto de la inalienable dignidad del ser humano.

Indudablemente, la ambición es vasta, pero no excesiva teniendo en cuenta que las necesidades de un mundo en el que la globalización no se hace en torno a los principios humanitarios.
 

La situación del derecho internacional humanitario, en el contexto de una guerra civil, se compone de fortalezas y de debilidades. Un logro esencial reside en la tendencia, en apariencia irreversible, hacia la unificación por lo alto de los regímenes jurídicos. ¿Pero, acaso los vejámenes de que son objeto las víctimas, el bloqueo de los auxilios y los asesinatos de miembros del personal humanitario encuentran compensación en la jurisprudencia progresista del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, y en la aprobación de un nuevo convenio represivo? Sin duda, la acción a posteriori es una contribución importante para la efectividad de una regla de derecho. Pero no todo puede quedar allí, cuando en las situaciones más banales se percibe más el retroceso y no el progreso del espíritu humanitario. El desafío de hoy es instaurar igualmente un enfoque más preventivo, a fin de reducir la necesidad de aplicar una sanción. Dado que la guerra civil nace -como la guerra entre Estados- en el espíritu de los hombres, es entonces en el espíritu de los hombres que hay que sembrar los gérmenes de la paz y la moderación, mucho antes de que surjan las crisis. Hoy por hoy es necesario dotarse de una prevención social.

* Marie-José Domestici-Met es profesora de derecho internacional en la Universidad de Aix-Marseille III (Francia), miembro de su Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales y Comunitarias y directora del Diploma de Estudios Superiores Especializados (DESS) en " Ayuda humanitaria internacional - Urgencia y rehabilitación " .
 
 
  Marie-José Domestici-Met es profesora de derecho internacional en la Universidad de Aix-Marseille III (Francia), miembro de su Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales y Comunitarias y directora del Diploma de Estudios Superiores Especializados (DESS) en " Ayuda humanitaria internacional - Urgencia y rehabilitación " .

 
 

  Notas  

 
1. " El hombre nace libre y en toda parte está encadenado " (Trad.: CICR), El Contrato Social , 1762.

2. Denise Plattner, " La protección de las personas desplazadas en un conflicto armado no internacional " , RICR , n° 114, noviembre-diciembre 1992, p. 600.

3. Discurso del Presidente del CICR durante el acto de apertura de la XXVI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Ginebra, 1995), RICR , n° 133, enero-febrero 1996, p. 24 

4. Ver Philippe Peccatier, " Libéria: la paix ... ou la famine " , Géopolitique de la faim , PUF (Presses Universitaires de France), París, 1998, p. 36.

5. Se atribuye a uno de los colaboradores de un jefe de Estado derrocado esta terrible fórmula a propósito del embargo que afectaba a la población civil: " Tanto mejor que sufran, eso les enseñará a no rebelarse contra nosotros " , (traducción CICR) AFP Bulletin Quotidien de l'Afrique , no 15077, 13 noviembre 1997.

6. Con frecuencia se comparan dos cifras, sin duda redondeadas, pero no obstante, altamente significativas: el número de víctimas civiles ascendió al 5% en la Primera Guerra Mundial, mientras que, en los conflictos de los años 1990, esta cifra está entre el 90 y el 95%. Sin embargo, para la Primera Guerra Mundial, las estimaciones de la " Campaña mundial para la protección de las víctimas de la guerra " arrojan como cifra el 15%. RICR, n° 105, mayo-junio 1991, p. 331.

7. Pues, si bien han logrado traspasar una frontera, no son necesariamente objeto de persecuciones.

8. El Presidente de la Federación Internacional de las Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, durante el acto de apertura de la XXVI Conferencia Internacional de la Cruz Roja (Ginebra, 1995), declaró que la ayuda a los refugiados y desplazados representaba el 70% de las operaciones del Movimiento, en el terreno. Véase RICR No 133, enero-febrero 1996, p. 19. Dentro del mandato del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ) caen aproximadamente 30 millones de personas, de las cuales aproximadamente 13 millones son refugiados desde el punto de vista jurídico.

9. Declaración final de la Conferencia Internacional para la Protección de las Víctimas de la Guerra (Ginebra, 1993), parr. I.1 y I.3, RICR , n° 119, septiembre-octubre 1993, p. 398.

10. E. Roethlisberger, " ¿Tiene el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja que reconsiderar su ética ante los desafíos de hoy y del futuro? " , RICR , n° 135, mayo-junio 1996, p. 352.

11. Es decir, según el caso, el Estado del territorio en el cual se desarrolla el conflicto, la potencia ocupante, o los Estados vecinos cuyo territorio hay que utilizar para pasar.

12. D. Plattner, " Le régime des Conventions de Genève et des Protocoles additionnels en matière d'assistance aux victimes des conflits armés " , en M.J. Domestici-Met (ed.), Aide humanitaire internationale: un consensus conflictuel? " , Economica, París, 1996, p. 225 y siguientes.

13. P. Jean, " Plénitude ou lacunes du droit international humanitaire " en Domestici-Met, op. cit . (nota 12), p. 245 y siguientes.

14. IV Convenio de Ginebra, artículos 23 y 59, Protocolo I, artículo 70, Protocolo II, artículo 18.

15. Informe sobre la protección de las víctimas de la guerra, preparado por el CICR para la Conferencia Internacional para la Protección de las Víctimas de la Guerra, RICR n° 119, septiembre-octubre de 1993, p. 411 y siguientes.

16. Philippe Comtesse, " ¿Cómo reaccionar ante la nueva vulnerabilidad del personal humanitario? " , RICR , n° 140, marzo-abril 1997, p. 150 y siguientes.

17. En el transcurso de los años 80, algunos voluntarios de ONG fueron acusados de espionaje en Afganistán, miembros de Médecins sans Frontières fueron secuestrados en Somalia o abatidos en un avión en el sur de Sudán. En este fin de decenio, hay que agregar a la triste lista el asesinato de unos veinte delegados del CICR, así como de voluntarios de Médecins du Monde y de representantes del ACNUR.

18. " En la mayoría de las cabañas había personas gravemente marásmicas, que permanecían tumbadas, esperand o ayuda o la muerte " , op. cit. (nota 15), p. 422.

19. " [M ] ontón de cadáveres " ; " a puntapiés, a golpes de cachiporra y de bayoneta, los golpearon, atropellaron y zarandearon. [... ] Algunos salvaron la vida solo porque los habían cargado primero y los protegían los cuerpos de los demás " , op. cit . (nota 15), p. 419.

20. " Tras dos horas de espera, [... ] los llevaron hasta el borde del acantilado, sobre el río, y los mataron de un balazo en la cabeza. Precipitaron los cuerpos al vacío y cayeron en el lecho del río. " , op. cit . (nota 15), p. 420.

21. " Algunos detenidos son golpeados con barras de hierro, palos o cables [... ] . Recientemente hemos visto una herida extensa de tercer grado en la espalda, causada por un soplete o un hierro candente " , op. cit . (nota 15), p. 420.

22. " [... ] una situación indescriptible por la gran cantidad de sangre y de personas moribundas " , op. cit . (nota 15), p. 420.

23. J. -L. Chopard y V. Lusser, " ¿Para quiénes hablan los humanitarios? Reflexiones acerca de la difusión " , RICR , n° 142, julio-agosto 1997, p. 401

24. " El CICR temía principalmente que este texto -muy ambicioso- despertase viejos demonios en numerosos Estados [... ] La experiencia de cuatro años de arduas y difíciles negociaciones [... ] de 1974 a 1977 [... ] había demostrado que no había que albergar esperanzas, en las circunstancias actuales, de conseguir logros normativos importantes. " , Frédéric Maurice, " La ambición humanitaria " , RICR , n° 112, julio-agosto 1992, p. 385.

25. David P. Forsythe, " El Comité I nternacional de la Cruz Roja y la asistencia humanitaria: análisis de una política " , RICR , n° 137, septiembre-octubre 1996, p.551. El autor añade que " a veces, el CICR ha utilizado la asistencia como " cebo " o " aliciente " para lograr el acceso a los detenidos " . Ibíd ., p. 564.

26. Ciertos comportamientos tienen que ver incluso con su acción en Biafra, con respecto a la cual suele decirse que, debido al conservatismo del CICR, los médicos de la institución se vieron impulsados a abrir un nuevo camino. Véase T. Hentsh, " Face au blocus: la Croix Rouge Internationale dans le Nigéria en guerre " , Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales, Ginebra, 1973. Asimismo, entre 1976 y 1987, el CICR prestó asistencia a los rebeldes de Tigré y Eritrea -sublevados contra el régimen del DERG etíope- participando en una acción de socorro " transfronteriza " , realizada desde Sudán. D. Forsythe, op. cit . (nota 25), p. 548 y siguientes, particularmente p. 554. Igualmente, en 1979, el CICR y el UNICEF, perfectamente informados de la hostilidad del nuevo gobierno de Phnom Penh, decidieron desplegar una acción transfronteriza desde Tailandia, a fin de brindar ayuda a civiles que se encontraban en territorio camboyano, en proximidades de la frontera tailandesa " .

27. Por ejemplo, Mario Bettati, " L'embargo filtrant: une solution efficace? " , Géopolitique de la faim , PUF, París, 1998. Representantes de ONG, otrora muy allegados a Bernard Kouchner, cofundador de Médecins sans frontières, afirman hoy que esta doctrina se volvió en contra del objetivo buscado.

28. De allí la voluntad de hacer que la Asamblea General de las Naciones Unidas emitiera esta opinio juris . En consecuencia, se aprobaron las resoluciones 43/131 y 45/100 que, por lo demás, se quedaron muy cortas respecto de las esperanzas de sus promotores.

29. D. Forsythe, op. cit . (nota 25), pp. 553 y 554. Véase también, a propósito de Somalia, Jennifer Leaning, " When the system doesn't work: Somalia 1992 " , Kevin Cahill (ed.), A framework for survival: Health, human rights, and humanitarian assistance in conflicts and disasters , Council of Foreign Relations, Nueva York, 1993.

30. Un proverbio burundiano dice: " Si hay un culpable en la familia, toda la familia es culpable " (traducción CICR).

31. Citado en Marrion Harroff-Tavel, " Promoción de normas para limitar la violencia en situaciones de crisis: un reto, una estrategia, alianzas " , RICR , n° 145, marzo 1998, p. 14.

32. J.-L. Chopard y V. Lusser, op. cit . (nota 23), p. 396.

33. Fórmula extractada del título de la Conferencia Diplomática (1974-1977), de donde surgieron los Protocolos adicionales del 8 de junio de 1977.

34. Ídem .

35. Véase Protocolo I, art. 44, apartado 3.

36. En las escasas disposiciones específicamente consagradas a los refugiados en el sentido de la Convención de 1951, no se hace alusión alguna a los éxodos recientes. Véase IV Convenio de Ginebra, artículos 44 y 70, apartado 2. Estas disposiciones, por lo demás protectoras, se anticipan a la Convención relativa al estatuto de los refugiados de 1951.

37. RICR , n° 101, septiembre-octubre 1990, p. 434 y siguientes.

38. Véase igualmente el caso Bosnia Herzegovina contra Yugoslavia , fallo del 11 de julio de 1996, párr. 31, en el que la Corte Internacional de Justicia afirma que las obligaciones que pesan sobre los Estados en materia de prevención y de represión del crimen de genocidio son las mismas independientemente de que se trate de un conflicto interno o de un conflicto internacional.

39. Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, El fiscal del Estado contra Dusko Tadic , fallo del 2 de octubre de 1995 (Apelación.), párr. 73.

40. M. Sassòli, " La première décision de la Chambre d'appel du Tribunal pénal international pour l'ex-Yugoslavie: Tadic (compétence) " , Revue Générale de Droit International Public , 1996-1, p. 101 y siguientes.

41. RICR , n° 135, mayo-junio 1996, p. 398.

42. " Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción, del 18 de septiembre de 1997 " , RICR , n° 143, septiembre-octubre 1997, p. 599.

43. Protocolo relativo a las armas láser cegadoras (Protocolo IV), RICR , n° 135, mayo-junio 1996, p. 319.

44. L. Doswald-Beck, " Nuevo Protocolo sobre armas láser cegadoras " , RICR , n° 135, mayo-junio 1996, p. 309.

45. " La libertad es la opinión que cada uno tiene de su seguridad (Trad. CICR), " Del Espíritu de las Leyes .

46. Affaire des activités militaires et paramilitaires au Nicaragua et contre celui-ci, fallo del 27 de junio de 1986, C.I.J. Colección Reccueil 1986, párrs. 220 y 255.

47. Caso Tadic , supra (nota 39), párrs. 96 a 127.

48. Ibíd. , párr. 97.

49. Ibíd ., párr. 126. Los corchetes fueron incluidos por el autor de este artículo.

50. Ibíd ., párr. 134

51. Para algunos, la noción de crímenes de guerra cometidos durante un conflicto interno estaba formándose como costumbre antes de la aprobación del Estatuto de la Corte. Véase T. Meron " International criminalization of internal atrocities " , AJIL , vol. 89, 1995, pp. 559-562, y T. Graditzky, " La responsabilidad penal por violación del derecho internacional humanitario aplicable en situación de conflicto armado no internacional " , RICR , n°145, marzo 1998, p. 31 y siguientes.

52. Texto extractado del Proyecto " Porvenir " del CICR, punto 3.2, " Basar la acción en la proximidad a las víctimas, en la duración, así como determinar prioridades " , RICR , n° 145, marzo 1998, p. 143. El texto prosigue con el eje temporal mencionando los " conflictos bloqueados " .

53. Comentario del Protocolo del 8 de junio de 1977 adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional (Protocolo II) y del artículo 3 de estos Convenios . CICR/Plaza & Janés, Bogotá, 1998, párrs. 4471 y siguientes: comentario del art. 1º, apdo ..2, del Protocolo II.

54. H. P. Gasser, " Algunas reflexiones acerca del futuro del derecho internacional humanitario " , RICR , n° 61, enero-febrero 1984, especialmente página 24.

55. Derecho a la vida, prohibición de la tortura y de otras penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, prohibición de la esclavitud, principio de la no retroactividad de las penas, derecho a garantías judiciales.

56. Estatuto del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, art. 5, párr. 3.

57. Marion Harroff-Tavel, " La acción del Comité Internacional de la Cruz Roja ante las situaciones de violencia interna " , RICR , n° 117, mayo-junio 1993, pp. 216-217.

58. Ibíd. , p.221.

59. H. P. Gasser, " Un mínimo de humanidad en las situaciones de disturbios y tensiones interiores: propuesta de un Código de Conducta " , RICR n° 85, enero-febrero de 1988, p. 38 y siguientes.

60. Véase por ejemplo H. P. Gasser, " Nuevo proyecto de declaración sobre las normas humanitarias mínimas " , RICR , n° 105, mayo-junio 1991, p. 351 y siguientes.

61. Los Estados Partes se comprometen " a incorporar su estudio en los programas de instrucción militar y a fomentar su estudio por parte de la población civil, de forma que esos instrumentos puedan ser conocidos por las fuerzas armadas y la población civil " . Véase Convenios de Ginebra, artículos comunes 47/48/127/144, Protocolo I, artículo 83, y Protocolo II, artículo 19.

62.  Entre los indicios de un nuevo enfoque, cabe citar la " maletica pedagógica " concebida por la Cruz Roja Francesa, destinada a los escolares, pero cuya difusión sigue siendo insuficiente... y qu e merece, en todo caso, la realización de grandes esfuerzos.

63. Marion Harroff-Tavel, op. cit . (nota 31), p. 5 y siguientes

64. Véase E. Baeriswyl y A. Aeschlimann, " Reflexiones sobre una acción de difusión en Burundi " ,  RICR , no 142, julio-agosto 1997, p. 407 y siguientes.

65. Op. cit . (nota 31), p. 5.

66. Por ejemplo, " La muerte se lleva a los otros, pero no se olvida de ti " o " No desees que un rayo caiga sobre tus enemigos, pues también puede caer sobre tus amigos " . Sin embargo, no es unánime la aceptación de este estilo de vulgarización.

67. " No hay que atacar al que no puede defenderse " .