Una guerra sin víctimas

31-03-2000 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por A.P.V. Rogers

  Resumen:

La obligación de establecer la distinción entre objetivos militares, por una parte, y personas y bienes civiles, por otra, constituye uno de los fundamentos de las normas internacionales que rigen la conducción de las hostilidades. Apoyándose en ejemplos concretos, el autor demuestra que gracias a los progresos del armamento y a un cambio indudable de las mentalidades, la norma fundamental de la distinción se respeta hoy mejor que en cualquier caso en el pasado, por ejemplo durante la Primera o la Segunda Guerra Mundiales. Reconoce, no obstante, que el número de víctimas civiles de los recientes conflictos es proporcionalmente mucho más alto que el de las víctimas militares. Por lo demás, las operaciones en Kosovo demuestran que los daños incidentales causados a la población forman parte de la realidad, incluso en el caso de operaciones conducidas con el material de guerra más moderno. Sobre este telón de fondo, el autor examina el alcance y los límites de las posibilidades de llevar a cabo operaciones “sin víctimas”, así como sus consecuencias. Concluye recordando que sólo el respeto absoluto de las obligaciones del derecho internacional humanitario puede garantizar la supervivencia del hombre en caso de conflicto armado.
 

 
 

No cabe la menor duda de que quienes en el ámbito político y militar planificaron la campaña aérea de la OTAN en el conflicto de Kosovo estaban decididos a que ésta se realizara estrictamente de conformidad con el derecho del conflicto armado.
 

“Los blancos eran exclusivamente militares - se hicieron todos los esfuerzos posibles para evitar los daños col aterales -; los aviones abren fuego contra los objetivos únicamente cuando estamos seguros de que podemos dar con precisión en el blanco – algunos de los aviones de la primera operación regresaron sin haber descargado ninguna pieza de artillería -. Los blancos se seleccionan cuidadosamente y se evalúan continuamente a fin de evitar los daños colaterales.” [1 ]
 

“Tanto otros como yo hemos afirmado reiteradamente esta semana que nuestro propósito es dar en el blanco y no causar daños colaterales en ninguna de las zonas circundantes. Ustedes han visto los efectos de las bombas que hemos dejado caer y de los misiles que hemos lanzado. Necesitamos que esos proyectiles den en el blanco; así, pues, el que esté en la cabina de mando tiene que ver el blanco, en todo su trayecto hasta tierra debe asegurarse de que lo puede ver, y si no es así, es lo suficientemente profesional para no disparar al blanco y regresar con sus bombas.” [2 ]
 

“Las exigencias impuestas sobre nosotros por nuestros dirigentes políticos por lo que atañe a las reglas del enfrentamiento y a las preocupaciones por los daños colaterales son, con razón, muy estrictas. Es tal la disciplina de nuestra gente que no dejarán caer sus armas a menos que hayan identificado claramente el blanco que se les ha asignado y que sepan exactamente lo que hacen”.[3 ]
 

Son estas opiniones que los expertos en el derecho de los conflictos armados respaldarían completamente.
 

Pese a los problemas ocasionados por la capa de nubes, se tuvo cuidado de asegurarse de que sólo se atacaran objetivos militares. Inevitablemente, hubo algunos casos de daños colaterales [4 ] . Pero, en general, las cosas parecían ir bien hasta que aeronaves de la OTAN que volaban a 4.500 m atacaron una columna de vehículos, lo que suscitó una importante pregunta acerca del derecho del conflicto armado: ¿cuál es exactamente la obligación jurídica de un atacante en cuanto a la identifica ción del blanco como objetivo militar antes de lanzar su ataque?
 

  Antecedentes  

 
Hasta el desarrollo de la potencia aérea en este siglo, las guerras tendían a caracterizarse por el combate en una serie de batallas cortas pero sangrientas entre ejércitos o armadas adversarios. Aunque los civiles sufrían los efectos causados por los ejércitos en sus desplazamientos y por las evacuaciones, los alojamientos de las tropas en sus casas y las requisas de sus propiedades, rara vez se veían afectados directamente por los combates, a menos que habitaran una ciudad sitiada [5 ] . Durante la guerra de trincheras estáticas en la Primera Guerra Mundial, generalmente eran evacuados de la zona del frente y lejos del alcance del fuego de artillería.
 

Gracias a la potencia aérea, los beligerantes pudieron dar en blancos localizados mucho más atrás de las líneas del enemigo, donde estaban las líneas de comunicación y de logística que lo mantenían abastecido. Impidiéndoles acceder a sus refuerzos, al combustible, a los alimentos y a las municiones, se les reducía gravemente su capacidad de combatir. No obstante, esto equivalía igualmente a afectar zonas que probablemente estaban pobladas por civiles, lo que aumentaba el riesgo de causar muertes y heridas entre ellos. En la Primera Guerra Mundial fueron muchísimos los militares muertos y heridos, pues los tanques apenas estaban dando sus primeros pasos, y únicamente mediante la fuerza de la pura cantidad de hombres - que pudiese asumir tal cantidad de pérdidas- era posible abrirse paso a través del nutrido fuego de metralla y balas de ametralladora del enemigo. Las bajas entre los civiles eran, en cambio, relativamente pocas ] [6 ] . Esto estaba a punto de cambiar. El alto mando de la guerra, por supuesto, lamentaba profundamente las muertes, heridas y enfermedades de sus hombres, pero parecía prevalecer en ellos el sentido del deber m ilitar de derrotar al enemigo a cualquier costo. Los mandos de menor rango, que ascenderían de rango en la siguiente guerra, estaban decididos a garantizar que en el futuro se redujeran las bajas militares.
 

También a otros niveles habrían de cambiar las cosas. Debido a las grandes   exigencias de los nutridos - pero maniobrables- ejércitos de reclutas llevados al terreno en la Segunda Guerra Mundial, así como a su cada vez mayor dependencia en la mecanización, había que emplear a civiles en las fábricas productoras de armas, barcos de guerra, aeronaves militares, y de sus armamentos y componentes, así como en las instalaciones productoras de combustible para los vehículos y de materia prima, como el acero, necesaria para la construcción de los barcos. En cuanto al blanco de los ataques, el acento se desplazaba del combatiente enemigo al equipo y suministros de los que éste dependía, pero la población civil del enemigo debía pagar por ello un alto costo. Pese a que el derecho del conflicto armado los protegía aún contra los ataques directos, no lo hacía contra los daños incidentales causados como efecto subsidiario por los ataques a las instalaciones de material bélico. Todavía los bombardeos distaban mucho de ser precisos.

La guerra de guerrillas, en la que los combatientes se confunden con la población civil, tiende a aumentar los muertos y heridos civiles. En la gran cantidad de conflictos posteriores a 1945, son lamentablemente numerosas las víctimas que ha cobrado. Desde el anonimato civil, la guerrilla prefiere lanzar sus ataques contra los puntos débiles del enemigo, utilizando a menudo tácticas como la emboscada que les dan muy buenos resultados. Sus adversarios, las fuerzas regulares, tienen grandes dificultades para identificar a los guerrilleros y, en su intento por resolver el problema, tienden a reaccionar exageradamente mediante contramedidas o armas más pesadas, lo que, en cualquiera de l os dos casos, va en detrimento de la población civil. La situación se exacerba cuando los guerrilleros, partisanos, luchadores por la libertad o cualquier otro tipo de facción armada combaten en pueblos o zonas pobladas.
 

Las fuerzas regulares son incapaces de desplegar sus vehículos blindados para sacarles su mayor ventaja, mientras que sus adversarios, desde sus posiciones a cubierto en edificios civiles, pueden, a muy corta distancia, desplegar con gran eficacia armas ligeras y granadas antitanques. Este tipo de combate ocasiona muchas víctimas, no sólo entre las tropas implicadas, sino también entre los habitantes civiles que quedan atrapados en medio de las hostilidades. En circunstancias como éstas, la propuesta rusa de instalar corredores de seguridad para permitir a la población civil escapar de los combates en Grozny se ajusta a los principios del derecho del conflicto armado. Obviamente, estos corredores deben ser verdaderamente seguros y, de preferencia, estar supervisados por organizaciones como el CICR o la OSCE.
 

La comprensible actitud moderna de los mandos militares de no exponer a sus subordinados a riesgos innecesarios tiende a incrementar el peligro para los civiles. No se trata de una actitud limitada a Occidente. El ejército ruso, por ejemplo, tras las pérdidas sufridas en sus intentos por invadir la capital chechena en enero de 1995, ensayó nuevas tácticas en su campaña de 1999. El Mariscal Igor Sergeyev, Ministro de Defensa ruso, declaró, según se ha informado, que para mantener reducidas sus pérdidas humanas, Rusia confiaba en el uso masivo de su potencia de fuego y que para “destruir las bandas chechenas y sus campamentos” se estaban usando la artillería y la fuerza aérea. Se calcula que Rusia había desplegado 100.000 soldados en contra del Presidente Maskhadov, que contaba con entre 20.000 y 30.000 experimentados guerrilleros con armas ligeras [7 ] .
 

Por otra parte, ha existido una creciente presi ón, especialmente en Occidente, para reducir las pérdidas militares al mínimo, pues, de no hacerlo, probablemente se perdería el apoyo público para las campañas. En efecto, lo que se espera hoy, especialmente si se trata de un país que no está directamente amenazado por operaciones militares, es que no haya pérdidas humanas y que si las hay sean muy pocas. En 1982, en su campaña para retomar las Islas Falklands/Malvinas, el destacamento especial británico sufrió entre sus militares 256 bajas y 777 heridos, de un total de fuerza movilizada de 9.500 hombres [8 ] . Fue algo tolerado por el público británico, quizás porque se pensó que estaban en juego los intereses del país. Pero habría sido menor la tolerancia en la guerra del Golfo de 1991 o en el conflicto de Kosovo en 1999, pues ninguno de los dos afectaba directamente al pueblo británico. En realidad, hubo pocos muertos y heridos: 17 británicos muertos en batalla en el Golfo [9 ] y, hasta ahora, ninguno en Kosovo [10 ]
 

Pese a los esfuerzos de los diplomáticos y de los juristas internacionales para hacer hincapié en el principio de la inmunidad de los civiles, el resultado de estas tendencias ha sido un aumento constante del número de muertos o heridos civiles en los conflictos armados, en comparación con el de los militares [11 ] . Ha habido una creciente concienciación pública de este fenómeno, probablemente desde la guerra de Vietnam; los informes de los medios de información, a menudo transmitidos al mismo tiempo que se desarrollan los sucesos de una campaña, tienen un impacto e influencia muy inmediatos sobre el público. Es algo que se conoce como el “factor CNN”. El público se conmociona por las imágenes de las mujeres y niños muertos o heridos en la guerra y su tolerancia de estos daños es probablemente menor, especialmente, de nuevo, si percibe que no están en juego los intereses nacionales. La situación es quizás exacerbada por sus altas expectativas -no justificadas- sobre la precisión de las armas denominadas “inteligentes”. A medida que avanzaba la campaña aérea de la OTAN y que ocurrían errores, casi podía sentirse el descontento del público, lo que pudo haber incidido en la presión para cancelar los ataques aéreos.
 

  Exigencias relativas a los métodos y medios de hacer la guerra  

 
Así pues, respecto de las armas y de las tácticas, el imperativo político y militar es que, hasta donde sea posible, hay que evitar las muertes y heridas en el propio bando, golpear con precisión los objetivos militares y reducir las muertes, heridas y daños incidentales a un mínimo absoluto [12 ] . Por tal razón se ha afirmado que:
 

“La nueva exigencia clave (para la potencia aérea en una nueva era) es aumentar la capacidad de neutralización de las armas de lanzamiento de precisión milimétrica, a fin de lograr el máximo de efecto estratégico, con un mínimo de daños colaterales y un mínimo de riesgo para el que transporta y el que lanza el arma.” [13 ]
 

  Las armas inteligentes, ¿panacea universal?  

 
En la guerra del Golfo de 1991, para atacar los aeropuertos iraquíes se utilizaron inicialmente aeronaves Tornado de la Fuerza Aérea Británica (RAF, por su nombre en inglés, Royal Air Force ), que desde baja altitud dejaban caer sobre el blanco bombas JP233. La finalidad de los ataques a baja altitud era eludir el radar enemigo y aumentar el elemento sorpresa. Pero la RAF perdió cinco aeronaves en siete días, así que se cambió de táctica: las aeronaves pasaron a dejar caer bombas de hierro desde una altura de 6.000 metros, desde la cual, aunque el bombardeo era menos preciso, quedaban fuera del alcance de los cañones antiaéreos [14 ] . En respuesta a las exigencias de tecnología inteligente, a fin de minimizar los daños colaterales, la RAF utiliz ó aviones Buccaneer equipados con láseres para designar el blanco, que ubicaban con precisión los blancos, así como aviones Tornado que transportaban armas teledirigidas por láser. Rápidamente se puso en servicio el dispositivo de designación del blanco mediante imagen térmica y láser (TIALD por su nombre en inglés). Gracias a estos cambios, se mejoró notablemente la precisión del ataque [15 ] .
 

Algunos sostienen que las armas neutralizadoras eliminan todo elemento de humanidad en la guerra, que se reduce así a una actividad fría e implacable llevada a cabo con precisión quirúrgica. Mientras más lejos esté el atacante de su blanco, menos consciente será del costo humano de su ataque pues no ve sus efectos. A veces se afirma que esto da lugar a la deshumanización de la guerra. Puede considerarse así, pues el personal que lanza las armas neutralizadoras ataca objetos inanimados, como aeropuertos o puentes, pero ignora la destrucción y miseria que causa en el terreno, y no es tan consciente de los problemas de los daños colaterales [16 ] . Pero esto no siempre es cierto en el caso de la tecnología inteligente. El sistema de láseres para designar el blanco utilizado en los Buccaneers tenían incorporada una cámara de video que grababa lo que aparecía en la pantalla del navegante a medida que dirigía al objetivo el láser designador del blanco. Gracias a ello, la tripulación de la nave y el personal en tierra podían ver exactamente lo que estaba ocurriendo [17 ] .
 

Los informes de los medios de información sobre los bombardeos aliados durante las campañas aéreas de la guerra del Golfo y del conflicto de Kosovo dieron la impresión de que las armas desplegadas eran fundamentalmente armas inteligentes y que su precisión era absoluta. Esto, evidentemente, dista mucho de ser cierto. Las armas inteligentes pueden dar en el blanco con considerable precisión, pero esta capacidad es sólo uno de los muchos factores que inciden en la precisión del golpe en el blanco. El resu ltado de un ataque puede ser afectado por muchos factores como: los efectos de las medidas de defensa aérea, que pueden desviar los misiles de su curso; la tensión que en el momento de soltar la bomba pueden estar experimentando las tripulaciones, debido, por ejemplo, a la necesidad de evitar los misiles tierra-aire; la calidad de la información de inteligencia relativa a la identidad del blanco propuesto [18 ] ; los problemas técnicos de identificar desde el aire objetivos en tierra y dar luego en el blanco; las posibles fallas de los sistemas de teledirección; las limitaciones de las técnicas de reconocimiento del blanco [19 ] ; y la falibilidad humana normal. Además, los sistemas de teledirección y de reconocimiento se ven en general afectados por las nubes, la lluvia o el humo [20 ] . Por otra parte, incluso si se da con precisión en el blanco, no por ello están excluidos los daños colaterales [21 ] .
 

En vista del costo de las armas inteligentes, [22 ] se tiende a usarlas con moderación. Sólo el 9% del tonelaje total de las armas lanzadas desde el aire durante la guerra del Golfo consistió en municiones de precisión y se lanzó primordialmente contra blancos de nivel estratégico u operativo [23 ] .
 

Las armas autónomas, [24 ] como los misiles de crucero, pueden parecer una perfecta respuesta al problema de dar con precisión en el blanco, pero en general no suministran imágenes del ataque y adolecen de un grave defecto: no pueden ajustarse a cambios de las circunstancias ocurridos a última hora. Esto puede ser sumamente problemático, incluso en caso de blancos estáticos, por ejemplo cuando una columna de refugiados atraviesa un puente precisamente en el momento en que cae el arma autónoma. Esta es una situación hipotética que puede evitarse si el arma se teledirige visualmente hasta el objetivo. Contra blancos móviles, como las tropas enemigas en el terreno, no es fácil desplegar eficazmente las armas autónomas. En esta situaciones, son más flexibles los sistema s más antiguos, como el Paveway [25 ] .
 

Parece pues que hasta ahora las armas inteligentes no son la solución al problema de los daños incidentales ni son tan buenas como se ha hecho creer al público. No cabe duda de que su ataque puede dar en el blanco con mayor precisión que las armas no inteligentes, pero existen varios otros factores que pueden provocar posibles daños incidentales, entre ellos -y no el menor-, el “error circular probable”, lo que significa que aunque este riesgo se reduce mucho, no queda eliminado, especialmente en zonas densamente pobladas. En el futuro previsible, dado el grado de inflexibilidad inherente a las armas autónomas, en muchos casos seguirá siendo necesario el elemento humano para la teledirección de las armas hacia el objetivo.

  El incidente del 14 de abril de 1999  

 
En el conflicto de Kosovo de 1999, los pilotos minimizaron el peligro para ellos mismos atacando desde una altitud de 4.500 metros, donde estaban fuera del alcance de la mayoría de los misiles superficie-aire y de la artillería antiaérea, [26 ] hasta cuando habían deteriorado a tal punto las defensas antiaéreas yugoslavas que podían volar con seguridad a altitudes más bajas [27 ] .
 

El 14 de abril de 1999, los pilotos de la OTAN, que volaban a una altura de 4.500 metros y que, al parecer, buscaban blancos propicios en Kosovo, atacaron lo que creían ser el vehículo guía de una columna de vehículos militares. Al día siguiente, numerosos medios informaron que cerca a Djakovica se había atacado una columna de refugiados. Las imágenes de BBC World [28 ] mostraban escenas de matanza cerca a la población de Meja. Según los informes serbios, murieron 64 civiles, incluidos tres policías serbios que los estaban escoltando. El Centro de Información de Pristina, manejado por serbios, alegó que otra columna , más pequeña, había sido atacada en la carretera que conduce de Prizren a Djakovica, y que habían resultado seis muertos y 11 heridos. El 15 de abril, en la conferencia de prensa cotidiana, el portavoz de la OTAN, Jamie Shea, manifestó su profundo pesar por la pérdida de la vida de civiles como consecuencia del ataque del día anterior sobre un convoy que se desplazaba entre Prizren y Djakovica [29 ] .

En los días siguientes hubo cierta confusión sobre el incidente. Según los relatos de los sobrevivientes, hubo un ataque de un avión MIG que volaba a poca altura, mientras que los reporteros hablaban de fuego de ametralladora o de cañón. Robert Fisk, uno de los más acerbos críticos de la OTAN, visitó tres localidades que, según se había informado, habían sido atacadas en la carretera entre Prizren y Dakovica: Velika Krusa, Gradis y Terezifki [30 ] , recogió fragmentos de munición y anotó sus números de serie. En Gradis, Fisk afirmó que había pruebas de bombardeo y de fuego de ametralladora desde aviones a baja altura, similares a los ataques de los A10 en la guerra del Golfo [31 ] . En las conferencias de prensa de la OTAN, los reporteros trataron de obtener precisiones sobre cuál era el ataque al que Jamie Shea había aludido, pues en la zona había habido al menos dos ataques a convoyes. Se mostró una grabación en la que se describía un ataque a una columna de tres vehículos cerca a Djakovica, pero más tarde se afirmó que no estaba relacionada con el convoy de refugiados.
 

El General Marani respondió las preguntas de la prensa sobre los ataques desde una altitud de 4.500 metros. Afirmó que la identificación de un blanco era más compleja y que se llevaba a cabo teniendo en cuenta no sólo la información sobre lo que podía ver el piloto, sino correlacionándola con otra información que éste recababa antes de partir y antes de llegar a la zona, que recibía de otras aeronaves, de otros sistemas de armas que no necesariamente se hallaban a bordo de su aeronave. En ot ras palabras, sostuvo, se trataba realmente de un esfuerzo de equipo y no de un caso de un solo piloto que actuaba por iniciativa propia.
 

El 19 de abril, el Brigadier General Dan Leaf dio una explicación completa [32 ] . Describió dos incidentes acaecidos el 14 de abril, en ambos de los cuales se utilizaron bombas de 500 libras dirigidas por láser. El primero ocurrió al nordeste de Djakovica y constó de dos ataques: uno, a las 11:10 GMT (hora promedio de Greenwich), contra un vehículo a cuya tripulación se consideraba responsable de haber incendiado unas casas. A este ataque siguió otro, a las 11:48 GMT contra un grupo de vehículos en un patio, el cual produjo una segunda explosión, probablemente por el incendio de un depósito de gasolina. El segundo incidente afectó a un convoy grande, de más de 100 vehículos en una carretera principal al sudeste de Djakovica. Los 20 primeros vehículos eran de forma y color uniformes y mantenían un paso y un espacio entre ellos constantes, lo que indicaba un movimiento militar. Aunque se debatió sobre la posible presencia de desplazados internos en el convoy, los informes de inteligencia señalaban que se trataba de un convoy militar. Los vehículos de la cabecera del convoy fueron atacados por aviones F-16 y Jaguar, que iniciaron sus ataques a las 12:19 GMT. No todos los ataques tuvieron éxito y las aeronaves tuvieron que hacer frente a fuego antiaéreo. A los planificadores militares les comenzó asaltar la duda, pues no era corriente que las fuerzas serbias viajaran en convoyes tan grandes. Así pues, se ordenó a aviones A-10, que son más lentos y más estables que los F-16, realizar la verificación, y a las 13:00 GMT se suspendieron los ataques al convoy. Cuando se tuvieron informes de que el convoy estaba compuesto por vehículos tanto militares como civiles, se cancelaron todos los ataques y a las 13:20 GMT se retiraron los aviones.
 

  ¿Cuáles son las exigencias jurídicas?  

 
Para los Estados Partes en el Protocolo I de Ginebra de 1977 [33 ] , su deber, antes de lanzar un ataque, es “hacer todo lo que sea factible para verificar que los objetivos que se proyecta atacar (... son) objetivos militares”. [34 ] Pueden definirse las precauciones factibles como las que son “viables o posibles en la práctica, habida cuenta de todas las circunstancias del caso, incluso consideraciones humanitarias y militares”. [35 ]
 

Las consideraciones humanitarias exigirían al piloto que se acercara al blanco para identificarlo apropiadamente; las consideraciones militares le exigirían volar a una altura segura para reducir el riesgo de ser alcanzado por el fuego antiaéreo. Se trata de un conflicto que no puede resolverse con facilidad.
 

También es pertinente aquí la regla de la duda. En caso de duda acerca de si una persona es civil o de si un bien se dedica normalmente a fines civiles, el Protocolo estipula que hay que presumir la condición civil [36 ] .
 

Para los Estados que no son Partes en el Protocolo, el derecho consuetudinario exige de todos modos a sus fuerzas atacar únicamente los objetivos militares que puedan distinguirse de los bienes civiles. No es clara la norma precisa sobre el umbral del cuidado, pero no hay duda de que no es más alto que el impuesto en el Protocolo según el cual “hay que hacer todo lo que sea factible”. Como mínimo, el derecho consuetudinario exige a los responsables de los ataques que no ataquen a personas o bienes que sepan o presuman que son civiles.
 

  Responsabilidades en el ataque [37],  

 
Independientemente de que un Estado sea o no Parte en el Protocolo, sus fuerzas armadas tienen la obligación de respetar la norma consuetudinaria de la proporcionalidad, cuyo fin es encontrar un equilibrio entre las consideracion es militares y las humanitarias. Al aplicar esta norma, antes de decidir cuáles armas o tácticas va a emplear, teniendo en cuenta que su finalidad es neutralizar el blanco militar enemigo con el menor daño o pérdida incidental posibles, el responsable militar de la toma de decisión debe considerar varios factores:
 

la importancia del blanco y la urgencia de la situación;

la información de inteligencia acerca del blanco propuesto, es decir para qué y cuándo se utiliza o se va a utilizar;

las armas que tiene a su disposición, así como su alcance, su precisión y el radio de su efecto;

las condiciones que afectan la precisión con que se dará en el blanco, como el terreno, las condiciones meteorológicas, si es de día o de noche, etc.

los factores que inciden sobre las pérdidas o daños incidentales, como la presencia de personas o bienes civiles en las inmediaciones del blanco o la presencia de otros bienes o zonas protegidos, y si éstas están o no habitadas, o la posible liberación de sustancias peligrosas como consecuencia del ataque;

los riesgos que plantean para sus propias tropas las diversas opciones que tiene ante sí. [38 ]

 
El armamento inteligente, si se tiene a disposición, ha aumentado las opciones del atacante. Desde un punto de vista jurídico, debe no sólo evaluar las precauciones factibles que pueden tomarse para minimizar las pérdidas incidentales, sino también establecer una comparación entre las diversas tácticas o armas a fin de poder escoger la acción que menos daños cause y que sea c ompatible con el éxito militar.
 

El principio de la proporcionalidad es más fácil de definir que de aplicar en la práctica, pues al adoptar un método de ataque que reduzca los daños incidentales se puede aumentar el riesgo para las tropas atacantes. El derecho no es lo suficientemente claro en cuanto al grado de cuidado exigido al atacante ni al grado de riesgo que debe estar preparado para asumir. [39 ]
 

Como escribió el autor en un trabajo anterior: “... La necesidad militar no puede siempre prevalecer sobre las consideraciones de humanidad. Al tener cuidado de proteger a los civiles, los soldados tienen que aceptar para sí mismos cierto elemento de riesgo. La norma [de la proporcionalidad ] no es clara sobre cuál es el grado de cuidado que se exige al soldado ni sobre cuál es el grado de riesgo que éste debe asumir. Todo depende del blanco, de la urgencia del momento, de la tecnología a disposición y de otros factores”. [40 ]
 

Este enfoque se refleja en la doctrina británica sobre la defensa:
 

Selección del objetivo . Una cuestión primordial para los jefes y planificadores militares es decidir lo que constituye un objetivo legítimo y cómo puede éste atacarse. Esto gira en torno a los principios de distinción y proporcionalidad. Los ataques deben limitarse a los combatientes y a otros objetivos militares. No debe tomarse deliberadamente como blanco la población civil ni sus bienes; la moral de la población civil del enemigo no es un objetivo legítimo y los ataques concebidos para sembrar el terror entre la población civil están explícitamente prohibidos. Incluso los objetivos militares no deben tomarse como blanco si es probable que un ataque ocasione colateralmente bajas civiles o daños que serían excesivos respecto de la ventaja militar directa que se espera obtener con el ataque. El derecho estipula que el valor militar del blanco debe considerarse en relación con las circunstancias del momento. En consecuencia, un jefe militar debe tener una evaluación actualizada de la importancia del blanco y de lo que se obtiene atacándolo. Si hay una elección de armas o de métodos de ataque disponibles, un jefe militar debe optar por aquéllos que tengan mayores probabilidades de evitar, o al menos minimizar, las pérdidas o daños incidentales entre los civiles. Sin embargo, tiene derecho a tener en cuenta factores como sus reservas de armas diversas y las probables demandas futuras, lo oportuno del ataque y los riesgos para sus propias fuerzas. Con todo, puede haber ocasiones en las que un jefe militar deberá aceptar un nivel mayor de riesgo para sus propias fuerzas a fin de evitar o reducir los daños colaterales a la población civil del enemigo.” [41 ]
 

  Responsabilidades de la defensa  

 
No son sólo los atacantes quienes tienen la responsabilidad de proteger a los civiles de los efectos del conflicto armado. Se trata de una responsabilidad general que incumbe no sólo a las fuerzas armadas sino también a la administración civil y a la dirigencia política. Para los Estados Partes en el Protocolo, éste exige específicamente, hasta donde sea posible, alejar de la proximidad de objetivos militares a los civiles, evitar situar objetivos militares en el interior o en las inmediaciones de zonas densamente pobladas y tomar precauciones para proteger a los civiles, como, por ejemplo, la provisión de refugios. [42 ] Desafortunadamente, existen pruebas que indican que algunos Estados no solamente no cumplen con estas exigencias del derecho internacional, sino que además, deliberadamente, colocan los bienes militares cerca de bienes protegidos o ubican civiles en instalaciones militares con la intención de proteger de los ataques los objetivos militares o, incluso, con la esperanza de conseguir la condena internacional del enemigo en caso de que mue ran los civiles o resulten destruidos los bienes civiles. Quienes realicen ataques en tales circunstancias no están relevados de su obligación de atacar únicamente objetivos militares y de reducir todo lo posible los daños incidentales; no obstante, al considerar la norma de la proporcionalidad, cualquier tribunal que trate la cuestión, estaría obligado a colocar en la balanza, en favor de los atacantes, cualquier actividad ilegal de este tipo realizada por los defensores. [43 ]
 

  Aplicación de las exigencias jurídicas en la práctica  

 
Tal parece que, al menos en algunos casos de ataques aéreos contra blancos en tierra, la cuestión del riesgo asumido por el atacante no es en la práctica una consideración tan importante.
 

Si el blanco es lo suficientemente importante, los altos mandos pueden estar preparados para aceptar un grado mayor de riesgo para la tripulación de la aeronave a fin de garantizar que se identifique adecuadamente el blanco y se lo ataque con precisión. No se conoce ninguna guerra libre de riesgos. Es posible que se tomen riesgos, por ejemplo, para rescatar pilotos cuyas naves hayan sido derribadas o al desplegar fuerzas de reconocimiento o misiones de identificación en territorio en poder del enemigo.
 

No obstante, si se evalúa que el blanco no merece que se tome tal riesgo y se define una altitud operacional mínima para la protección de la aeronave que participe en tal operación, la tripulación tendrá que hacer su propia evaluación de los riesgos que implica verificar y atacar el blanco asignado. Si tras la evaluación se concluye que: (a) para ellos es demasiado alto el riesgo de acercarse lo suficientemente al blanco para poder identificarlo con claridad, (b) existe un peligro real de muertes, heridas o daños incidentales a personas o bienes civiles por no haber verificado el blanco, y (c) si el ataque no se lle va a cabo, no se pone en peligro inminente a ellos mismos o a fuerzas amigas, entonces no tienen necesidad de arriesgarse para verificar el blanco. Sencillamente, no debe realizarse el ataque.
 

En las reglas del enfrentamiento puede dejarse esto en claro mediante una prueba sencilla: “¿Está usted seguro que el blanco es un objetivo militar? Si tiene alguna duda, ¿quedaría usted o sus fuerzas amigas en peligro si el ataque no se lleva a cabo? Si la respuesta es negativa, NO se debe realizar el ataque.”
 

  Responsabilidad individual  

 
Obviamente, habrá casos en los que las fuerzas armadas no podrán hacer cálculos tan tranquilamente, como podría hacerlo un jurado en un juicio penal. En el calor del momento, es posible que lancen sus armas incluso sin estar seguros de que el blanco es un objetivo militar y sin estar ellos mismos en peligro. Cualquier tribunal que analice posteriormente la cuestión estaría interesado en saber si se respetó el principio de la proporcionalidad. Evaluarían la importancia del blanco en relación con el daño incidental esperado. Pero el riesgo para las fuerzas atacantes es un factor importante que ha de tenerse en cuenta cuando se aplique el principio de proporcionalidad. Al tratar el caso, antes de considerar la cuestión de la culpabilidad, el tribunal tendría que ponerse en la situación del miembro de las fuerzas armadas en cuestión, tomando en consideración todas las circunstancias del caso, de tal manera que pueda experimentar la situación tal como la vivió él en ese momento.
 

En el Estatuto de la Corte Penal Internacional se reconoce la realidad operacional. En él, infligir pérdidas o daños incidentales es un delito únicamente si el ataque se lanza intencionalmente a sabiendas de que incidentalmente causará pérdidas de vidas, lesiones a civiles o daños a objetos de carácter civil que sean claramente exc esivos en relación con la ventaja militar general concreta y directa que se prevea. [44 ] Con el uso de la palabra “claramente” se garantiza que se recurrirá a los tribunales únicamente en casos en que es evidente la excesividad del daño incidental, no en casos en que se presenten errores de apreciación de los mandos en el terreno. [45 ]
 

Un miembro de las fuerzas armadas que en circunstancias difíciles haga lo mejor que pueda para acatar el derecho del conflicto armado no tendría nada que temer de una investigación subsiguiente, incluso si, sometido a presión, cometió una equivocación.
 

  Conclusión  

 
El derecho no exige que en el conflicto armado no haya muertos y heridos. Pero el derecho, la conveniencia política y el sentimiento público se combinan para exigir que los muertos y heridos, bien sea entre los miembros de las fuerzas armadas bien sea entre la población civil, se reduzcan al máximo, hasta donde lo permitan las exigencias del conflicto armado. En esta empresa, un elemento importante es la verificación del blanco, pues atacar el blanco equivocado puede ocasionar muertos y heridos innecesarios. La verificación del blanco exige un cuidado razonable. El grado exacto de cuidado requerido depende de las circunstancias, especialmente del tiempo disponible para tomar la decisión. En caso de duda sobre la índole del blanco, no debe realizarse el ataque, salvo, quizás, si al abortarlo se pusiera en peligro inmediato a las fuerzas atacantes.
 
 
  A.P.V. Rogers es miembro del Lauterpacht Research Centre for International Law , Cambridge University, y ex director de los Army Legal Services , del Reino Unido.
 
 
  Notas  

 
Las traducciones de las citas, tanto en el cuerpo del texto como en las notas, son nuestras, N. del T.
 

 
1. Jamie Shea, en la conferencia de prensa ofrecida por la OTAN el 26 de marzo de 1999. Sitio Web: www.nato.int.

2. Comodoro de la Fuerza Aérea David Wilbey, en la conferencia de prensa del 1 de abril de 1999.

3. Mariscal Principal de la Fuerza Aérea Sir Richard Jones, “Air power in a new era”, Royal Society of Arts Journal , 3-4, de 1999, p. 99.

4. Como cuando, en Aleksinac, una bomba falló su blanco por 600 metros. Hubo también un incidente el 12 de abril, cuando se dispararon misiles contra un puente de ferrocarril cerca de Leskovac, justo en el momento en que lo atravesaba un tren que viajaba de Belgrado a Tesalónica.

5. En efecto, en el preámbulo de la Declaración de San Petersburgo de 1868 se proclama que el único objetivo legítimo que los Estados deben proponerse durante la guerra es el debilitamiento de las fuerzas militares del enemigo y que, a ese efecto, es suficiente poner fuera de combate al mayor número posible de hombres.

6. Para las fuerzas del Imperio Británico: 908.371 militares fallecidos en combate y 2.090.212 militares heridos, de un total de fuerza militar movilizada de 8.900.000 hombres. V. el cuadro en la British Army Review , agosto de 1996, p. 79.

7. The Independent , 4 de noviembre de 1999.

8. Op. cit ., (nota 6), p. 80.

9. Ibíd. Según Erik Durshmied, The Hinge Factor , Hodder & Stoughton, 1999, las pérdidas militar es iraquíes ascendieron a más de 100.000 individuos, mientras que en las fuerzas de la coalición murieron 192 personas, 35 de ellas víctimas de “fuego amigo” y dos fallecidas en el desmantelamiento de una bomba. “En términos militares, tal proporción es denominada el Factor Zero ”.

10. “La OTAN ganó el conflicto de Kosovo sin que en su propio bando se haya perdido ninguna vida en operaciones de combate (...) y con sólo dos aeronaves destruidas”, Nick Cook, “War of extremes”, Jane’s Defence Weekly , 7 de julio de 1999. Dos ingenieros gurjas, el teniente Gareth Evans y el sargento Balaram Rai, fallecieron cuando, durante la operación, trataban de desmantelar una pieza de artillería sin explosionar.

11. Según la Oficina Federal suiza para la Protección Civil, la proporción en la Primera Guerra Mundial fue de 200 militares por cada civil; en la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente un militar por un civil, y en la Guerra de Vietnam, 1 militar por cada 20 civiles. V. M. Sasoli/A. Bouvier, How Does Law Protect in War? , ICRC, Ginebra, 1999, p. 145.

12. “Aunque, como lo reconocían los observadores, errores de este tipo eran inevitables, la amplia confianza del público -al principio de la campaña- en la capacidad de los sistemas modernos de vigilancia y de las armas inteligentes para limitar los daños colaterales acentuó la reacción en contra de la campaña de bombardeo, cuando efectivamente ocurrieron bajas civiles; a veces esto dio lugar a intensas presiones sobre los políticos para que suspendieran los ataques ... Si los políticos insisten en conseguir que en las futuras campañas aéreas el índice de pérdidas entre su personal militar sea mínimo -y quizás has ta nulo-, tan pronto como lo permita la tecnología habrá que introducir toda una gama de armas nuevas, incluidas las UCAV. La alternativa de los militares es preparar a los civiles -tanto los políticos, como los medios de información y el público en general- para las realidades de las pérdidas en el propio bando, a la vez que se aumenta la inversión en equipo y tácticas de respaldo para las misiones aéreas a altitud tanto baja como alta, mediante un estrecho apoyo aéreo tripulado y una destrucción sistemática, desde el aire, del campo de batalla.” Cook, op. cit . (nota 10).

13. Johns, op. cit . (nota 3), p. 96.

14. Charles Allen (dir.), Thunder and Lightening , HMSO, 1991, pp. 74 y 80.

15. Ibíd ., pp. 81-82.

16. Ibíd ., p. 137: “En general, la tripulación de las aeronaves gozaban de la comodidad de estar alejados de la destrucción causada por sus bombas o cohetes.”

17. Ibíd ., pp. 113-114: “Eso, de verdad, lo puso en evidencia (...) de hecho, estábamos matando gente”.

18. Según afirma el Comandante de Insignia Greg Bagwell, “Precision weapons”, Royal Air Force Air Power Review , primavera de 1999, p. 7, por las evaluaciones realizadas, se sabía que el búnker Al Firdos en Bagdad era un centro de comunicaciones pero, lo que no sabía la inteligencia aliada era que también se utilizaba como refugio antiaéreo para los civiles. La Embajada China en Belgrado fue atacada por error el 7 de mayo de 1999, debido a la utilización de información de inteligencia equivocada que, recabada en la fase de planificación, pasó desapercibida en las subsiguientes verificaciones. V. el informe en The Independent , 11 de mayo de 1999.

19. Mediante las cuales se programan en la memoria del arma los “planos” de los dispositivos térmicos, acústicos o de radar del equipo militar del enemigo. Op. cit ., (nota 18), p. 7.

20. Aparte de la nueva munición estadounidense de ataque conjunto directo (JDAM, por su nombre en inglés) que puede desplegarse desde muy por encima de la capa de nubes. V. Joint Statement on the Kosovo After Action Review , Department of Defense, 14 de octubre de 1999.

21. Op. cit ., (nota 14), p. 81: “... en realidad no se puede tener una guerra de precisión quirúrgica. No existe tal cosa. Que una bomba caiga en el pozo de un ascensor es pura suerte. Probablemente tiene un índice de probabilidad de error del computador (CEP, por su nombre en inglés) de entre 9 y 12 metros. Esto puede constituir la diferencia entre dar en el blanco que se pretendía o en la edificación de al lado, que está llena de civiles.” A propósito, otros autores definen la sigla CEP como “círculo de error probable”, es decir, el radio de un círculo centrado en el blanco y en cuyo interior aterrizará el 50% de todas las bombas que se dejen caer. Bangwell, op. cit . (nota 18), p. 14. Bagwell anota asimismo (en la p. 8) que “la fuerza explosiva de una ojiva de 500 libras ¡no constituye una cirugía de precisión!”.

22. Ibíd ., p. 13, cotiza 9.000 dólares para una bomba sencilla dirigida por un sistema de posicionamiento global (GPS, por su nombre en inglés), y 500.000 dólares para un misil Block III Tomahawk.

23. Ibíd ., p. 3.

24. Definidos por Bagwell, op. cit. (nota 18), p. 14, como los que no exigen l a intervención humana durante la fase final del vuelo.

25. En la conferencia de prensa de la OTAN, el 18 de abril de 1999, se relató cómo un piloto lanzó un ataque contra un radar y, al darse cuenta de que el sitio estaba cercano a una iglesia, desactivó el bloqueo de su arma en el blanco, de tal manera que ésta explotó en un bosque sin causar daño.

26. Op. cit . (nota 10).

27. Lord Robertson, Kosovo: An Account of the Crisis , Ministry of Defence, Londres, 1999, p. 13.

28. A las 18:00, hora de verano británica, del 17 de abril de 1999.

29. Conferencia de prensa de la OTAN, el 15 de abril de 1999.

30. O posiblemente Terzick Most Zrze.

31. The Independent , 17 de abril de 1999.

32. Que puede encontrarse en www.fas.org/man/dod/docs99/s990419b.htm.

33. En la época del conflicto de Kosovo, por ejemplo, Estados Unidos y Francia no eran Partes en el Protocolo I, aunque Alemania y el Reino Unido sí lo eran.

34. Protocolo I, artículo 57, párr. 2(a)(i).

35. El Reino Unido hizo a estos efectos una declaración interpretativa, cuando ratificó el Protocolo I. V. RICR , no 145, marzo de 1998, pp. 201 y ss. La Convención de 1980 sobre armas convencionales contiene un lenguaje similar en su Protocolo enmendado sobre minas, del 3 de mayo de 1996, artículo 3, párr. 10.

36. Protocolo I, artículos 50, párr. 1, y 52, párr. 3. Con respecto al artículo 50, párr. 1, el Reino Unido, al ratificar el Protocolo, hizo una declaración interpretativa según la cual la regla se aplicaba “únicamente en casos en que tras haber hecho la evaluación subsista una duda substancial (...) y no debe invalidar el deber del jefe militar de proteger la seguridad de las tropas bajo su mando o de preservar su situación militar, de conformidad con otras disposiciones del Protocolo.” “... only in cases of substantial doubt still remaining after the assessemnt (...) has been made, and not as overriding a commanders’s duty to protect the safety of troops under his command or to preserve his military situation, in conformity with other provisiones of the Protocol.”   Ibíd .

37. Este pasaje es una adaptación del texto del autor en el Model Manual on the Law of Armed Conflict , CICR, Ginebra, 1999.

38. El Reino Unido, al ratificar el Protocolo I, declaró que “los mandos militares y otros responsables de la planificación, la decisión o la ejecución de ataques, tienen necesariamente que tomar sus decisiones sobre la base de su evaluación de la información procedente de todas las fuentes que, en el momento pertinente, estén razonablemente a su disposición.” Loc. cit . (nota 35). “Military commanders and others responsible for planning, deciding upon, or executing attacks necessarily have to reach decisions on the basis of their assessment of the information from all sources which is reasonably available to them at the relevant time.”  

39. Bagwell, op. cit . (nota 18), opina que esto debe tratarse en las reglas del enfrentamiento: “... es posible que para algunos blancos se requiera tal garantía de precisión que la aeronave / plataforma de lanzamiento podría estar sujeta a un riesgo cada vez mayor respecto de las defensas enemigas. En este caso, será necesario que el ROE establezca con toda claridad los criterios de identificación para que las tripulaciones, que efectivamente son juez y jurado, puedan tomar la acción correcta.” “... some targets could require such guaranteed accuracy that the aircraft / platform might be placed at increased risk to enemy defences. In this case the ROE will have to make the desired identification criteria extremely clear so that crews, who are effectively judge and jury, will be able to take the right course of action.”  

40. A.P.V. Rogers, “Conduct of combat and risks run by the civilian population”, Military Law & Law of War Review , 1982, p. 310.

41. British Defence Doctrine (JWP 0-01), promulgada por el Ministro de Defensa británico en 1996.

42, Protocolo I, artículo 58.

43. V. A.P.V. Rogers, Law on the Battlefield , Manchester University Press, 1996, p. 79.

44. Estatuto de la Corte Penal Internacional, artículo 8, párr. 2 (b)(iv).

45. Roy S. Lee (dir.), The International Criminal Court , Kluwer Law International, 1999, p. 111.



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