La mundialización y el futuro de la acción humanitaria - ¿Nuevas prioridades para Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja?

30-09-2001 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Ali Said Ali

Todos sabemos que estamos atravesando una etapa de rápidos cambios, los cuales llevan aparejados conceptos que trascienden las culturas y se aplican mediante mecanismos tal vez incomprensibles para algunas sociedades. Desde el término de la Guerra Fría, que afectó las relaciones internacionales durante más de cincuenta años, los parámetros de las relaciones internacionales contemporáneas han variado en el marco del concepto de mundialización.
 

No creo que nadie ponga en duda las repercusiones de la mundialización en los ámbitos político, económico, social o cultural. Las diferencias actuales de opinión se relacionan con la valoración que se otorga a la envergadura de los aspectos adversos de esas repercusiones para la sociedad y, especialmente, las comunidades del Tercer Mundo, muchas de las cuales aún viven en condiciones atrasadas.
 

En el presente artículo, no me propongo debatir acerca de las consecuencias de la mundialización en todos esos ámbitos. Trataré, simplemente, de examinar algunas de esas consecuencias, a fin de identificar las que incumben a la situación humanitaria actual y, al mismo tiempo, evaluar el futuro de los mecanismos de acción humanitaria, en particular el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que es uno de los más viejos y conocidos en el mundo. Sería difícil predecir ese futuro sin un diagnóstico claro de la situación humanitaria actual, en la era de la mundialización.

  La mundialización y la situación humanitaria actual  
 

El mundo se reg ocijó cuando, después de luengos años, salió del oscuro túnel de la Guerra Fría, con la firme esperanza de que el término del conflicto permitiría destinar los recursos al desarrollo de las sociedades y a la eliminación de las diversas causas del sufrimiento humano. Sin embargo, esta esperanza se desvaneció cuando ese sufrimiento comenzó a aumentar por diferentes razones, entre las que se cuentan:
 

  •   La marginación social – Muchas sociedades están viviendo en la marginalidad, como consecuencia de los índices crecientes de desempleo y del aumento de la incidencia de enfermedades sociales muy conocidas (las drogas, el crimen, etc.). Una de las principales expectativas que suscitó la mundialización era que pondría fin a ese sufrimiento y que permitiría a los Estados gozar de una buena situación económica y, por consiguiente, mejorar la posición socioeconómica de las personas. Lamentablemente, este optimismo fue disipado por una situación socioeconómica en constante deterioro, que ha marginado a muchas sociedades y que podría acabar provocando un aumento de los conflictos sociales, con consecuencias a menudo imprevisibles.

  •   La incidencia creciente de los desastres naturales – El paisaje que presenta el mundo hoy es aún más deprimente que el que ofrecía durante la Guerra Fría. Al término de este período, las que seguían siendo las principales potencias tuvieron la libertad de conducir los mecanismos internacionales de toma de decisión hacia la anarquía, los conflictos internacionales y los disturbios internos. Ello ha causado situaciones de sufrimiento humano intolerables, cuyos peligros son difíciles de predecir, en la mayoría de los casos. También ha crecido en forma alarmante la incidencia de los desastres naturales, la mayoría de los cuales han ocurrido en países del Tercer Mundo afectados por regresiones socioeconómicas (para más información sobre los desastres naturales en el mundo, véase el Informe sobre Desastres para el año 2000 , publicado por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en Ginebra).

 
En muchas sociedades, la mundialización parece haber truncado las esperanzas de recibir una asistencia, como demostración de la solidaridad de la comunidad internacional, a fin de eliminar las causas de los desastres. Muestra de ello es la grave escasez de recursos puestos a disposición de muchas organizaciones internacionales y, en algunos casos, la negación de las principales potencias a cumplir con sus obligaciones constitucionales y morales para con esas organizaciones.
 

Dado que, actualmente, la insuficiencia de recursos financieros de muchas organizaciones internacionales ha comenzado a afectar el volumen de la asistencia que prestan a las víctimas de los desastres naturales, la cuestión que se plantea es la de saber cuál será el futuro de la acción humanitaria y qué prioridades deberá fijarse el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en la era de la mundialización.

  El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en la era de la mundialización  
 

Sería difícil predecir el futuro de la acción humanitaria y de la función de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja sin tomar en cuenta las complejas crisis con las que usualmente tropieza esa acción, las cuales se pueden clasificar del siguiente modo:
 

  • La crisis de los desastres olvidados , debida a la renuencia de los donantes a proporcionar los fondo s necesarios para intervenir en el caso de algunos de los desastres más graves, ya que han dejado de ser un tema capaz de despertar el interés de la opinión pública, aunque causan miles de muertes diarias. La mejor prueba de esta situación se puede ver en muchos países del Tercer Mundo, especialmente africanos, donde la muerte de miles de víctimas del SIDA es la mayor calamidad que ha presenciado la humanidad, mientras las partes más capacitadas para prestar ayuda permanecen indiferentes.

  • La crisis política que deriva del hecho de que las víctimas sufren las consecuencias de estar incluidas en la agenda política de algunas partes cuyas relaciones son hostiles. Las principales víctimas de este conflicto político son los niños, las mujeres y los civiles afectados por el sistema de embargo económico impuesto a algunos Estados. Hoy todos sabemos que los efectos adversos del sistema de embargos económicos han transformado algunas sociedades en tragedias humanitarias, cuyas consecuencias pueden ser difíciles de remediar.

  • La crisis de las prioridades múltiples del Movimiento , que resulta del creciente número de cuestiones que el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja debe tratar y de su intención de realizar tareas que, habida cuenta de la magnitud de los desastres que sufren algunas sociedades y de la escasez de recursos que ha comenzado a afectar a los programas del Movimiento, pueden no constituir una prioridad humanitaria urgente. Sería conveniente que el Movimiento reconociera rápidamente que es menester identificar las necesidades de los grupos más vulnerables, en lugar de gastar esfuerzos y recursos en planificar operaciones que podrían ser realizadas por otras partes. El Movimiento podría corregir esta situación durante sus reuniones estatutarias en noviembre de 2001.

  • La crisis jurídica , que resulta d e un vacío en el derecho internacional respecto de la reglamentación de las actividades de asistencia humanitaria. En el último decenio, ese vacío provocó que se adoptaran diferentes definiciones de algunos conceptos, como los de derecho a la asistencia y derecho de intervención. De este modo, no sólo se han vuelto confusos los parámetros en los que se basan los programas de asistencia humanitaria, sino que también, en muchos lugares, se ha demorado la recepción oportuna de la asistencia por parte de las víctimas. Además, algunas partes han explotado el nexo entre la intervención y el derecho a la asistencia, a fin de utilizar mecanismos no convencionales, particularmente las fuerzas armadas, para prestar asistencia humanitaria. Por lo tanto, es menester llenar ese vacío jurídico, mediante el establecimiento de un mecanismo jurídico internacional que reglamente la asistencia humanitaria. Podría ser apropiado que el Movimiento tome una iniciativa en este sentido, ya que es el más capacitado y el que más amplia experiencia tiene en el ámbito de la acción humanitaria.
     

El conocimiento de las complejas crisis que actualmente debe afrontar la acción humanitaria podría ayudar a los órganos estatutarios del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja a prepararse mejor para tomar medidas coherentes con las circunstancias actuales de mundialización. Sobre todo si se tiene en cuenta que la Comisión Permanente ha iniciado un debate, a fin de formular una estrategia para los componentes del Movimiento, que será presentada en la próxima reunión estatutaria en noviembre de 2001. Sin embargo, la cuestión que se plantea actualmente es la de si es posible diagnosticar la debilidad que sufre nuestro Movimiento, uno de los principales organismos de acción humanitaria.
 

Según ciertos criterios, la situación actual del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es diferente de la que atravesaba hace cincuenta años. Todos nos damos cuenta de que los cambios que han tenido lugar en el entorno externo no han sido correspondidos por cambios en el entorno interno del Movimiento, que le permitirían satisfacer las necesidades de conformidad con sus procedimientos humanitarios tradicionales. En mi opinión, esta falta es una de las debilidades que actualmente afectan al Movimiento. Como resultado, éste ha comenzado a actuar según las circunstancias de los cambios externos, sin ser capaz de determinar sus propios modos de acción en el marco de esas circunstancias. El mejor ejemplo de esta situación es la manera precipitada en que el Movimiento ha tratado la compleja cuestión del emblema, que podría repercutir en su unidad y en su solidaridad.

  Las prioridades del Movimiento  
 

Es indudable que el Movimiento se encuentra hoy en un momento decisivo y que necesita rever algunos de los conceptos y de los mecanismos de sus actividades. Sería conveniente considerar este desafío a la luz de las siguientes prioridades:
 

  • Es menester estimular y poner en práctica el concepto de solidaridad , reemplazando el concepto de participación por el de asociación responsable . Esto implica abandonar tanto las consideraciones dictadas por los donantes y otros actores, como el concepto de solidaridad válido únicamente en el marco del Movimiento, para reemplazarlo por el concepto de solidaridad en favor de los intereses de los beneficiarios fundamentales, es decir los grupos más vulnerables.

  • Es menester acentuar el aspecto de servicio voluntario , a fin de que los esfuerzos voluntarios se puedan usar para reducir la dependencia de los beneficios recíprocos, cuando se presta asistencia humanitaria. Esto fomentará una relación más estrecha entre las víctim as y el Movimiento, una relación que podría agregar una nueva dimensión al trabajo voluntario, al incentivar los esfuerzos voluntarios de los propios grupos destinatarios. Con esta finalidad, el Movimiento debería revisar la cuestión del servicio voluntario y de los mecanismos que se utilizan actualmente para ponerlo en funcionamiento.

  • Es menester fomentar la credibilidad , que hizo que el Movimiento ganara más elogios y apoyo en los decenios pasados, a fin de permitirle cumplir con sus obligaciones respecto de las víctimas y de los grupos vulnerables, y salvaguardar los fundamentos de esa credibilidad, es decir la identidad del Movimiento, sus Principios Fundamentales, el emblema y la universalidad, sin disminuir la confianza que siempre se han granjeado los sinceros esfuerzos de nuestro Movimiento.

  Conclusión  
 

Hay un sentimiento cada vez más generalizado de que la acción humanitaria, en las circunstancias actuales de la mundialización, está sufriendo carencias que han causado el deterioro de la situación de los grupos más vulnerables. En muchos lugares, también ha aumentado el número de víctimas, debido a la incapacidad de las organizaciones humanitarias de satisfacer las necesidades humanitarias y a la falta de disposición de los donantes a prestar el apoyo necesario para permitir que estas organizaciones cumplan con sus obligaciones respecto de las víctimas.
 

Estas situaciones parecen tener un efecto directo en los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que se quejan, en general, de las dificultades con que tropiezan para hacer frente a estos cambios y, en particular, de la falta de recursos para desempeñar su labor humanitaria.
 

Este desafío supone una necesidad urgente de debatir y de dialogar en profundi dad acerca de las prioridades del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, así como del futuro de la acción humanitaria en general, en la era de la mundialización.

El doctor Ali Said Ali es secretario general de la Sociedad de la Media Luna Roja de Libia.