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Nepal: la larga y solitaria espera de Sunamati

29-02-2008 Reportaje

Una noche, unos hombres armados entraron en la casa de Sunamati, en la región occidental de Nepal, y se llevaron a su marido. Han pasado seis años desde entonces, y nunca más ha sabido de él. Sunamati hace todo lo posible por mantener a sus tres hijos y espera, algún día, saber qué sucedió con su esposo.

Sunamati vive en el distrito rural de Bardiya, en la región oeste de Nepal. Tiene los pómulos bien marcados, y sus manos parecen muy fuertes. Cuando se le pregunta su edad, da la de su marido, cuarenta años, antes de decir que ella es un año y medio más joven que él.

El año de nacimiento de su marido es una de las pocas cosas que sigue sabiendo sobre él, ya que desapareció el 17 de abril de 2002. Una noche, unos veinte hombres armados llegaron a su aldea. Rodearon su casa y le preguntaron a su suegro dónde estaban sus hijos. " Comieron y se fueron a dormir " , les respondió.

Sunamati, que acababa de prepararse para ir a la cama, fue a despertar a su marido. Le dijo: " Levántate, han venido unos hombres " . El marido salió, los hombres armados le preguntaron su nombre. " ¿Es usted el director de la escuela " , quisieron saber. Dijo que no, y le ordenaron que se vistiera, pues se lo llevarían. Se quejó, dijo que no había hecho nada malo, pero se negaron a darle explicaciones.

  A la vera del camino  

Sunamati recuerda exactamente qué tenía puesto su marido cuando se lo llevaron: una casaca marrón con rayas rojas, pantalones grises y una gorra. Tenía sus documentos de identidad en el bolsillo de la casaca, como prueba de que era maestro en la escuela de la aldea de Baidi. Toda la familia caminó con él hasta la ruta. " Si se lo llevan a él, llévenme a mí también " , suplicó Sunamati. Respondieron: " Sólo lo retendremos tres o cuatro días, vamos a investigar sus antecedentes y lo enviaremos de vuelta. No tiene por qué venir ni preocuparse " . Después de que se fuer on, Sunamati se sentó a la vera del camino, y esperó toda la noche.

A la mañana siguiente, Sunamati caminó hasta el puesto militar más cercano y preguntó por su marido. Le dijeron que era inútil ir a preguntar tan poco tiempo después del arresto y que, en todo caso, no estaba allí. Preguntó en otros puestos militares, a los maoístas, a la policía; adonde fuera, le decían que no sabían nada de su marido.

Unos pocos días después, volvió a preguntar, pidiendo simplemente que le dejaran verlo, pero nadie le decía nada. Dejó de ir a preguntar después de que un soldado la amenazara. " Nunca volví a saber de él " , dice con calma.

Hoy vive con sus tres hijos y su suegro, que es demasiado anciano para trabajar. Dice que el hermano menor de su marido no le da nada. No tienen recursos, ni bienes y, para sobrevivir, cultivan la tierra de otras personas, que les dan una parte de lo que producen. Los niños no van a la escuela.

  Una tenue esperanza  

" Si estuviera mi marido, sería más fácil educar y criar a mis hijos " , dice. " Si compramos la ropa que necesitamos, no comemos, y si comemos, no podemos comprar ropa " .

No puede evitar mantener una tenue esperanza de que su marido esté con vida, a pesar de que admite que eso es poco probable. Cuando se le pregunta si volvería a casarse, responde que no con la cabeza; luego dice que no es fácil encontrar un marido cuando una tiene niños pequeños. Ha decidido tratar de mantener a su familia sola, darles de comer y hacer todo lo posible por que nada les falte.

A su marido le faltaban menos de dos años para comenzar a cobrar una pensión cuando desapareció. " Si está vivo, las autoridades deberían decírmelo con claridad " . " Si no, también deberían decírmelo y darme alguna compensación. ¿Por q ué no puedo recibir su pensión? "

Las organizaciones humanitarias, incluido el CICR, le han dado mantas y otros artículos domésticos esenciales. Pero dice que ha gastado casi todos sus ahorros viajando y buscando respuestas, y no ha logrado averiguar mucho.