Discurso del presidente del CICR sobre ataques al personal, vehículos e instalaciones de salud

28 septiembre 2016

Excelencias, señoras y señores, estimados colegas:

Hace exactamente 149 días, nos reunimos en Nueva York para adoptar la resolución 2286, que muchos apreciamos por su lenguaje claro, su compromiso con el derecho internacional humanitario (DIH) y su previsión de un seguimiento concreto.

En los cinco meses transcurridos desde entonces, los ataques contra el personal de salud, las instalaciones médicas y los vehículos sanitarios ciertamente no han cesado.

En muchos países, la situación sigue siendo profundamente alarmante: por ejemplo, en Siria, en todos los lados de las líneas de frente, las instalaciones y los trabajadores de salud son sistemáticamente atacados o se ven obligados a cerrar sus puertas debido a la intensidad de los enfrentamientos. Hace tan sólo unas horas, se informó que los dos principales hospitales en Alepo habían sido atacados. Murieron pacientes y muchos profesionales de salud quedaron heridos. Y, en todo el país, numerosos hospitales ya no funcionan, dejando a las personas heridas casi sin esperanzas de obtener la asistencia médica que necesitan para sobrevivir. La violencia, las interrupciones en el suministro eléctrico y de agua y la falta de medicamentos ponen en grave peligro el acceso a la salud.

En Yemen, según la información recibida, la cuarta parte de todos los servicios de salud han sido destruidos o se encuentran cerrados, justamente cuando el número de heridos es mayor que nunca. Hace solamente un mes, fue atacado un hospital en la gobernación de Hajjah que funcionaba con el apoyo de MSF, con un saldo de 19 muertos.

Y ésta no es más que la punta del iceberg. La lista sigue: Afganistán, Sudán del Sur, República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Libia y tantos otros.

Por desgracia, las tendencias descritas siguen sin disminuir. El comportamiento de los actores en el campo de batalla no ha cambiado en los últimos meses, ni se ha observado que los beligerantes tomen más en cuenta las consecuencias humanitarias en sus decisiones militares: los sistemas de salud continúan desintegrándose bajo el impacto acumulativo de la violencia, dejando a millones de personas en condiciones extremadamente frágiles.

Si bien no hemos visto ningún progreso en el campo de batalla, al menos aquí, en las Naciones Unidas, la comunidad de los Estados ha resuelto encarar este problema.

En primer lugar, el CICR observa con beneplácito que quienes dirigen las labores de este Consejo han reafirmado la validez permanente del derecho internacional humanitario (DIH) como el marco universalmente acordado para la protección de los heridos y enfermos y de la prestación de asistencia de salud en los conflictos armados. Debemos seguir confiando y demostrar a través de nuestras acciones que, incluso en las circunstancias más difíciles, el DIH mantiene su relevancia y puede mejorar la situación de las personas más afectadas por la guerra.

En segundo lugar, las recomendaciones y medidas específicas para la protección de la asistencia de salud en los conflictos ahora se incorporan en las resoluciones oficiales. En la Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, la resolución relativa a la protección de la asistencia de salud en conflictos armados se adoptó de manera unánime. El Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad la resolución 2286, que fue apoyada por 85 países. Ahora, disponemos de una base muy sólida para promover esas medidas.

Pero es obvio que se necesitan acciones mucho más concretas.

El CICR toma nota con reconocimiento de la carta que el Secretario General de las Naciones Unidas dirigió a los Estados miembros tras la adopción de la resolución 2286, en la que esbozó una clara hoja de ruta para la implementación. Agradecemos que se nos haya consultado acerca del contenido de la carta y haber tenido la oportunidad de hacer nuestro aporte.

Desde nuestra perspectiva, próximos a las víctimas y negociando el acceso humanitario con los portadores de armas de todas las partes, y a partir de la información reunida a través de la iniciativa Asistencia de salud en peligro del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, creemos que hay cuatro ámbitos en los que se deben adoptar medidas concretas.

Primero, con respecto a la legislación:

1. Los Estados deben fortalecer la legislación interna que protege el acceso a la asistencia de salud, conforme a la obligación que les impone el derecho internacional.

2. Deben asegurarse de que las leyes nacionales reconozcan el papel que desempeñan los socorristas, quienes en muchos casos son colaboradores y voluntarios de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

3. Los Estados deben hacer todo lo posible por hacer cumplir las sanciones jurídicas existentes, para que actúen como factores de disuasión.
Segundo, con respecto a la recolección de datos:

4. Alentamos a los Estados y a otros interlocutores relevantes a establecer sistemas nacionales e internacionales para recolectar y analizar información sobre casos de violencia contra el personal y las instalaciones de salud, los medios de transporte sanitarios y los pacientes.

5. Los alentamos asimismo a convocar reuniones de múltiples partes interesadas para intercambiar regularmente información acerca de los problemas y sobre las prácticas idóneas que permitan prevenir y encarar actos de violencia contra la prestación de asistencia de salud.
Tercero, con respecto a la responsabilidad, les pido lo siguiente:

6. Que aseguren que los actos de violencia contra la prestación de asistencia de salud, que constituyen violaciones graves de los Convenios de Ginebra, se sancionen como tales en los ordenamientos jurídicos internos.

7. Desearíamos que se fortalezcan las capacidades que permitan la realización de investigaciones completas, expeditivas, imparciales, independientes y efectivas, que garanticen una mejor rendición de cuentas y den respuesta a los reclamos de las víctimas.
Por último, con respecto a la preparación y la prevención, solicitamos a los Estados y otros interlocutores relevantes:

8. Que adopten planes de contingencia en previsión de situaciones que podrían hacer peligrar la organización y la prestación de asistencia a los heridos y enfermos,

9. Y que formulen medidas prácticas para que las fuerzas armadas reduzcan al mínimo las perturbaciones de los servicios de asistencia de salud durante la planificación y conducción de las operaciones militares, e integren esas medidas en las órdenes, en las reglas de enfrentamiento, en la formación, en los procedimientos operacionales uniformes y en otros documentos pertinentes.

Permítanme renovar el ofrecimiento del CICR de construir una relación más positiva con todas las partes en los conflictos, basada en la interacción operacional estrecha, la información mutua, el diálogo y las medidas correctivas, respecto de la conducción de hostilidades. Este enfoque podría contribuir a restablecer, entre los beligerantes, la confianza en que el derecho no sólo es aplicable debido a las sanciones y a los procesos de rendición de cuentas que entraña, sino porque es una herramienta útil y necesaria que beneficia a todos.
En este sentido, quisiera hacer el siguiente comentario: comprendo y respeto la función de este Consejo de ofrecer posiciones políticas y orientaciones respecto de la paz y la seguridad internacionales. Sin embargo, al tratar la cuestión del derecho internacional y su implementación, el Consejo debe tener en cuenta en sus reflexiones la importancia de la confianza y del consenso entre los beligerantes. La mejor forma de promover estos conceptos es a través de la acción de intermediarios neutrales capaces de mantener la confianza de las partes en un conflicto. Por lo tanto, es importante que, además de estar unidos en torno a esta mesa hoy, comprendamos y respetemos nuestros respectivos papeles y responsabilidades como actores políticos y humanitarios.
Excelencias, señoras y señores:
Hace 149 días, este Consejo adoptó medidas históricas, y su presencia hoy en este lugar es testimonio de su compromiso con la protección de los pacientes y de los trabajadores de salud en todas partes.
Pero, mientras tanto, hombres y mujeres, niñas y niños, médicos y enfermeras siguen refugiándose en los sótanos cuando oyen el ruido de aviones. Siguen buscando a sus seres queridos entre los escombros de hospitales destruidos. Siguen temiendo que los hombres armados detengan sus ambulancias.
Se necesita una colaboración mucho más intensa para que el compromiso que han asumido se convierta en realidad en el terreno y para que la situación de las personas que sufren en la guerra verdaderamente cambie para mejor. Los insto a no cejar en sus esfuerzos.
Muchas gracias.