La guerra detrás del hambre

26 abril 2017
La guerra detrás del hambre
El CICR entregó arroz, alubias, aceite de cocina, azúcar y semillas a familias afectadas por la sequía en Kenia. CC BY-NC-ND / CICR / Jason Straziuso

Por Dominik Stillhart, director de Actividades Operacionales, CICR

Estamos al borde de una megacrisis humanitaria sin precedentes en las últimas décadas, mientras el fantasma de la hambruna sobrevuela grandes zonas de África y Oriente Medio.

Debemos actuar ya mismo. Es preciso intensificar sustancial y masivamente el apoyo de la comunidad internacional. Si abordamos la situación sin ser conscientes de su gravedad, el costo humano a largo plazo será cada vez más alto.

No destinar los recursos adecuados para evitar un desastre ni atender el origen del problema podría tener consecuencias negativas para todos.

Se calcula que más de veinte millones de personas en Yemen, Sudán del Sur, Somalia, Nigeria, Kenia y Etiopía se ven afectadas por la crisis actual. El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja está presente en estos países desde hace años. Somos testigos del sufrimiento generalizado que se vive en la región.

En Yemen, se avecina una gran tormenta. Apenas el 45% de las estructuras sanitarias se encuentran en funcionamiento. En la ciudad de Hodeida, el sistema de suministro de agua está a punto de colapsar, lo que significaría desabastecer a casi medio millón de personas. Además, se ha prohibido el ingreso en el país de algunos artículos de primera necesidad, como los alimentos y los medicamentos.

En Sudán del Sur, se calcula que uno de cada tres hogares necesita alimentos con urgencia. En el estado de Borno, en Nigeria, unos 300.000 niños podrían padecer malnutrición aguda en el transcurso del próximo año.

El conflicto a largo plazo es el común denominador de las crisis que hoy atraviesan Yemen, Sudán del Sur, Somalia y Nigeria, donde la situación de emergencia es producto de la acción del hombre. En el Cuerno de África, la sequía es otro de los motivos principales del hambre. En Somalia, por ejemplo, la pérdida de ganado en masa está destruyendo comunidades enteras.

En algunas zonas de Kenia, los índices de malnutrición superan los niveles de emergencia. En Etiopía, más de cinco millones de personas aún necesitan asistencia alimentaria.

Pero no perdamos las esperanzas: todavía estamos a tiempo de evitar la hambruna, pero se necesita actuar con rapidez y disponer de recursos económicos sustanciales.

El financiamiento humanitario representa una pequeñísima parte de los presupuestos de los Estados, si bien es esencial para preservar millones de vidas en zonas de conflicto.

Frente a esta situación alarmante y tan extendida, desde el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja nos hemos propuesto responder de manera unificada y coordinada, valiéndonos de las respectivas fortalezas y la diversidad de nuestros componentes para obrar en favor de un objetivo común: salvar vidas en las comunidades más expuestas de la zona.

Estamos trabajando sin descanso. En Sudán del Sur, nuestros equipos atraviesan pantanos para reunirse con familias que se refugian de la violencia. Distribuimos semillas y artículos de pesca para que la población pueda procurarse su propio alimento.

A raíz del reciente estallido de violencia en Yemen, el CICR incrementó la prestación de asistencia médica en un 250% para ayudar a personas que resultan heridas en medio de los enfrentamientos.

La Cruz Roja de Kenia ha intensificado sus esfuerzos en las áreas de distribución de víveres, salud y nutrición, transferencias de efectivo, y compra y sacrificio de ganado.

En total, el CICR y la Federación Internacional destinarán casi 600 millones de dólares a sus actividades en los seis países afectados, de las que se beneficiarán más de siete millones de personas.

Pero ni todo el dinero del mundo alcanzaría para contrarrestar el incumplimiento de los Convenios de Ginebra. Los Estados tienen el poder y el deber de incidir de manera positiva en el comportamiento de las personas. Deben redoblar sus esfuerzos y no respaldar a quienes no respetan el derecho de la guerra.

Pensemos en el largo plazo: ¿qué sucede si no actuamos ya mismo para atender las causas de esta situación de urgencia alimentaria? Si se agrava el conflicto, si se intensifica la polarización, el precio que paguemos será mucho más alto.

Por empezar, el costo humano será enorme, lo que conllevará un profundo sufrimiento y una gran angustia para quienes sobrevivan esta oleada de muertes masivas.

Asimismo, aumentará nuevamente el número de refugiados que crucen las fronteras en busca de seguridad. ¿Cómo impactará un nuevo desplazamiento de grandes proporciones en un mundo que ya mira con recelo a los migrantes?

Ante tanta incertidumbre y tanto temor, todavía estamos a tiempo de frenar un desastre a futuro en países que hoy sufren una gravísima crisis alimentaria. Si trabajamos en conjunto, estaremos en condiciones de detener este vertiginoso avance hacia el abismo.

 

 

 

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