Medio siglo del CICR en Colombia

Medio siglo del CICR en Colombia

Artículo 12 marzo 2019 Colombia

Llegamos a Colombia en marzo de 1969. Nuestra primera actividad consistió en visitar las cárceles del país y en promover mejores condiciones de detención.

Once años después, abrimos nuestra primera sede en Bogotá. Desde entonces hemos ampliado nuestro campo de acción y hoy tenemos 13 oficinas en las zonas más afectadas por el conflicto y la violencia armada.

Los logros de esta labor humanitaria en las últimas cinco décadas no habrían sido posibles sin la confianza del país en nuestro rol como organización neutral, imparcial e independiente.

A todos los colombianos, gracias.

Hemos mantenido un papel neutral en incidentes como la toma de la Embajada de la República Dominicana (1980) y, más recientemente, en las conversaciones de paz entre el Gobierno y las FARC-EP iniciadas en 2012. 

Además, hemos atendido a las víctimas de varias masacres, como la del Salado (2000) y la de Mapiripán (1997). También recuperamos los cuerpos de los 11 diputados del Valle (2007) para su identificación y posterior entrega a las familias. 

'Trajimos los cuerpos de los 11 diputados del Valle'

Así recuerda este evento Christoph Vogt, coordinador de operaciones y jefe adjunto del CICR en Colombia. 

Los diversos conflictos armados colombianos han sido duros, largos y con secuelas que permanecerán por años. Durante nuestra presencia en el país, logramos atender más de 1.800 desplazamientos masivos y apoyar a más de 1.860 víctimas de artefactos explosivos

'En 2002 atendimos a más de cien mil personas desplazadas y eso sí que me marcó'

Viviana Jiménez, coordinadora adjunta del departamento de Seguridad Económica del CICR en Colombia. 

En 1994 comenzamos a hablar con grupos armados en Colombia, esto sumado al diálogo que ya se tenía con las Fuerzas Armadas estatales. Este trabajo, con carácter confidencial, nos ha permitido difundir las normas humanitarias y velar por su cumplimiento entre todas las partes del conflicto. 

Este rol neutral, que durante años nos ha permitido llegar a lugares inhóspitos afectados por el conflicto para ayudar a quienes más lo necesitan, también lo mantuvimos en las conversaciones de paz entre el Gobierno y las Farc-Ep iniciadas en 2012.

Christoph Harnisch, jefe de la delegación del CICR en este país, así recuerda la primera vez que vio sentadas a estas partes del conflicto. 

Civiles que no pueden salir de sus casas por miedo, amenazados, heridos en medio de enfrentamientos o por artefactos explosivos, desplazados y abusados en medio de una guerra que no es suya, es un panorama recurrente que ven los trabajadores humanitarios que llegan hasta las zonas más afectadas por el conflicto. 

Yolanda Betancourt lleva 19 años conociendo estas historias con el CICR. Entre tantos paisajes de violencia, este es uno de los que más recuerda. 

La mayor parte de nuestro trabajo no aparece en los noticieros. Nuestra recompensa es el apoyo y el reconocimiento de los colombianos anónimos que ven en la cruz roja un símbolo de esperanza.

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1.800
desplazamientos masivos atendidos con apoyo de la Cruz Roja Colombiana.
500.000
personas mejoraron su acceso a servicios básicos.
152.000
pacientes atendidos por medio de unidades móviles de salud.
14.000
solicitudes de búsqueda de desaparecidos recibidas.