Nigeria: asistencia de salud

20 mayo 2015
Nigeria: asistencia de salud
Natisa (derecha) vive en un campamento para personas desplazadas desde marzo de 2015, con su hermana, su cuñado y su padre, también desplazados por el conflicto. No ha visto a su esposo desde que éste huyó de Gulak ocho meses atrás. Su esposo aún no conoce a su hijo recién nacido. CC BY-NC-ND / CICR / Jesus Serrano Redondo

Para la gente que huye de la violencia y está en marcha, las oportunidades de recibir asistencia de salud son escasas. Las mujeres embarazadas han debido dar a luz en circunstancias sumamente difíciles y a veces se han visto forzadas a abandonar a sus hijos recién nacidos para salvar su propia vida. Los cirujanos han tenido que tratar lesiones inhabituales para ellos, como las heridas causadas por la explosión de bombas.

La mayoría de los hombres huyeron. Aún embarazada, Natisa Mohammed, de 29 años, quedó atrás con sus cuatro hijos. "Vi mucha violencia", dice Natisa, recordando el ataque que sufrió la aldea de Gulak en septiembre del año pasado. "Sobreviví porque estaba embarazada. Al pensar en esos momentos, todavía siento miedo".

En febrero, volvió la violencia y Natisa se vio obligada a huir junto con sus hijos. En el trayecto, dio a luz prematuramente a su quinto hijo, un varón. Un hombre que pasaba por el lugar ayudó con el parto e hizo subir a la familia a un camión que se dirigía a un centro de refugiados en Yola.

Natisa gave birth to her baby boy in the bush while fleeing her home in Gulak, when the town was attacked in March 2015. She decided to call him Auwel, after the soldier who helped her to deliver the baby and saved their lives.

Natisa dio a luz a su hijo en el monte, mientras huía de su hogar en Gulak, cuando la aldea fue atacada en marzo de 2015. Decidió llamarlo Auwel, por el soldado que la ayudó a dar a luz y salvó sus vidas. CC BY-NC-ND / CICR / Jesus Serrano Redondo

"Había disparos por todos lados en la zona y, mientras yo daba a luz, caían las bombas", dice Natisa. "Decidí llamar a mi hijo Auwel, por el hombre que salvó su vida y la mía".

Hoy, Natisa dice que necesita mejores alimentos para sus hijos y para ella misma. No hay jabón para lavar la ropa de los niños ni dinero para ir al médico. Pese a estos problemas, Natisa se siente a salvo en el campamento. "Vivimos como hermanos, ayudándonos entre nosotros, porque estamos en la misma situación", dice.

Natisa extraña su vida anterior, cuando vendía cosméticos y alhajas en su casa mientras sus hijos iban a la escuela. Pero su aldea ha sido destruida. "Sólo quisiera recuperar mi vida anterior", dice Natisa.

A woman badly burned as a result of the fighting in north-east Nigeria cradles her child at Maiduguri Hospital, where the ICRC is providing medical supplies and giving additional training to staff.

Una mujer con quemaduras graves, herida durante los enfrentamientos en el nordeste de Nigeria, acuna a su hijo en el hospital de Maiduguri, al que el CICR proporciona insumos médicos y formación complementaria al personal. CC BY-NC-ND / CICR / Jesus Serrano Redondo

"¡Sí! ¡En el bosque!" dice Ummu Salma, residente de Mubi (Nigeria) que tuvo que huir de la violencia. "Vi a una mujer dar a luz, cubrir al bebé con hojas e irse, dejando a la criatura en el bosque, para salvar su propia vida".

"Estábamos en la iglesia cuando llegaron los hombres. Dispararon en forma indiscriminada y mataron a algunos de nosotros" dice Hafeesu Adamu, residente de Minchiga, Nigeria, quien también se vio obligado a huir. "Entre nosotros había mujeres y niños que murieron en el camino. Algunas mujeres dieron a luz durante el trayecto".

Entrevistas del CICR, Yola, Nigeria, marzo de 2015