Paraguay: el trabajo artesanal cambia la vida a mujeres privadas de libertad

08 marzo 2017
Paraguay: el trabajo artesanal cambia la vida a mujeres privadas de libertad
Participante del proyecto Kuña Katupyry realiza un bordado. CC BY-NC-ND / CICR / L. Vera

Desde las siete de la mañana hasta las siete de la tarde, un grupo de mujeres realizan trabajos artesanales en un taller, donde también diseñan, crean, se organizan, administran y toman decisiones. Acompañan todas estas actividades de risas, anécdotas, intimidades que se comparten, silencios. Allí planifican el futuro, sueñan con metas motivadoras y alcanzables.

En guaraní se las llama las kuña katupyry, es decir mujeres capaces de mucho, habilidosas, emprendedoras y con osadía para descubrir sus talentos. Kuña Katupyry es el nombre del programa de reinserción social y ocupacional para mujeres privadas de libertad que llevan adelante desde hace nueve años el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), la Cruz Roja Paraguaya (CRP), el Ministerio de Justicia de Paraguay y el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA). A continuación, algunas de estas mujeres cuentan cómo el programa les ayudó a cambiar de vida.

"Jamás me imaginé que yo podía enseñar a otros."

Jorgelina Prieto, de 37 años, está en el penal hace cinco años y cuatro meses. Lleva tres 3 años en el programa Kuña Katupyry.

¿Cómo llegaste al programa?

Hace tres años, conocí a una chica que estaba con el taller de la Cruz Roja. Vine al taller y estudié ñandutí. Jamás creí que yo sería capaz de hacer artesanías y, sobre todo, ñandutí porque siempre compraba nomás a otras personas. Estudié un año y como aprendí muy bien, me ofrecieron enseñar a las chicas nuevas.

¿Consideras que algo ha cambiado en tu vida?

Mi familia me dice, y yo tambien creo, que al final no vine de balde acá. Porque tengo una ocupación, aprendí y soy instructora de otras compañeras. Además tengo clientes, vendo mis productos, gano dinero, ayudo a mi hija de siete años que va a la escuela. Estoy muy contenta.

¿Cómo te ves en el futuro?

Me veo enseñando en algún colegio, porque yo acá soy instructora. Sé que tengo posibilidades de enseñar, de ser profesora. Jamás me imaginé algo así.

Participante del proyecto Kuña Katupyry. CC BY-NC-ND / CICR / L. Vera

"Kuña Katupyry te ayuda a tomar buenas decisiones."

Nidia Riveros estuvo tres años y nueve meses en el penal. Hace tres años, salió en libertad. Fue una de las primeras en participar del programa, en 2009. Nidia recuerda su paso por Kuña Katupyry: "Para mí, fue un lugar que me salvó y me ayudó a pensar mejor. Yo no quería aceptar que estaba acá encerrada, bajé de peso, estaba muy triste, no quería recibir a nadie".

¿Cómo entraste en el programa?

A mí me gusta el arte, pinto. Pero no quería hacer nada. Yo era decoradora de eventos antes. Me invitaron y me animé. Cambió mi vida. Me recuperé. Acá en el taller, mi mundo dio vuelta cien por cien. Aprendí, hice cosas nuevas, vendí, se valoraba mi trabajo.

¿Qué crees que provocó el cambio?

Acá en la carcel tenés miles de opciones para tomar el camino "más equivocado", el que te hace mal. Y más aun si estás triste. Entrar al taller me levantó. En los tres años que estuve, logré 28 diplomas de los cursos que hice acá. Yo ya era decoradora, y acá amplié mis conocimientos.

¿Qué estás haciendo ahora?

Al salir, mi primer obstáculo cuando busqué trabajo, fue que, aunque tenía muchos conocimientos, al ver mis antecedentes, se echaron para atrás. Entonces decidí poner mi negocio propio y tengo una estética. También me preparé para eso. Además, sigo haciendo mis trabajos de artesanía y todo eso me ayuda a vivir y sostener a mis hijas. Aunque emocionalmente aún me cuesta integrarme en la sociedad, económicamente soy independiente, y eso es gracias a las oportunidades de aprender en el taller. Yo sé ñandutí, bordado de zapatillas, velas recicladas, arreglos navideños, computación, encaje ju, punto cruz; me siento preparada para mantener a mis hijas.

"Mi gran cambio es que yo me cuido, tengo planes, cuando salga voy a trabajar en forma independiente."

Magdalena Guillén tiene 54 años y nos cuenta, sin preámbulos, los motivos de su alegría en este momento de su vida dentro del penal: "Yo estoy tranquila, ése es mi cambio y es lo mejor para mí", repite, mientras expone algunos de sus trabajos realizados en el taller.

¿Qué sucedió para que se dé ese cambio?

"Yo antes tomaba medicamentos controlados para estar tranquila, todo el tiempo, no me podían faltar. Cuando entré al penal, yo tenía un gran sobrepeso, necesitaba de alguien para asearme. Hoy ya no uso más esos remedios, encontré la paz. Acá en el grupo de Kuña Katupyry, en los cursos, con mis compañeras. Aprendí y aprendo cosas que jamás creí que iba a hacer. Acá hay alegría, conversamos de todo, nos animamos. Lo principal para mí es que ahora me preocupo de mí misma, me cuido, estudio."

¿Qué aprendiste en el taller?

Nuestras artesanías. A mí me cuesta hacer todas estas técnicas, parece que no me va a salir nada, me quejo. Pero acá me tienen paciencia y siempre termino haciendo bien mis trabajos. Practico mucho y ahí está mi fuerza, porque ocupo mi mente, mi tiempo. Imagínate que este año también voy a completar mis estudios de la media (secundaria). Jamás voy a creer que yo puedo estudiar tanto.

 

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