Siria: las cocinas comunitarias alimentan a personas empobrecidas y vulnerables

09 noviembre 2015

Los continuos enfrentamientos y la inseguridad constante en Siria han afectado todos los aspectos de la vida cotidiana; en todo el país, hay millones de personas desplazadas y vulnerables que dependen de la distribución de ayuda. Los bienes esenciales para subsistir, como el agua limpia, los alimentos y la asistencia de salud, son apenas un sueño lejano.

Desde el comienzo del conflicto en Siria, el CICR ha distribuido, en asociación con la Media Luna Roja Árabe Siria, paquetes de alimentos para millones de personas necesitadas. A muchas de las personas que reciben esa asistencia les cuesta preparar comidas calientes por falta de combustible y, en general, por falta de dinero.

Por ello, en 2014, el CICR comenzó, a través de la Media Luna Roja Árabe Siria, a ayudar a instituciones benéficas locales para la organización de cocinas comunitarias que brindan a diario comidas calientes a personas empobrecidas y vulnerables.

 

En la actualidad, el CICR presta apoyo a unas 17 cocinas comunitarias en Alepo, Homs, Lattakia, Damasco rural y la ciudad de Damasco, que ofrecen comidas diarias a más de 250.000 personas.

En Homs, el CICR, en estrecha colaboración con la Media Luna Roja Árabe Siria, da a poyo a seis cocinas comunitarias a las que entrega alimentos a granel y combustible para cocinar. Además, el CICR ha rehabilitado las cocinas y distribuido refrigeradores, generadores y otro material necesario.

La cocina comunitaria de Al Hamra, en la ciudad de Homs, empezó a funcionar hace un año con comidas para mil personas. En la actualidad, esa cocina sirve comidas diarias a alrededor de dos mil personas. La dirigen con gran dedicación seis mujeres que trabajan sin descanso, siete días a la semana, de ocho de la mañana a seis de la tarde. Les lleva alrededor de tres horas preparar los ingredientes y lavar y cortar las verduras.

A mediodía, empiezan a cocinar en solo dos hornos y, a las dos de la tarde, las comidas están listas para su distribución, ya sea a los beneficiarios que acuden a la cocina misma o a distintos puntos cercanos a los lugares donde viven las comunidades necesitadas. En ambos casos, se envían mensajes de texto a diversas personas que difunden la información.