Terminando la era de las armas nucleares

27 junio 2017

Por Peter Maurer

Este editorial fue publicado originalmente por El Universal de México.

Esta semana los Estados vuelven a reunirse en Nueva York para tomar medidas contra la amenaza mundial que representan las armas nucleares. Se prevé que más de 130 Estados participen en las negociaciones. Para el 7 de julio, esperamos contar con un tratado internacional que prohíba las armas nucleares.

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja insta a todos los Estados a participar en estas negociaciones. Se trata de una oportunidad histórica para ayudar a terminar con la era de las armas nucleares.

Las armas nucleares son de las más terroríficas que jamás se hayan inventado. Son únicas por su poder destructivo, por el indecible sufrimiento humano que causan y por la imposibilidad de controlar sus efectos en el espacio y en el tiempo. Amenazan con causar daños irreversibles al medio ambiente y a las generaciones futuras. Amenazan la mera supervivencia de la humanidad.

Cuando las bombas cayeron en Hiroshima y Nagasaki en 1945, fuimos testigos directos de sus efectos catastróficos, que duraron generaciones. Sabemos de la experiencia heroica de la Cruz Roja Japonesa en los días posteriores y, a partir de estudios recientes, sabemos también que ningún Estado ni organización humanitaria puede responder adecuadamente a las necesidades de las víctimas luego de un ataque nuclear. El estallido destruye instalaciones médicas. El personal médico también puede morir en el ataque.

El poder destructivo de las armas nucleares de hoy es mucho mayor que el de las bombas que se arrojaron en Hiroshima and Nagasaki. Las investigaciones han demostrado que incluso un intercambio nuclear limitado podría tener consecuencias globales. Un ataque nuclear podría dar lugar al enfriamiento de la atmósfera y la reducción de la producción agrícola, por lo que una gran cantidad de personas podría llegar a morir de hambre.

El riesgo del uso actual de armas nucleares, así sea intencional o por accidente, es mayor que durante la Guerra Fría. Las tensiones globales, los conflictos regionales involucran a Estados que tienen armas nucleares, y los sistemas de armas nucleares son cada vez más complejos y vulnerables. Esto son cuestiones muy reales y preocupantes hoy en día.

En las negociaciones de Nueva York, se deberían recordar las consecuencias humanitarias catastróficas de las armas nucleares. El tratado debería constar de prohibiciones claras e integrales, que abarquen el uso, el desarrollo, la producción, el almacenamiento y la transferencia de armas nucleares.

Hay quienes argumentan que estas negociaciones no son un camino práctico hacia el desarme nuclear, ya que la mayoría de los Estados que poseen armas nucleares no asistirán. Pero ¿cuál sería el camino alternativo? Durante décadas, la Conferencia sobre el Desarme no ha podido llegar a resultados positivos. El examen del tratado de no proliferación que se llevó a cabo en 2015 terminó sin ningún acuerdo, y la mayoría de los compromisos asumidos previamente no se cumplieron. A su vez, los Estados que poseen armas nucleares están modernizando sus arsenales nucleares.

Al igual que con las armas químicas y biológicas, la adopción de este tratado será una señal clara de que la mayoría de los países consideran que las armas nucleares son inaceptables. Tomar las medidas necesarias para que estas armas sean ilícitas en virtud del derecho internacional puede ser un incentivo para que los Estados que poseen armas nucleares y sus aliados reduzcan finalmente los riesgos nucleares y los arsenales nucleares. Los Estados ya han asumido compromisos en ese sentido. Un tratado contundente también podría servir para desalentar la proliferación por parte de otros.

Si no se aprovecha esta oportunidad histórica con la esperanza de que surja más tarde un mejor momento, se estará jugando con el futuro de nuestros hijos y de nuestro planeta. Un primer paso indispensable es prohibir las armas nucleares. Instamos a todos los demás Estados a que aprovechen esta oportunidad histórica y se sumen a este esfuerzo con urgencia y determinación.