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La neutralidad como Principio Fundamental de la Cruz Roja

01-11-1996 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Hans Haug

  Neutralidad  

Con el fin de conservar la confianza de todos, el Movimiento se abstiene de tomar parte en las hostilidades y, en todo tiempo, en las controversias de orden político, racial, religioso e ideológico.

  Para incitar la reflexión sobre la cuestión de saber hasta qué punto pueden intervenir los componentes del Movimiento en la defensa o en la promoción de una causa, reproducimos algunas líneas que Hans Haug escribe sobre la neutralidad como Principio Fundamental de la Cruz Roja en su obra   Humanité pour tous [1 ] .  

La palabra «neutro» viene del latín «neuter» que significa «ni uno ni otro». Se consideran neutrales todos los movimientos o todas las instituciones que se abstienen de tomar partido en un conflicto o en un diferendo y que renuncian a toda índole de injerencias. Abstenerse de tomar partido y renunciar a toda índole de injerencias pueden tener diferentes causas. Pueden ser el resultado de una voluntad de autoprotección, de una consideración de que el bien y el mal, lo verdadero y lo falso existen en ambas partes, de una moderación en pro de una causa más importante o de una labor específica. Pero el motivo de la neutralidad puede ser también la indiferencia, el miedo o la cobardía. La neutralidad no es, pues, una virtud en sí.

El móvil del principio de neutralidad según el cual el Movimiento se abstiene de tomar parte en las hostilidades y, en todo tiempo, en las controversias de orden político, racial, religioso e ideológico es la salvaguardia de La confianza general («con el fin de conservar la confianza de todos, el Movimiento se abstiene de...»). Son patentes la evidencia y la pertinencia de este móvil: quien toma partido corre el riesgo de despenar sospechas e inspirar la animosidad en una de las partes, que tal vez lo rechace o le retire la confianza que había depositado en él. Mientras que Estados o empresas económicas pueden soportar pérdidas de confianza, para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y para el desempeño de su cometido humanitario es vital granjearse esta confianza. Solo allí donde los componentes del Movimiento pueden contar con la confianza de todos -tanto de las autoridades como de la población- nadie le impedirá acercarse a las víctimas de conflictos y de catástrofes para prestarles la protección y la asistencia necesarias. Para el CICR, tener la confianza de los gobiernos de Estados Partes en los Convenios de Ginebra es la condición más importante para su intervención en caso tanto de conflicto armado como de disturbios o tensiones. Pero la Liga [2 ] necesita la misma confianza para la realización de operaciones de socorro tras catástrofes o de programas de asistencia y desarrollo en favor de las Sociedades Nacionales. Lo mismo vale para las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que solo pueden colaborar verdaderamente con las autoridades nacionales y actuar en todo el territorio en favor de toda la población si cuentan con la confianza de un amplio sector de la población en todos los estratos sociales. La confianza es la fuerza moral sin la que el Movimiento no podría vivir, desarrollarse y actuar.

Una actitud neutra l es un estimulo y una prueba de confianza. Es también un medio para promover la unidad y la universalidad del Movimiento. Todas las faltas cometidas contra la neutralidad, todas las tomas de posición con motivo de un conflicto o toda índole de participación en controversias de orden político, racial, religioso o ideológico dan lugar a tensiones, oposiciones, escisiones y rupturas en las Sociedades Nacionales y en todo el Movimiento. Al igual que esta confianza general, la unidad y la universalidad del Movimiento son condiciones fundamentales para una acción humanitaria verdaderamente universal, imparcial y eficaz. Si el Movimiento quiere ser una comunidad mundial al servicio, en todo tiempo y en todo lugar, ante el sufrimiento del ser humano y, según la definición del principio de «humanidad», favorecer «la comprensión mutua, la amistad, la cooperación y una paz duradera entre todos los pueblos», debe respetar muy estricta y lealmente, en caso tanto de conflicto armado como de controversia en tiempo de paz, este principio de neutralidad.

(...)

El segundo aspecto fundamental del principio de neutralidad es la prohibición de tomar parte en controversias de orden político, racial, religioso e ideológico. Estas cuatro nociones se relacionan con ámbitos que, en principio, son ajenos al cometido del Movimiento. La índole del Movimiento es, en primer lugar, apolítica. Ni por su razón de ser ni por su cometido ha de influir en el desarrollo del orden jurídico y social ni ha de tomar parte en las luchas por el poder en el plano nacional o internacional. El CICR tampoco está relacionado con religiones o iglesias aunque su ideal humanitario se base en dogmas religiosos. Los emblemas de la cruz roja y de la media luna roja no son, contrariamente a las apariencias, símbolos religiosos. El Movimiento no tiene, sobre todo, orientaci ón racista y se aleja de todo odio o glorificación racial. En su pensamiento como en sus actos, solo quiere hablar de seres humanos y prestar asistencia sin discriminación alguna a los que más sufren. Por último, hay que puntualizar también que el Movimiento no se atiene a una ideología. No se somete a sistema filosófico alguno. Solo se atiene a su propio ideal, que es realizar una acción humanitaria eficaz y desinteresada.

Pero, en lo concreto, no siempre es fácil determinar dónde se impone la abstención y dónde está permitida y es necesaria la participación. La dificultad radica en el hecho de que el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se basa en una concepción determinada de la humanidad y tiene un cometido humanitario que desempeñar. La fidelidad a una concepción de lo humano y el desempeño concreto del cometido humanitario pueden conducir a tomas de posición por lo que atañe a cuestiones humanitarias, aunque éstas puedan ser motivo de controversias y tener aspectos políticos e ideológicos. La neutralidad no implica que los componentes del Movimiento sean neutralizados en el ámbito humanitario. No están en modo alguno condenados a una total pasividad. Las tomas de posición se justifican e, incluso, se imponen cada vez que la acción y la responsabilidad del Movimiento están en juego. Por ejemplo, cuando se trata de la aplicación y del respeto del derecho internacional humanitario, de la ratificación de los Protocolos adicionales a los Convenios de Ginebra, de la política de asilo o del respeto de los derechos humanos más importantes, como la prohibición de la tortura y otros tratos crueles e inhumanos para con las personas privadas de libertad.

Si las tomas de posición de los componentes del Movimiento con respecto a cuestiones de índole humanitaria ponen en tela de juicio la confianza general y su unidad interna, esto puede depende r en gran parte de una cuestión de simple forma. Teniendo en cuenta la posición especial, tanto del CICR como de las Sociedades Nacionales, un contacto directo y discreto con las autoridades concernidas brindará más oportunidades para llegar a un consenso. Solo si fracasa dicho contacto directo y discreto, se justifica una toma de posición pública. Sin embargo, hay que excluir todas las participaciones en manifestaciones y demostraciones de otras organizaciones y asociaciones, sobre todo, si éstas tienen un matiz político o ideológico. Los componentes del Movimiento deben mantener su independencia y hacer valer solo su propia voz estrictamente humanitaria.

Como ya hemos visto, hay relación entre la neutralidad y otros Principios Fundamentales del Movimiento, como los de unidad y universalidad; pero, sobre todo, con los de independencia e imparcialidad. La independencia, la autonomía de los organismos de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja con respecto a Estados, organizaciones internacionales, partidos políticos y poderes económicos son condiciones esenciales para su neutralidad. Una posición neutral será mucho más firme si la Institución sabe salvaguardar y demostrar su independencia. La relación entre neutralidad e imparcialidad es, sin duda, igualmente importante. Un Movimiento neutral, que sabe abstenerse de tomar parte en los conflictos y en las controversias, adopta la mejor actitud posible para hacer frente a los sufrimientos del ser humano, prestándole una ayuda adaptada a sus necesidades sin reservas ni discriminación. De tal actitud de moderación dependen la eficacia y la amplitud de una acción de socorro que se corresponda lo mejor posible a las necesidades de todas las víctimas.

  Notas:  

1. Hans Haug, Humanité pour tous, Le Mouvement International de la Croix Rouge et du Croissant Rouge, Instituto Henry Dunant/Ediciones Paul Haupt, Berna/Stuttgart/Viena, 1993, pp. 463-467. Existe también una versión inglesa: Hans Haug, Humanity for All: The International Red Cross and Red Crescent Movement, Instituto Henry Dunant/Ediciones Paul Haupt, Berna/Stuttgart/Viena, 1993, pp. 461-464. Se omiten las notas.

2. Actualmente, Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (nota del editor).