El incumplimiento del DIH agravó la situación humanitaria en Colombia en 2025
Cuando supe que comenzaría mi misión en Colombia, fue inevitable pensar en todo lo que debía hacer. El reto es grande para quien llega a un país de inmensa riqueza humana, pero marcado por décadas de conflictos armados. Por eso, mi primer objetivo fue comprender esa realidad con respeto y sin simplificaciones.
Desde finales de febrero de este año asumí el liderazgo de la Delegación Regional del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Bogotá con la claridad de que contextos como el colombiano requieren respuestas prontas, consistentes y adaptadas a las múltiples realidades locales. También he podido constatar el compromiso de mis cerca de 300 colegas en Colombia. Su diálogo discreto y respetuoso con todas las partes en conflicto marca a diario una diferencia en la vida de las personas que no participan o han dejado de participar en las hostilidades.
Hoy ese diálogo es más necesario que nunca. La magnitud del drama humano no puede describirse solo con cifras, sino que queda reflejado en el sufrimiento de comunidades enteras sometidas al temor de los enfrentamientos: las familias forzadas a dejar todo atrás para poder sobrevivir, la búsqueda de miles de personas desaparecidas, las vidas truncadas de niños y niñas marcados por la guerra. El año pasado, nuestros equipos trabajaron en un contexto caracterizado por la intensificación y la transformación de las dinámicas de los conflictos armados, incluido un creciente uso de nuevas tecnologías, como el uso de drones, con significativos impactos en la vida diaria de la población civil.
La salida de organizaciones humanitarias y la reducción de recursos de las que aún siguen presentes en el país añadió un desafío adicional en 2025, con consecuencias inmediatas en los territorios. El CICR lo experimentó directamente al tener que reducir el 30 % de su presupuesto en Colombia para 2026. En una paradoja con efectos globales, observamos que mientras las necesidades humanitarias de las comunidades afectadas por los conflictos armados aumentan, los recursos para su atención disminuyen.
El panorama humanitario es ciertamente desafiante y los motivos para el optimismo son limitados. Sin embargo, las consecuencias humanitarias de los conflictos no son inevitables. Dependen de decisiones concretas de las partes en conflicto, no solo durante la conducción de las hostilidades. El respeto por las obligaciones del derecho internacional humanitario (DIH) es fundamental para preservar la humanidad en medio de la guerra.
El DIH no es un ente abstracto que pueda ser reducido a discursos vacíos, sino un marco que debería guiar las operaciones diarias de todas las partes en conflicto, estatales y no estatales, y debe ser aplicado por cada uno de sus integrantes sin importar su rango.
Quiero cerrar con un mensaje claro: Colombia no está condenada a sufrir indefinidamente las consecuencias de los conflictos armados. Aun en tiempos difíciles, es posible reducir ese sufrimiento. El respeto del DIH no solo ofrece un camino claro para lograrlo, sino que constituye una obligación urgente e ineludible.
Olivier Dubois
Jefe de la Delegación Regional del CICR en Bogotá