Por qué el mundo no puede normalizar la muerte de quienes ayudan
En el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, Kate Forbes, presidenta de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y Mirjana Spoljaric, presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja, hacen un llamado a redoblar los esfuerzos para proteger al personal humanitario y preservar el espacio para la acción humanitaria.
En el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, celebramos, como corresponde, la valentía de los trabajadores y voluntarios del sector. Ahora bien, en un momento en que las muertes entre el personal humanitario alcanzan niveles récord, honrar su valor y compromiso resulta insuficiente.
En lo que va del año, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha perdido a 12 colegas muertos en incidentes violentos mientras realizaban su labor. El año pasado, esa cifra llegó a 24.
No debemos permitir que se normalice atacar al personal humanitario. Hoy, existe un riesgo real de que el mundo acepte que estas personas sean atacadas, heridas o muertas como "parte de su trabajo" o como un aspecto inevitable de las crisis actuales.
La respuesta no puede ser pedir que nuestros colegas sean más valientes. La respuesta debe ser que puedan desempeñar su labor en condiciones seguras.
La realidad en el terreno
Todos los días, en alguna parte del mundo, un/a trabajador/a humanitario/a sale a trabajar sabiendo que podría no volver nunca más a su hogar: personal sanitario, conductores, ingenieros y voluntarios. Su valentía es extraordinaria, pero esa valentía no basta para detener balas o garantizar un acceso seguro.
Los riesgos también están volviéndose más difíciles de sobrellevar. En un entorno cada vez más polarizado, se cuestionan los hechos, la confianza es frágil y la información falsa se esparce rápidamente. Los dirigentes políticos, las figuras públicas, los medios de comunicación y las plataformas virtuales configuran el entorno en el cual se desarrolla la acción humanitaria.
Un discurso que deshumanice a los trabajadores humanitarios, que siembre sospecha respecto de la imparcialidad de la asistencia o erosione la confianza en los emblemas puede hacer que una labor de por sí peligrosa se vuelva aún peor. Las campañas de información dañina dirigidas deliberadamente contra el personal humanitario no suelen limitarse al ámbito virtual. Pueden tener consecuencias reales en cuanto al peligro y la hostilidad que viven nuestros equipos en el desempeño de sus actividades.
La protección requiere acción
La seguridad de nuestros colegas depende de que los Gobiernos y las partes en conflictos armados cumplan las obligaciones que les caben en virtud del derecho internacional humanitario. Es alentador que 122 Estados hayan firmado la Declaración para la Protección del Personal Humanitario, y tenemos la esperanza de que este compromiso renovado se traducirá en medidas concretas para fortalecer la seguridad y protección del personal humanitario.
Las expresiones de apoyo a los trabajadores del sector son importantes, pero las palabras deben estar respaldadas por decisiones de quienes tienen el poder y la influencia de hacer cumplir las normas, defender el espacio para la acción humanitaria y tomar decisiones que permitan al personal llegar a las personas que lo necesitan y luego volver a su hogar.
Proteger al personal humanitario no es un favor para nuestras organizaciones. Es una obligación y, por sobre todas las cosas, un apoyo vital para cada persona que algún día dependa de que una ambulancia llegue, que un/a voluntario/a no se vaya o que un/a trabajador/a pueda asistirla porque el mundo ha preservado el espacio para hacerlo en condiciones de seguridad.