Los últimos tres años de conflicto armado en Sudán reflejan una forma brutal de hacer la guerra, agravado por drones y armamento avanzado, que muestra un desprecio absoluto por la vida y la dignidad humanas.
La población civil de todo el país ha sufrido ataques incesantes. Millones de personas se han visto forzadas a huir de sus hogares y hay familiares separados. La violencia sexual se ha transformado en una epidemia a pesar de estar estrictamente prohibida por el derecho internacional humanitario. Los ataques generalizados a la infraestructura civil y a los servicios esenciales han dejado zonas enteras sin lo básico necesario para la supervivencia.
El personal humanitario se ha visto repetidamente atrapado en los enfrentamientos. En los últimos tres años, más de 20 trabajadores y voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja perdieron la vida mientras desempeñaban sus tareas vitales.
El mundo no puede seguir ignorando deliberadamente los horrores que sufre la población civil de Sudán. La guerra sin cuartel entra en su cuarto año consecutivo, y hago un llamamiento a las partes en conflicto y a todos aquellos con poder de influencia a que respeten y hagan respetar las leyes de la guerra. Cada día de inacción implica vidas que se pierden, sufrimiento agravado y un camino hacia la paz que se reduce.