Osetia del Sur: el CICR distribuye ropa de invierno en una escuela primaria

04-05-2009 Reportaje

Desde el conflicto de agosto de 2008, el CICR ha reforzado su presencia en Georgia y Osetia del Sur a fin de ayudar a las personas que siguen sufriendo las consecuencias del conflicto. A continuación, describimos una actividad de distribución de ropa de invierno en una escuela.

     

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Municipalidad de Dmenisi. Esperando junto al vehículo de la Cruz Roja durante una distribución de ropa y zapatos. 
         

Avanzando a los tumbos por un precario camino rural, el vehículo de la Cruz Roja llega hasta una escuela primaria que lleva el nombre de un poeta del siglo XIX de lengua osetia, Kosta Khetagurov.

" El mundo es mi templo.  

  El amor es mi ofrenda.  

  El universo es mi patria . "

Estas palabras de tolerancia y altruismo han de significar mucho para un pueblo que, durante siglos, no ha conocido más que conflictos.

En esta aldea de Dmenisi el invierno continúa, la escuela está apenas calefaccionada, y los niños tienen frío. El año pasado vivieron una guerra, y eso puede leerse en sus ojos. El recreo, fuera de la escuela, no parece muy animado: las niñas por un lado, los niños por otro, deambulan sin motivo aparente, juegan entre los desechos, sonándose la nariz en mangas demasiado largas, se ríen de pronto cuando chocan contra un compañero, luego miran, curiosos, cuando el vehículo de la Cruz Roja se detiene en la puerta de la escuela.

Los visitantes avanzan por un corredor dominado por un majestuoso retrato de Stalin, quien nació no muy lejos de allí. Junto a este retrato, hay fotos de combatientes osetios en acción durante la larga sucesión de conflictos que han marcado la historia del lugar.

Raissa, la directora de la escuela, ha reunido a los alumnos en un aula de la planta baja, alrededor de una gran estufa a leña. Estos niños necesitan un contacto con el mundo externo. Todos esperan ansiosamente la distribución de ropa de abrigo.

  Llevarse la mejor prenda  

     

Las cajas llenas de ropa de invierno se colocan en el fondo del aula. La directora y sus colegas, con sus chales sobres los hombros, supervisan la tarea, mientras los grupos de alumnos entran uno tras otro. Hay pocos niños, unos seis por clase. Forman fila para recibir los paquetes, pero después salen apresuradamente al hall y comienzan a mostrarse la ropa que han recibido. Allí comienzan las negociaciones, intercambian suéteres, zapatos, chaquetas, pantalones, por otros que les queden mejor o que sean de su color preferido. Se respira un ambiente festivo, y todos parecen satisfechos.

     
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Municipalidad de Dmenisi. Mujeres regresando a su hogar después de una distribución de ropa y zapatos realizada por el CICR. 
         

Paulatinamente, los maestros comienzan a sumarse a la alegría de los niños que comparan e intercambian la ropa recibida. " Mientras lo hagan en forma justa " , dice Raissa con una sonrisa, " dejemos que se sigan divirtiendo " . Tras este primer contacto entre la escuela de la aldea y el CICR, se realizará una distribución para los adultos, prestando particular atención a las personas más vulnerables, sobre todo los ancianos.

Luego, un hombre fornido, de uniforme, ingresa en la escuela. Es el administrador de distrito, que en su tiempo libre es artista conceptual. Detrás del uniforme, hay un hombre que persigue el sueño de, algún día, participar en una exhibición pacifista en Moscú.

" Con la guerra no se logra nada " , dice. " Lo único que cuenta en la vida es la libertad y la paz. "



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