Kenia: tras la destrucción de sus hogares, las familias desplazadas dependen de la ayuda humanitaria

14-01-2008 Reportaje

En Kenia, la violencia se ha cobrado centenares de víctimas fatales y ha obligado a unas 250.000 personas a huir de sus hogares, en la región del valle de Rift. Muchas de ellas se han refugiado en lugares públicos, donde sobreviven gracias a la distribución de socorros. Informe de Anne Mucheke, colaboradora del CICR.

     
©ICRC/Bernard Barrett / KE-E-00151 
   
Personas desplazadas hacen cola para recibir el desayuno en el campamento del predio de exposiciones de Nakuru. 
               
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Keziah Wanjiku espera con sus hijos, en el campamento para desplazados internos instalado en el predio de exposiciones de Nakuru. 
               
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Evans Nyagundi y su hijo en el campamento de la Iglesia Apostólica, en Molo. 
           

El sistema de altavoces anuncia, a todo volumen, el nombre de un niño perdido, a quien buscan sus padres. No lejos de allí, centenares de niños que forman una cola intercambian empujones y codazos, a la espera del desayuno: una taza de gachas de avena y algunas rebanadas de pan, distribuidas por un grupo de voluntarios. 

Estamos en el predio de exposiciones de Nakuru, un campamento improvisado donde más de 2.000 desplazados dependen de la caridad para comer y vestirse. Muchos se sienten avergonzados de tener que hacer cola para recibir su ración de alimentos mientras en sus granjas, las cosechas se echan a perder.

Keziah Wanjiku, de 35 años, alimenta a sus niños: una niña de tres años y un bebé de seis meses. " Llegué el viernes. Tuvimos que huir porque unos hombres quemaron nuestra casa y robaron todo lo que teníamos. Sólo pude salvar a los niños, y vine aquí en busca de ayuda " . 

Keziah es una de las miles de personas desplazadas del valle de Rift a raíz de la violencia que se desató después de las elecciones. Vinieron en camiones hasta el predio de exposiciones, tras haber perdido sus hogares y, en algunos casos, a sus seres queridos.

  Nacimientos en el predio de exposiciones  

     

Fuera del predio, un equipo de voluntarios de la Cruz Roja de Kenia revisa la ropa donada a las personas desplazadas, en busca de prendas para bebés recién nacidos; en los últimos dos días, hubo cuatro nacimientos.

Hay suficientes alimentos para las víctimas, dad o que el campamento está cerca del centro de la ciudad. Para complementar la ayuda de la Cruz Roja, las empresas locales donan alimentos y prendas de vestir; un supermercado dona pan. La situación es dinámica, dado que hay personas que dejan el campamento para irse a vivir con familiares en la ciudad. Pero, los camiones traen nuevos refugiados todos los días.

En Molo, a unos 70 kilómetros de distancia, 400 familias acampan en un complejo industrial, a la espera de las distribuciones de alimentos.

Mary Nyambura cocina coles para el almuerzo, mientras desbroza el arroz. Junto a ella, su hija espera. Al igual que otros, ella tenía un hogar, pero debió huir a causa de la incesante violencia.

" Vinimos aquí porque, después de votar, por la noche comenzaron a incendiar nuestras casas " , dice Mary. " Dormimos a la intemperie y, el lunes por la mañana, vinimos aquí. No nos llevamos nada, salvo a los niños. Cuando llegamos, nos dieron la bienvenida y nos dijeron que nos quedásemos hasta que volviera la paz " .

  Víctimas de una disputa por la tierra  

     

No lejos de allí, otro grupo de desplazados se instaló en los terrenos de una iglesia. Sin embargo, muchas de estas personas llegaron aquí tiempo antes de las elecciones, ya que se vieron obligadas a huir de sus hogares a raíz de una disputa por la tierra.

" Dejamos Keringet y estamos aquí desde principios de diciembre. Vine con mis familiares: mi padre, mi madre y mis hijos. Cuando comenzó la violencia, no estábamos preparados; empezó de golpe. Comenzaron a perseguirnos, golpeando a la gente y saqueando sus bienes. No tuve tiempo para recoger ninguna de mis pertenencias " , dice Evans Nyagundi, de 30 años.

Evan s tiene ante sí un futuro incierto, y no sabe si algún día volverá al sitio que solía ser su hogar.

" Ahora, pido al Gobierno que nos ayude, porque carecemos de medios y no sabemos cómo haremos para seguir viviendo. No sé cómo podré regresar al lugar donde trabajaba, ni si podré continuar haciendo el trabajo que hacía " , dice Evans.

Hoy, el CICR se ocupa de construir baños e instalar cisternas flexibles y grifos de abastecimiento para facilitar el acceso al agua. La Institución también colabora con la Cruz Roja de Kenia en la distribución de alimentos y de artículos domésticos esenciales entre las personas necesitadas, en toda la región.

Los equipos de búsqueda del CICR prestan apoyo a la Cruz Roja de Kenia en las zonas de Nakuru y Molo, a fin de ayudar a restablecer el contacto entre familiares separados por los acontecimientos. Sobre todo, se procura reunir a los niños con sus familiares, ya que los menores se cuentan entre los grupos más vulnerables.