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"Testimonios sobre la guerra": la etapa sudafricana

31-03-1999

Durante casi tres decenios Sudáfrica estuvo atrapada en la creciente espiral de la violencia, cuando la mayoría no blanca del país opuso resistencia a los legados del Dr. DF Malan, fundador del Estado del apartheid. Se trataba de un contexto claro y simple, que a mediados del decenio de 1980 llegó a lo sumo, cuando el Estado emprendió una política que se denominaba como " arremetida total " contra sus enemigos. Pero las lentas y débiles reformas políticas que acompañaban la agresiva política militar no pudieron contener la marea de protestas y, en julio de 1994, después de decenios de amargas luchas, el país pasó a ser gobernado por la mayoría.

Entonces, se sintió un alivio general, si no regocijo, por la desaparición del Estado del apartheid. Nadie pensó que la reconstrucción de una nación deliberadamente dividida fuera fácil, pero pocos pensaron que el legado de violencia sería tan persistente. Durante todo el período de transición, muchos suburbios negros se convirtieron en explosivas líneas de frente, donde, casi todos los días, grupos bien definidos combatían uno contra otro, causando ingentes sufrimientos. A quien haya tocado vivir esos años de furia, el futuro le parecía, a la vez, una forma de alivio ( " esto mejorará) y un riesgo (¿cómo van resolver el legado de violencia?). Más específicamente, los sudafricanos consideraban con preocupación a cierto sector de la juventud que sólo había conocido la violencia social, los llamaban la " generación perdida " y la batalla por el futuro parecía ser una batalla para los corazones y las mentes de esta juventud perdida, que, a su vez, daba signos de adaptar la cultura de la violencia a nuevos propósitos.

Por supuesto, la violencia en Sudáfr ica nunca había sido sólo " política " en sí: de la legendaria " pandilla de los años cincuenta " a la llamada " guerra de taxis " de la década de 1980 y después, la sociedad sudafricana se vioafectada -especialmente en zonas de residentes no blancos- mucho tiempo por la violencia, que, a pesar de haber sido potenciada por la inherente iniquidad de la sociedad del apartheid, no era,strictamente hablando, política. Sin embargo, después del regocijo, la violencia volvió a surgir como una de las principales e ingratas preocupaciones del país. En todo el país, sea en los destartalados suburbios rurales negros, sea en el corazón de las grandes ciudades, la expresión " crimen " venía a la mente de casi todos los consultados mediante el proyecto Testimonios sobre la guerra. El " crimen " considerado como la labor de una juventud desilusionada o destruida y, por lo tanto, algo más que el mero " crimen " . Si la consulta en Sudáfrica intentó considerar el pasado ético, los que hablaron tenían sus pensamientos puestos definitivamente en el porvenir.

Testimonios sobre la guerra intenta abordar los valorar éticos que determinaron el comportamiento tanto durante la lucha contra el apartheid (en que el uso de la violencia en ambos lados estaba guiada por ideologías), como durante la época de transición, en que todos sabían que se había dado fin al apartheid, pero que nadie sabía realmente qué lo reemplazaría. Llámese violencia " de los negros contra los negros " o las siniestras actividades de una omnipresente " tercera fuerza " , unos diez años de violencia creciente causaron un daño inmenso a la psiquis sudafricana. Y en la consulta, la pregunta era: ¿ya no son lo que eran los valores éticos?

Así pues, los grupos de defensa comunitarios de los distritos electorales del Congreso Nacional Africano (CNA) y del Inkatha sesionaron en grupos representativos en East Rand -uno en una casa inacabada, otro en una gasolinera- y ambos expresa ron un sentimiento similar " tomábamos prisioneros, hablábamos con ellos y si daban respuestas acertadas les perdonábamos la vida, si no, los matábamos " . En Ciudad del Cabo, un grupo de ex soldados se reunieron para hablar acerca de sus experiencias; por lo que respecta a la violencia en los suburbios negros uno dijo " no importa cuánto entrenamiento hayas recibido, porque no te prepara para este tipo de conflicto " . En Kwazulo-Natal, seis viudas rememoraron el horror reciente: " si desaparecían parientes, perdías la esperanza, porque ya estarían muertos hasta que los encontraras " . En el hospital Chris Hani Baragwanath de Soweto, empleados sanitarios negros y blancos hablaron de la vida diaria en el reino de la violencia; una mujer médico recordó con horror los inmensos montones de carpetas de escolares en el piso hospital, tras un día de escaramuzas y de represión. Más al sur, en compañía de pingüinos, focas y algunos antílopes que paseaban ocasionalmente, se reunió un grupo de antiguos jefes Umkhonto we Sizwe en la recientemente rehabilitada Isla Robben (donde muchos de ellos habían pasado años de encarcelamiento), a fin de aclarar sus conceptos interiores: " logísticamente, no disponíamos de medios para respetar los Protocolos -los Convenios de Ginebra- de la misma manera que el Gobierno del apartheid " ; mientras que en el extraño vacío ventoso del ex Distrito Six, en el centro de Mannenberg (las llamadas " tierras malas " de Ciudad del Cabo), la comunidad negra de Sudáfrica recordó la violencia de los desplazamientos forzados y, más tarde, sus persistentes efectos en los niños: " las personas dependen de reacciones animales cuando se trata de matar... " .

Así pues, dilemas, retos, experiencias, dolor y remordimientos, pero también el ocasional pilar de la fuerza (la expresión más común de un relativo aspecto positivo era la fe redentora que muchos tenían en la fuerza de su comunidad); en pocas palabras, todas las ambigüedades morales de la viol encia fueron reunidas y registradas para ser una parte de la creciente cantidad de datos humanos que es el meollo del proyecto del CICR Testimonios sobre la guerra.

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  Comité Internacional de la Cruz Roja  

  Unidad "Campaña"  

  Ref. LG 1999-024-SPA