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Angola: Sin recibir noticias durante diez años

22-08-2002 Comunicado de prensa 02/34

Con los ojos llenos de lágrimas, solo en medio del gentío, Feliciano sostiene con mano temblorosa un pedazo de papel, donde hay unas frases escritas con una buena caligrafía. En medio de la confusión que reina, como todos los viernes por la tarde, en el estacionamiento de coches cercano a la plaza de la Independencia en Luanda, un hombre ha dado con el paradero de su hijo, al que creía muerto, desaparecido desde hacía diez años.

Lo vio por última vez en 1992, en la provincia de Moxico. Los combates, el pánico de la población, el fragor de las armas, la confusión que conlleva cada operación militar dan lugar a la separación de familiares. Algunas familias vuelven a encontrarse en seguida, en casa de amigos, o en un pueblo vecino. También en la casa, cuando es posible regresar a ésta. Pero, con frecuencia, como ocurre en Angola, los desplazamientos de población obligan a las personas a caminar cientos, incluso miles de kilómetros. Las separaciones de familiares se prolongan. Y, a menudo, tras la esperanza viene la resignación, porque los miembros de las familias separadas no saben cómo restablecer el contacto entre ellos. Feliciano ya no creía en ello.

Sin embargo, Feliciano otra vez abriga la esperanza de volver a ver a su hijo, que está sano y salvo, en un campamento de refugiados en Zambia. Se lo confirma ese pedazo de papel, que es un mensaje de Cruz Roja. Reconoce la firma. Va a escribir una respuesta, pero " mas tarde " , dice, pues, por el momento, la emoción lo embarga y debe apresurarse para anunciar a su mujer que su hijo está vivo. Una gran sonrisa se dibuja en su rostro y vuelve a agradecer al CICR. Detrás de él, hay cientos de personas que esperan su turno.

Cada semana, se intercambian más de mil mensajes de Cruz Roja entre miembros de familias separadas en Angola y en los países vecinos. Estos mensajes son sinónimo de esperanza y, para algunos, de reencuentro.