Alimentos y semillas traen sonrisas a los niños de Sudán del Sur

El CICR presta asistencia a miles de personas desplazadas en Rokon, en Ecuatoria Central

  • Cecilia Tabu (12 años de edad) espera la distribución, bajo un árbol. "Habitualmente, nuestro único alimento son hojas que cocinamos con agua y sal. No tenemos nada, así que hoy estamos contentos. Por fin podremos comer algo diferente", explica Vajda, su madre.
    CC BY-NC-ND / CICR / Mari Aftret Mortvedt
  • El CICR distribuyó semillas, herramientas y alimentos para unas 13.000 personas en Rokon, Ecuatoria Central. Tras la afluencia de desplazados internos, la zona experimentó un aumento de la tensión y la presión sobre las comunidades anfitrionas.
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  • El CICR distribuye diferentes tipos de semillas, como cacahuetes, col rizada, quingombó, cebolla, amaranto y calabaza.
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  • "Vinimos aquí hace dos semanas y registramos todos los hogares. Hoy, llamamos a las personas por su nombre y apellido y ellos tienen que indicar el nombre de sus padres. Lo hacemos para verificar su identidad ", explica Lucky Anthony, un voluntario de la Cruz Roja de Sudán del Sur.
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  • "Los pobladores no tienen nada, por lo que esta distribución será de gran ayuda. Algunas personas están muriendo de hambre, pero creo que estaremos bien ahora que tenemos semillas y herramientas. La lluvia también está llegando, así que podremos levantar la cosecha dentro de tres meses ", explica Ester, mientras cuida a su hija Christin.
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  • El CICR distribuye raciones tanto para los desplazados internos como para las comunidades anfitrionas. Cada hogar recibe una ración para cada uno y están organizados en grupos de veinte personas para compartir una cantidad determinada de ayuda.
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  • "Cuando hayamos cultivado estas cosechas, ¡vuelvan! Merecen reconocimiento y queremos cocinar para ustedes para darles las gracias", dice Mary (40 años de edad) con su hijo Angelo (7 meses de edad).
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  • Cecilia (12 años de edad) es la hija del medio de cinco hermanos. Habitualmente, va a la escuela en Rokon, pero hoy es un día de fiesta local debido a la distribución. Ahora, ella y su madre Vajda están finalmente en fila para obtener semillas, herramientas y alimentos.
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  • Se necesita mucha preparación para que la distribución sea segura y justa. Un voluntario de la Cruz Roja de Sudán del Sur explica cómo deben compartir los beneficiarios, para que cada uno reciba una parte justa y evitar malos entendidos.
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  • Hace un año, Cecilia tuvo que huir de su pueblo natal junto con su madre y sus cuatro hermanos. Su padre fue asesinado mientras recibía alimentos para la familia y, después de esto, su madre decidió que su casa ya no era segura. Cosas simples, como una azada para cultivar, ayudarán a su familia a ponerse de pie.
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  • "Nuestra vida va a cambiar, ahora que se distribuyen estos artículos. Pasará de ser una mala vida a una buena vida. Finalmente, podremos dejar de comer hojas, que provocaron diarrea y enfermaron a los niños", dice la madre de Oliver Layo (12 años de edad) y de su hermano Manuel (3 años de edad).
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  • "En mi pueblo natal, hay rebeldes en el monte y la situación no es buena. Extraño mi tierra natal y espero poder regresar cuando termine la crisis. Mis dos hijas siguen ahí y estoy preocupado por ellas. Tienen siete y diez años de edad. Es difícil contactarlas, porque carecemos de electricidad y a veces, incluso, de red telefónica. Trato de enviar alimentos tan a menudo como puedo", explica Charles.
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  • "Me operaron de hernia y, cuando sobreviví, encontré esta gorra y sentí que la merecía. Tengo siete hijos y todos se pusieron muy contentos cuando sobreviví. La herida todavía me duele cuando cultivo, pero espero que esta distribución nos ayude", explica Henry (42 años de edad).
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  • "Antes de la crisis, la vida era buena. No teníamos hambre. Ahora, con la sequía, perdimos todas nuestras semillas porque perdimos las cosechas", explica Jennifer. Durante el segundo día de distribución, ella fue la primera de la fila y recibió ayuda para su hija Alice y sus otros hijos.
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17 julio 2017

"Ya no soy una mujer feliz. Me temo que nunca volveré a ser feliz, ya que la vida es una lucha constante", se lamenta Vajda, una madre sola con cinco hijos.

Hace un año, Vajda tuvo que huir de su pueblo natal en Sudán del Sur con cinco niños pequeños. Su marido había sido asesinado mientras recibía alimentos para la familia, lo que motivó que Vajda se fuera.

Su muerte fue una de miles en el país, desde que estalló la violencia a finales de 2013. Los enfrentamientos obligaron a cientos de miles de personas en todo el país a abandonar sus hogares; una fuga hacia la seguridad que provocó profundas necesidades alimentarias.

"En mi pueblo, la vida solía ser buena", dijo ella. Pero ahora, "el conflicto ha afectado toda mi vida. Mi marido era un hombre bondadoso. Siempre estaba trabajando y ayudándonos. Actualmente, todo depende de mí."

Vajda hablaba sentada en el suelo, esperando semillas, herramientas y alimentos que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) está distribuyendo para 13.000 personas en Rokon, en Ecuatoria Central.

Miles de personas se vieron obligadas a huir de sus tierras y abandonar sus pertenencias en Ecuatoria, lo que les impidió cultivar las tierras fértiles de la región.

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