Conflicto de las Islas Falkland/Malvinas: "considerábamos que visitar las tumbas de los soldados caídos ayudaría a los familiares en su proceso de duelo"

02 abril 2007

En 1991, unos años después de terminado el conflicto del Atlántico Sur, familiares de soldados argentinos caídos en combate viajaron por primera vez las Islas Falkland / Malvinas, bajo los auspicios del CICR, para visitar el cementerio militar de Darwin. Edmond Corthésy, delegado del CICR que participó en la operación, explica por qué la institución apoyó esa iniciativa.

¿Por qué el CICR decide facilitar esta visita de los familiares?

Los familiares tuvieron la iniciativa y sugirieron que el CICR facilitara las acciones; nosotros instábamos a las partes para que se realizara la visita a fin de ayudar a los familiares en su proceso de duelo; era una cuestión humanitaria.

Supervisé personalmente esta operación porque estaba cumpliendo con mi función de Delegado General Adjunto para América Latina. La operación exigió una preparación de varios meses para lograr el acuerdo entre las Partes sobre el modo de realizarla. En esta oportunidad, el CICR actuó una vez más como intermediario neutral.

Finalmente, más de 300 personas llegaron al Aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, alrededor a las 3 de la mañana, para viajar en el Jumbo 747 de Aerolíneas Argentinas que el Gobierno argentino había alquilado. La salida estaba programada para las 5 de la mañana, pero tuvimos algunos retrasos. Había neblina y humedad, lo que no permitía que los autoadhesivos con el emblema de la cruz roja se pegaran en el avión, a modo de señalización. No era un hecho menor que el transporte estuviera identificado, porque el vuelo se hacía bajo la responsabilidad del CICR.

Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Port Stanley / Puerto Argentino, los ingleses habían dispuesto unos helicópteros con los que nos llevaron al otro lado de la Isla, a Darwin. El viento era de unos 100 kilómetros por hora y no se podía caminar, per o allí estaban las tumbas con los nombres de cada uno de los combatientes caídos, aunque también había muchas sin identificar, por supuesto. Entre nosotros había tres psicólogos preparados para ayudar a los familiares a pasar esta importante prueba, que emocionalmente era muy fuerte.

A pesar de que las tratativas para realizar esta visita se habían iniciado mucho tiempo antes, fue posible recién casi diez años después de finalizado. Pero quiero resaltar que, cuando llegó el momento, fue muy emocionante e importante y, por los comentarios y el agradecimiento de los familiares cuando volvíamos de las islas, fue, en cierto sentido, reconfortante.

Desde el punto de vista del CICR, como facilitador de la visita, la operación fue muy positiva, porque se desarrolló según lo acordado con las autoridades de ambos países y, sobre todo, en un ambiente de dignidad y respeto, gracias a la preparación previa de las partes involucradas.